El campo atraviesa una de las peores sequías de su historia, afectando tanto la cosecha de soja como la siembra de los cultivos de invierno como es el caso del trigo. En ese sentido, un informe alertó sobre las condiciones del suelo, donde podrán en jaque la producción que se terminará de cosechar para la temporada de altas temperaturas.
El documento publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario alertó sobre la necesidad financiera de los productores que se verá atravesada por las malas condiciones en las que se encuentra el suelo, a pesar de una regularización de las lluvias. Justamente, señalan que es un escenario tan seco como en 2009 y sostienen que se van reduciendo las áreas trigueras en la zona de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires.
“Por la necesidad financiera que tiene el sector productor, 2023 debería ser el gran año del trigo. Si las lluvias de abril hubiesen acompañado al productor con los niveles estadísticos medios, esta primera estimación de trigo posiblemente hubiese reflejado una intención de siembra de más de 7 millones de hectáreas”, remarcó el informe.
Pero, alertó: “Tras la extrema falta de agua en los perfiles de suelo que dejó la campaña gruesa 2022/23 y las escasas lluvias registradas en abril de 2023, precipitaciones inclusive muy por debajo de abril de 2022, el potencial de concretar las intenciones de siembra en gran parte de la región pampeana está limitado”.
De acuerdo a los gráficos que compartieron desde la entidad rosarina, la humedad en el suelo es muy baja en la zona de la Pampa Húmeda como son Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, una de las principales provincias productoras de trigo. En tanto, Entre Ríos, tiene valores más normales.
“En el 2023, la provincia triguera por excelencia, Buenos Aires, arranca mayo con la mitad del territorio en la categoría muy seco. Esto significa que los perfiles de los suelos (teniendo en cuenta el primer metro y la ocupación de una pradera permanente) están en las condiciones más secas de los últimos 30 años. La diferencia más notable, sin embargo, es en dónde están las condiciones más secas del territorio bonaerense”, explican desde Rosario.
Mientras tanto, la soja sigue en caída libre después de una de las cosechas más bajas de la historia, quedando muy detrás de años como el 2009 o 2018. Hoy en día, la estimación de la producción es de poco más de 21 millones de toneladas, con una diferencia de 1,5 Mt en la producción de abril a mayo.
En ese sentido, habrá un 56% menos de soja de lo que se esperaba producir a principios de la campaña. Algo que se ve traducido en la caída de la recaudación del “dólar soja” que lanzó el Gobierno en marzo para fortalecer las reservas del Banco Central.
“Los ajustes negativos siguen efectuándose a medida que avanzan las cosechadoras. Los mayores ajustes son para La Pampa, que cae 3,6 qq/ha en los últimos 30 días. Las inéditas heladas de febrero, la falta de agua y el calor se van manifestando en la trilla de la soja de primera. Buenos Aires y Córdoba siguen en la lista de recortes productivos. El descuento en el rinde provincial para ambas es de 1,2 qq/ha”, señaló el informe.
Mientras tanto, el maíz es otra de las grandes dudas de lo que puede pasar este año. “Con un 32% de avance en la cosecha, la trilla del maíz tardío, la incógnita que falta despejar para saber el volumen final de la cosecha está todavía muy lejos”, señalan.
“Por lo pronto, no se han realizado cambios en los guarismos de abril por lo que se sigue estimando una cosecha maicera de 32 Mt, 40% menos de lo que se esperaba producir a principios de la campaña”, explica el documento.