El tiempo vuela, pero hay hitos que quedan grabados a fuego en la memoria popular. Este 26 de enero, Natalia Pastorutti utilizó sus redes sociales para conmemorar un aniversario muy especial: los 30 años de aquella mítica presentación en el Festival de Cosquín de 1996. Con un posteo cargado de sensibilidad, la cantante recordó cómo dos adolescentes de Arequito, junto a su padre y su música, llegaron a la Plaza Próspero Molina para transformarse en un fenómeno cultural sin precedentes.

“Esa noche cambió nuestras vidas para siempre”, escribió Nati, acompañando su texto con fotos de aquel debut donde el revoleo del poncho de Soledad se convirtió en un símbolo nacional. En su relato, destacó no solo el éxito profesional, sino el esfuerzo de su familia para recorrer los kilómetros que separaban su pueblo del escenario más importante del folklore argentino. Para los Pastorutti, Cosquín no fue solo un premio, sino el inicio de un vínculo inquebrantable con el público.
Un recuerdo que une a generaciones de argentinos
La publicación de la menor de las Pastorutti no tardó en llenarse de comentarios de fanáticos que recordaron haber vivido aquel momento frente al televisor o en la misma plaza. Natalia hizo hincapié en la pureza de sus sueños en aquel entonces y cómo, a pesar de la corta edad que tenían, pudieron manejar la explosión de fama que siguió a esa presentación. “Éramos muy chicas y no entendíamos la magnitud”, confesó la artista, rescatando la inocencia de aquel “huracán” que arrasó con todo.

En el posteo también hubo un lugar especial para su padre, “El Tifón” Pastorutti, motor fundamental de aquella gesta folklórica. Natalia recordó las interminables horas de ensayo y los viajes cargados de ilusiones. La vigencia de las hermanas en la música actual es, según sus palabras, un tributo a esa noche de enero donde el reconocimiento del público les otorgó el “Consagración”, marcando un antes y un después en la historia del género.
El legado del poncho y la vigencia del folklore
Hoy, 30 años después, el impacto de Soledad y Natalia sigue resonando en cada rincón del país. Aquella noche de 1996 no solo fue el trampolín para sus carreras individuales, sino que representó una renovación necesaria para el folklore, acercando a los jóvenes a las raíces tradicionales. Nati cerró su emotivo mensaje agradeciendo a la gente por haberlas acompañado durante tres décadas de manera incondicional, manteniendo viva la llama de aquel debut histórico.
El posteo sirve como preámbulo para lo que será una temporada de verano cargada de homenajes. Mientras la Sole continúa liderando los rankings y Nati consolida su carrera solista, ambas coinciden en que nada hubiera sido posible sin ese primer paso en la capital nacional del folklore. El recuerdo de aquel 26 de enero de 1996 sigue siendo, para ellas y para sus seguidores, el recordatorio de que los sueños más grandes pueden nacer en un pequeño pueblo de Santa Fe.
































