La Mona Jiménez en Cosquín: a 38 años de la “noche oscura” que cambió el cuarteto para siempre

El 27 de enero de 1988, el Festival de Cosquín vivió su jornada más caótica con más de 100.000 personas copando la ciudad.

La Mona Jiménez en Cosquín: a 38 años de la “noche oscura” que cambió el cuarteto para siempre
A 38 años de la primera presentación de La Mona Jiménez en Cosquín. (Archivo / La Voz)

El 27 de enero de 1988, el Festival de Cosquín vivió su jornada más caótica y emblemática. Lo que debió ser la consagración de Carlos “La Mona” Jiménez en el escenario Atahualpa Yupanqui terminó en un desborde masivo, heridos y una proscripción de décadas que, paradójicamente, catapultó al ídolo a la leyenda nacional.

El colapso de la Plaza Próspero Molina

La expectativa por la llegada de Jiménez a la “capital del folklore” era inédita. Aunque el cuarteto había tenido un antecedente exitoso en 1987 con el Cuarteto Leo, la figura de La Mona representaba un fenómeno de masas incontrolable para la infraestructura de la época.

A 38 años de la primera presentación de La Mona Jiménez en Cosquín. (Archivo / La Voz)
A 38 años de la primera presentación de La Mona Jiménez en Cosquín. (Archivo / La Voz)

Aquel miércoles, la ciudad de Cosquín se vio desbordada. Con temperaturas que superaron los 41°C, se estima que alrededor de 100.000 personas colmaron las calles y alrededores. La Plaza Próspero Molina, con una capacidad real para poco más de 10.000 espectadores, se vio desbordada tras la sobreventa de entradas y la presión de una multitud que logró vencer los controles de ingreso.

El show comenzó alrededor de las 23.40, pero el fervor se transformó rápidamente en zozobra. Ante las avalanchas y el riesgo de los asistentes en las primeras filas, el propio cantante se vio obligado a detener su actuación. Solo pudo interpretar cuatro canciones: “Agujita de oro”, “¿Quién se ha tomado todo el vino?”, “Mi gallo es bien gallito” y “Nuestro estilo cordobés”.

“La mugre más grande”: el peso del prejuicio

Más allá del caos organizativo, el episodio desnudó una profunda tensión social y cultural. Para los sectores más tradicionales, la llegada del cuarteto a Cosquín era vista como una amenaza a la “pureza” del folklore. Jiménez recordó años después el desprecio que sentía por parte de las autoridades del festival: “Cosquín es de Córdoba y nunca invitaron a un cuartetero a tocar... Era como si fuéramos la mugre más grande”.

Los medios de comunicación de la época bautizaron la jornada como “la noche negra”, un término que hoy es cuestionado por su carga estigmatizante hacia el género y su público. La organización del festival responsabilizó directamente al artista por los disturbios, lo que derivó en una proscripción que lo mantuvo alejado del escenario mayor durante 24 años.

A 38 años de la primera presentación de La Mona Jiménez en Cosquín. (Archivo / La Voz)
A 38 años de la primera presentación de La Mona Jiménez en Cosquín. (Archivo / La Voz)

En medio del desorden y con lágrimas en los ojos, intentó calmar a sus seguidores antes de ser escoltado por la policía fuera del recinto. Sus palabras de aquella noche reflejaron la angustia de ver truncado su sueño de redención cultural: “Ahora nos vamos todos tranquilos a Córdoba, porque tenemos que demostrar que no somos indios”, les dijo a sus fans, agradeciendo también “a los que se portaron mal, por quererme tanto”. Días antes del evento, el cantante ya presentía la magnitud de lo que se avecinaba. Tras el escándalo, su visión sobre el impacto del hecho fue clara: “Fue una demostración de que Córdoba era cuarteto”.

De la proscripción a la redención histórica

El veto a La Mona terminó recién en 2012, cuando regresó para un show reparador que inició a las tres de la mañana y duró casi dos horas. Al finalizar esa presentación, Jiménez dejó una frase que resumió su largo exilio: “Fuimos echados como perros de Cosquín, pero esta igual no es una revancha. Vinimos a terminar lo que quedó pendiente en el ‘88”. Años más tarde, en 2020, el festival sumó una décima luna de manera exclusiva para el cuartetero, que le dio el broche de oro al aniversario 60 de la festividad.

Hoy, a 38 años de aquel 27 de enero, el legado de esa noche es indiscutible. Lo que comenzó como un evento accidentado y violento terminó por nacionalizar el cuarteto. Como el propio artista reconoció tiempo después, aquel caos logró que “los diarios de Buenos Aires y todos los porteños empezaron a considerar que el cuarteto es una realidad”. Aquella “noche negra” fue, en realidad, el día en que La Mona Jiménez dejó de ser un fenómeno regional para transformarse en un símbolo indiscutido de la cultura popular argentina.