Adrián “Maravilla” Martínez es, sin dudas, uno de los protagonistas más sorprendentes que dejó el fútbol argentino en los últimos años. Delantero de Racing y figura clave en la histórica Copa Sudamericana 2024, su vida estuvo marcada por el sacrificio, la injusticia y una determinación pocas veces vista en el deporte nacional.

Un nuevo paso en su fe
El delantero escribió en sus redes sociales un texto en el que refleja su compromiso con sus creencias y en el que anuncia, entre líneas, que se convirtió en pastor al ser bendecido por el consejo pastoral en la Comunidad Cristiana de Campana: “Bueno, primero agradecer a Dios porque uno no elige el llamado, sino que él nos escogió desde el vientre de nuestra madre. Agradecer al Pastor Juan Carlos Chevriau por ser usado una vez más en mi vida, como esa vez en la cárcel cuando me bautizó en las aguas y en mi vida hubo encuentro con Dios y no volví atrás. A mi esposa por el apoyo en todas las cosas que Dios nos permite vivir. También felicitar a Marcelo Falcon, que va a ir junto conmigo a la obra de Dios. Agradecer a todos los pastores testigos que estuvieron ahí y nos bendijeron, se alegraron de este llamado, y a todos los que fueron a estar ahí para apoyarnos. Gracias a todos los que oran por nuestras vidas porque las oraciones de justos tienen poder. Si tan solo alcanzamos una vida, ya valió la pena nuestro llamado y el cielo estará de fiesta”.
La historia de vida de Adrián “Maravilla” Martínez
Martínez nació en Campana y a los 33 años disfruta de un presente soñado. Pero su camino hasta ahí fue todo menos sencillo. No hizo inferiores, trabajó desde muy chico en una distribuidora, fue recolector de basura y también realizó tareas de albañilería. De adolescente solo jugaba en el barrio, para Las Acacias, el club que llegó a presidir su mamá.
Su historia cambió en 2014, cuando su hermano Braian fue baleado y él terminó injustamente detenido, acusado de participar en un ataque que no cometió. Pasó siete meses en una cárcel donde, según él mismo relató, vivió situaciones extremas de violencia y hambre. “Si mi familia no me llevaba para comer, no comía”, recordó alguna vez. También contó que estuvo cerca de ser apuñalado en varias riñas internas.
Finalmente, a fines de ese año, se probó su inocencia y recuperó la libertad. Ya fuera del penal, pidió “una oportunidad” en el fútbol. Y apareció. Defensores Unidos de Zárate lo vio, lo probó y lo fichó sin contrato. A los 22 años debutó oficialmente. Dos temporadas después explotó: 21 goles en 2017 lo catapultaron a Atlanta, donde continuó su ascenso y hasta le convirtió un gol a River en Copa Argentina.
De ahí en más, su carrera tomó vuelo internacional: brilló en Sol de América, jugó la Libertadores con Libertad, debutó con un triplete, pasó por Cerro Porteño y Coritiba, y regresó a la Argentina para ser figura en Instituto. Sus 18 goles llamaron la atención de los grandes.
Sus estadísticas en La Academia y su apodo
En Racing, su nombre quedó marcado para siempre: por ahora son más de 50 goles, incluido el tanto en el clásico ante Independiente y 10 en la campaña que terminó con la Sudamericana después de 36 años. Además, fue el máximo anotador de la Copa Libertadores 2025.
Aunque muchos lo llaman “Maravilla”, él preferiría evitar ese apodo por la presión que implica. “Lo que hizo Dios conmigo fue una maravilla”, dijo este año. De basurero y preso por error a estrella del fútbol argentino: la historia de Martínez es un recordatorio de que, a veces, las mejores películas se escriben en la vida real.

































