El 9 de agosto de 2025, Germán Pezzella abandonó el estadio de Independiente visiblemente emocionado. Sin contar aún con un diagnóstico oficial, el dolor ya anticipaba un extenso período lejos de las canchas. La posterior confirmación de la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda ratificó esa sensación y, desde entonces, su objetivo es uno solo: volver a jugar. Si bien este tipo de lesiones suele demandar alrededor de ocho meses de recuperación, su progreso viene sorprendiendo al cuerpo médico del club, motorizado por el deseo de reencontrarse con aquel referente de su primera etapa en River, algo que también se refleja en el cambio de dorsal para la temporada 2026.
Para muchos puede tratarse solo de una cuestión numérica, pero no para el campeón del mundo. Dejar la camiseta #6 que utilizó desde su regreso a Núñez y volver a vestir la #20, número que había usado Tomás Galván en la pretemporada antes de pasar a la #26, tiene para él un significado especial. “Volver a empezar”, escribió GP en una historia de Instagram, donde compartió la publicación de River con los nuevos dorsales y una imagen suya de 2014 con ese número que marcó uno de los mejores momentos de su carrera en el club.
Su pasado ganador en River y los avances de una recuperación que sigue paso a paso
Durante ese ciclo en el CARP disputó 69 partidos entre 2011 y 2015, período en el que celebró cinco títulos: Torneo Final 2014, Copa Campeonato 2014, Copa Sudamericana 2014, Recopa Sudamericana 2015 y Copa Libertadores 2015. Además, marcó cinco goles, dos de ellos especialmente recordados por los hinchas: uno frente a Boca, en aquel superclásico bajo la lluvia en el que Gallardo lo ubicó como delantero, y otro en la final de la Sudamericana ante Atlético Nacional de Medellín.
Aún falta para volver a verlo como parte de la zaga central. Sin embargo, la recuperación de Germán avanza de manera alentadora: incluso antes del receso por vacaciones ya había comenzado con trabajos livianos con pelota y, desde el arranque de la pretemporada en el Camp, mantiene esas tareas de forma progresiva. Se lo nota cada vez más suelto en las transiciones y con mayor confianza al exigir la pierna cuya rodilla continúa en plena rehabilitación. Eso sí, cada ejercicio se realiza de manera diferenciada y bajo la supervisión permanente de un preparador físico.

La evolución resulta muy positiva para el tiempo transcurrido desde la lesión. De todos modos, más allá de su lógica ansiedad, el contacto con la pelota funciona principalmente como un impulso anímico dentro de un proceso que aún es largo y cuyo eje sigue siendo el cumplimiento estricto del plan de rehabilitación indicado por los profesionales.
En el mejor de los escenarios, y siempre con el aval médico, este progreso podría permitir adelantar el regreso algunas semanas llegado el momento. Pero es clave tener en cuenta que no se trata de un camino lineal: pueden aparecer altibajos y, sin acelerar los plazos, todo dependerá de lo que determinen los especialistas. Por ahora, Pezzella avanza paso a paso, listo para “volver a empezar”.



































