En un país donde el fútbol suele ser una cuestión de “vida o muerte”, Luis Novaresio decidió levantar la bandera de los que viven el deporte sin el peso de la agonía dominical. Todo comenzó con un elogio estético: le gustó la camiseta de Lanús, el club se la envió de regalo y, tras publicar una historia agradeciendo el gesto, se desató la “catarata” de reclamos y envíos de otros clubes.
La herencia de una broma
Lo más jugoso de su anécdota no fue el desfile de indumentaria deportiva, sino su confesión sobre su identidad futbolística. “No tengo la pasión del fútbol”, admitió el periodista con honestidad brutal.
Novaresio reveló que su cercanía con Boca no nació de un sentimiento épico, sino de una travesura familiar: su padre era de River, y un amigo de este, para hacerle una broma, “hizo” a Luis de Boca cuando era chico. Una elección por descarte y humor, lejos de los altares de la pasión heredada por mandato sanguíneo.
Entre el Granate, el Cuervo y el Xeneize
En su posteo, Luis agradeció especialmente a Leandro Fara y al “Pipi” Romagnoli, quienes le hicieron llegar la camiseta de San Lorenzo. Pero el fondo de su mensaje apunta a una pregunta que interpela a sus seguidores: ¿Es posible disfrutar del fútbol sin el fanatismo extremo?
“Apenas soy de Boca porque mi viejo era de River y un amigo le hizo esa broma. ¿Cómo te llevas con la pasión del fútbol? ¿Cuánto le dedicas al amor por la camiseta?”, lanzó a su comunidad.

Una nueva forma de “hinchar”
La nota de color de Novaresio pone sobre la mesa una realidad poco explorada en Argentina: el “hincha por simpatía”. Ese que aprecia la belleza de una casaca, que disfruta de un buen partido, pero que no permite que el resultado de un partido lo amargue.

































