La seguridad en los barrios privados de Córdoba enfrenta un gran desafío debido al incremento de robos con modalidades “inteligentes”. Según las víctimas, consiste en un detallado trabajo de inteligencia previo realizado por delincuentes para vulnerar los perímetros más custodiados. Se disfrazan de empleados para poder ingresar.
Cómo es la nueva modalidad de robo en barrios privados
El modus operandi se basa en la suplantación de identidad de trabajadores de empresas de servicios públicos. Los delincuentes se presentan en los ingresos de los barrios cerrados simulando ser empleados de entidades como EPEC, Ecogas o Aguas Cordobesas.
Para lograr el acceso sin levantar sospechas, recurren a la falsificación de documentos oficiales. Según advirtió un especialista en seguridad, en la actualidad resulta sumamente sencillo para estas bandas clonar una orden judicial o un aviso de corte de servicio. De esta manera, logran que el personal de guardia les franquee el paso basándose en documentación que parece legítima a simple vista.
Uno de los puntos más críticos de esta problemática es la limitación que enfrentan las empresas de seguridad física. Por normativa, los guardias no pueden impedir el ingreso de proveedores de servicios esenciales cuando estos alegan realizar tareas de interrupción del suministro, ya sea por mora o mantenimiento.
Además, existen dos factores operativos que agravan la situación: no es obligatorio informar al residente sobre la presencia de los operarios cuando el motivo del ingreso es un corte de servicio; y las empresas de vigilancia suelen carecer de la dotación necesaria para escoltar a los supuestos operarios durante todo su recorrido dentro del predio.
El “talón de Aquiles” de los barrios privados
Los delincuentes dedicados a esta modalidad no actúan al azar, sino que estudian los movimientos y los puntos débiles de cada sistema de seguridad. Al detectar estas falencias operativas, aprovechan la oportunidad para perpetrar los robos sin necesidad de utilizar la violencia en los ingresos principales.
Ante este escenario, la prevención requiere una revisión exhaustiva de los protocolos de validación de identidad. La “inseguridad inteligente” demuestra que la barrera física ya no es suficiente si los procesos de control no logran distinguir entre una urgencia prestacional y un engaño planificado.





































