En el marco de la reciente recordación del Día de la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero, especialistas en la materia proponen visibilizar la depresión en personas mayores y la importancia de detectarla a tiempo, acompañarla de manera profesional y fortalecer los vínculos.
“En las personas mayores, la depresión muchas veces se expresa a través de síntomas físicos como dolor crónico, fatiga, cambios en el apetito o dificultades para dormir, que suele interpretarse como parte natural del envejecimiento”, explica desde Buenos Aires Emilce Schenk, coordinadora del Equipo Psicosocial de Centro Hirsch.
La depresión en la vejez continúa siendo una condición frecuentemente subdiagnosticada, en gran parte porque su sintomatología suele presentarse de manera atípica. Esta mirada puede ocultar la presencia de un cuadro depresivo e impedir el acceso a tratamientos que permiten aliviar el sufrimiento y mejorar la vida cotidiana.

Profesionales del equipo del Centro Hirsch advierten que la depresión no es parte normal del envejecimiento y que es una condición médica tratable. “Cuando se la reconoce y se la aborda de manera adecuada, es posible reducir los síntomas, mejorar la función cognitiva, acompañar las enfermedades físicas y favorecer una mejor calidad de vida”, señala Schenk.
La detección temprana y la evaluación integral facilitan el diagnóstico, la adherencia al tratamiento y el acompañamiento de la persona mayor y su red de apoyo.
FACTORES QUE IMPACTAN EN LA SALUD EMOCIONAL
La soledad y el aislamiento social también cumplen un rol central en el desarrollo y mantenimiento de síntomas depresivos.
“La soledad es una experiencia subjetiva de sentirse desconectado emocionalmente, mientras que el aislamiento social es la ausencia objetiva de vínculos o interacciones. Ambos pueden afectar profundamente a las personas mayores”, explica Sofía Skrobak, psicóloga del área de Geriatría de la institución.
La falta de estímulos sociales, de apoyo emocional y de acompañamiento puede generar tristeza, desesperanza y desmotivación. Las pérdidas, los duelos y los cambios de rutina propios de esta etapa vital también impactan en la salud emocional.
“En la vejez se duela no solo personas queridas, sino también el cuerpo, la autonomía, los roles sociales y los proyectos. Estos procesos requieren un entorno que acompañe, valide y ayude a resignificar”, señala Skrobak. Acompañar estos cambios desde una mirada comprensiva y profesional permite habilitar nuevas formas de dar sentido a la vida y fortalecer los vínculos.

Como integrante del área de Servicio Social, Verónica Tedesco remarca que la depresión en personas mayores está atravesada por múltiples factores emocionales y sociales.
“La pérdida de seres queridos, la soledad, el aislamiento, los cambios de roles, la baja autoestima o las dificultades para afrontar situaciones conflictivas pueden generar un círculo de desesperanza, tristeza y pérdida de interés por actividades cotidianas”, explicó.
En este sentido, subrayó la importancia de detectar señales de alerta como el aislamiento progresivo, el agotamiento físico, los problemas de higiene, las alteraciones del sueño o los cambios en el manejo del dinero, para poder intervenir a tiempo.
LA DIGNIDAD DE LA PERSONA MAYOR
Tedesco destacó además el valor del acompañamiento social centrado en la persona. “En Centro Hirsch trabajamos escuchando la historia, los deseos y las posibilidades de cada persona mayor favoreciendo la comunicación con las familias, reorganizando roles y promoviendo vínculos, rutinas y actividades significativas que impactan positivamente en la autoestima, la autonomía y el sentido de pertenencia”.
La intervención profesional oportuna, agregó, permite preservar la dignidad de la persona mayor, prevenir el desgaste familiar y construir un cuidado compartido entre la institución y la red de apoyo.
El equipo del Centro Hirsch destacó el valor del trabajo interdisciplinario, que integra la mirada psicológica, médica y social, y el acompañamiento cercano a las familias. Detectar a tiempo, escuchar sin prejuicios y brindar apoyo profesional permiten evitar que el sufrimiento emocional se profundice y acompañar a las personas mayores hacia una mejor calidad de vida.
En un contexto donde aún persisten mitos en torno a la depresión y la vejez, el mensaje -afirman- es claro y esperanzador: la depresión es una enfermedad tratable y es posible mejorar. Brindar información, acompañamiento y espacios de escucha permite que las personas mayores transiten esta etapa con mayor bienestar emocional y reconocimiento.


































