Por Gabriela Martín.
"Las enfermedades nacen de conflictos biológicos propios de todos los seres vivos. Con la diferencia de que el humano puede simbolizar, soñar, imaginar, fantasear un conflicto o, mejor dicho, la mayoría de sus conflictos son respuestas emocionales (no los propios de tener que sobrevivir en la selva)". Esta es una de las respuestas que Violeta Vázquez, autora del libro Basta de repetir la historia familiar, brinda a la pregunta ¿por qué nos enfermamos? Ella aclara además, que el cerebro no distingue entre real y virtual, entre lo que es y lo que pienso o imagino que es y genera enfermedades como una solución adaptativa de supervivencia.
Mirá también: Hay casi 50 millones de personas con demencia en el mundo
Cada órgano y cada patología tienen su biodecodificación específica; por eso, la enfermedad se va a desarrollar dependiendo de cómo lo viva la persona, de cuán importante sea la masa conflictiva, en qué fase del conflicto esté y qué significa para ella tal enfermedad.
"¿Cómo actúan las capas embrionarias? Si tengo un conflicto que afecta a un órgano que tiene que ver con la supervivencia, pertenece al tronco cerebral (endodermo) y hace masa en fase activa del conflicto y hace úlcera (agujero) en fase reparatoria. Si tengo un tumor activo en el estómago, estoy en fase activa del conflicto: hay en el presente en mi vida un 'bocado' imposible de digerir normalmente. Ese bocado puede ser una mala noticia, una pérdida, una estafa, entre otras", explica Vázquez.
Mirá también: Meditar en el trabajo, una práctica simple y eficaz
Y agrega: " Se originó como toda enfermedad en un shock, un momento en el que no se pudo procesar lo vivido ni ponerlo en palabras. El cerebro trató de encontrar la solución perfecta: hacer una masa de mayor capacidad de digestión en el estómago. El cerebro no comprende que no hay bocado real, que es simbólico".
Por supuesto que no todas las personas que tengan conflictos (que se tienen siempre) van a provocar enfermedades. "Depende de cuán honestos seamos con nosotros y, por supuesto, de las huellas que dejaron nuestros antepasados. Hay familias más ligadas a un tipo de conflicto que otras. Claro que influye el valor que le damos a las cosas", aclara.
Y continúa: “Si siento que mis hijos, mi casa y mi trabajo son míos, mi territorio, estoy más expuesta a sufrir un conflicto de pérdida de territorio cuando alguna de estas estructuras se desvanezca. En cambio, si creo que las cosas pasan por algo y me entrego con confianza al destino, siento la oportunidad que trae la crisis, voy a tener una vivencia psíquica y por lo tanto corporal distinta. Por supuesto, para decodificar necesitamos diagnósticos médicos claros”.
Mirá también: Qué mensajes esconden las diferentes miradas
El trabajo interdisciplinario y no excluyente con el sistema médico es sumamente importante y esencial. Un decodificador no es un médico ni reemplaza su labor, pero se sana quien le da permiso a su cuerpo para autosanarse. Quien se mira a sí mismo, habla con su cuerpo, se pregunta, busca las causas de las causas y se anima a mirar desde los lentes de otros paradigmas.
"La enfermedad sirve, la curación se da sola. Y le llamo curación a la posibilidad de comprender, ver, analizar, distinguir, ver conflictos viejos y nuevos, desencadenantes y estructurantes, hacer consciente lo inconsciente. No pedirle a la biología que haga lo que nosotros no hacemos desde la conciencia", cierra Vázquez.

Quién es
Violeta Vázquez es directora de la Escuela de formación profesional en Puericultura y Familia PanzayCrianza; sintetizadora y formadora del método Biodecodificación Rizoma. Es autora de Dar la Teta, Basta de repetir la historia familiar, Ser un Salto en el Vacío -Manual de Biodecodificación Rizoma y Leona.































