La vida de Richard Tavares sin dudas ha dado vueltas por todos lados, pero si hay algo en lo que siempre termina teniendo un vínculo es con Diego Maradona. El uruguayo que llegó a jugar en una de las épocas más duras de Boca Juniors, se hizo amigo del astro mundial y su vínculo perdura hasta el día de hoy a pesar de la muerte del Diez.
La historia de Tavares combina el esfuerzo de quien debió forjarse en clubes del ascenso argentino, el desafío de vestir la camiseta de Boca y la experiencia internacional en el fútbol mexicano, donde profundizó su amistad con Maradona y la familia Villafañe. Nacido en Salto, Uruguay, y formado en Montevideo Wanderers, el defensor inició su carrera profesional en All Boys antes de consolidarse como marcador central en Racing de Córdoba y luego destacarse en Sportivo Italiano, lo que le abrió la puerta a los grandes del fútbol argentino. Su elección por Boca fue un acto de convicción y amor por los colores, buscando no solo un paso por la Primera sino también la oportunidad de dar el salto al exterior.
El recorrido de Tavares en la Ribera no estuvo exento de obstáculos: debió pelear un lugar en un plantel exigente y atravesar la conducción de técnicos con diferentes miradas, como Roberto Saporiti, quien lo mantuvo sin jugar durante varios meses. Aun así, el uruguayo debutó en 1987 y se ganó el cariño del público por su entrega. Enfrentar a River, el clásico rival, fue un escenario donde Tavares nunca conoció la derrota, un mérito que pocos pueden ostentar en la historia del club.

Una carrera marcada por el esfuerzo y la amistad con Maradona
Tras casi 90 partidos y tres goles en Boca, en 1989 Tavares emigró a México, donde construyó una carrera sólida durante una década en Monterrey, Puebla, Tamaulipas y Veracruz. El fútbol mexicano no solo le brindó estabilidad profesional, sino también vínculos personales profundos. En ese país, su familia se expandió y la relación con la familia Villafañe lo acercó aún más a Maradona, a quien acompañó en momentos difíciles. Tavares ha contado que estuvo a su lado durante episodios críticos en la vida del Diez, lo que consolidó una amistad más allá de la cancha.
A pesar de un regreso pasajero a la Argentina para jugar en Chaco For Ever y Quilmes, las diferencias económicas y laborales hicieron que Tavares eligiera México como base hasta el final de su carrera, que concluyó a los 36 años tras una lesión en el tendón de Aquiles. El fútbol, además, fue siempre un asunto familiar y su vínculo con el deporte trascendió lo estrictamente profesional.

Del fútbol a la agencia de quinielas: una vida sencilla en La Paternal
Ya lejos del césped y los focos de los estadios, Richard Tavares encontró en Buenos Aires un nuevo espacio para reinventarse. Instalado en el barrio de La Paternal, administra una agencia de quiniela durante las mañanas y por las tardes atiende una casa de repuestos automovilísticos en la zona de Warnes. Aunque se recibió de director técnico, la pasión por el fútbol competitivo fue reemplazada por la tranquilidad de una vida común, lejos de las presiones y la exposición.
Tavares disfruta del anonimato y de una rutina sencilla, caminando por la ciudad como un vecino más y manteniendo la humildad que lo caracterizó en toda su carrera. Su testimonio es una muestra de resiliencia y adaptación, y de cómo el fútbol puede abrir puertas, pero también enseñar a buscar nuevos caminos cuando la pelota deja de rodar.


































