La contención de la cotización del dólar lejos del límite superior de la banda de flotación maquilló el final de agosto, mes que estuvo marcado por la fuerte suba de la tasa de interés que impactó en la actividad y confirmó el estancamiento económico.
Este no es el escenario que esperaba la Casa Rosada a una semana de la elección legislativa en la provincia de Buenos Aires, que marcará el pulso de la nacional del 26 de octubre.
Pero hechos políticos se concatenaron con decisiones económicas fallidas y los últimos 30 días enturbiaron la marcha del Gobierno, que a medida que pasan las horas se aferra más a un resultado electoral positivo para lograr algo de oxígeno.
El viernes último el equipo económico jugó otra carta fuerte para cumplir con un mandato que es innegociable: que no se escape el dólar. Por eso, el Banco Central modificó una serie de normas e impidió que los bancos puedan aumentar su posición en dólares sobre el final del mes, una operación habitual que realizaban las entidades financieras para cumplir con estándares internacionales.
Además de esta medida, la autoridad monetaria y otros entes oficiales intervinieron en los distintos mercados de futuro y consiguieron maniatar la divisa que terminó la rueda a $ 1.320 y $ 1.360 para compra y venta, respectivamente.
Así, agosto culminó con una baja de $ 15. En el plano mayorista, el precio final fue de $ 1.333 y $ 1.342 para ambas puntas, con una baja de $ 30 en el período. En el caso de los minoristas, el precio en los bancos quedó en $ 1.295 y $ 1.337, lo cual representa una reducción de $ 33. Por su parte, el blue completó el mes en $ 1.330 y $ 1.350.
Durante todo el mes la única obsesión del Gobierno fue que estas cotizaciones “se muevan los menos posibles”.
De allí que no dudó en salir absorber todos los pesos disponibles para evitar una presión sobre el tipo de cambio. Agosto fue el mes en el que la eliminación de las LEFI obligó al Ministerio de Economía a realizar licitaciones fuera de agenda y elevar en forma significativa la tasa de interés que paga el Estado para que los bancos renueven deuda y no se liberen pesos. Cuando esta medida no alcanzó, el ministro Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, aumentaron los encajes. Fueron movimientos pura y exclusivamente destinados a contener el dólar.
Los bancos evitan la confrontación pública con la conducción económica porque saben que es cruzarse con el presidente Javier Milei, pero off the record multiplican las quejas y advierten sobre las consecuencias.
Milei y Caputo comienzan a ser víctimas del mismo síndrome que sufrieron en marzo antes del acuerdo con el FMI y la salida, del cepo: todo el mundo espera cambios en el esquema monetario y cambiario para después de octubre. Y eso vuelve frena aún más la economía.
“No sé que va a pasar. Octubre queda muy lejos”, es la frase que resume el espíritu de los hombres de negocios y de mercado.
El Gobierno confía en que una buena elección despejará la incertidumbre y se producirá un giro de 180°.
Los operadores reclaman señales más firmes sobre la continuidad del plan y ante este clima toman distancia. Por eso se desplomó el precio de los bonos y el Riesgo País trepó a 830 puntos, haciendo inviable cualquier posibilidad de financiamiento desde el exterior. La suscripción de BONTE (comprar títulos en pesos con dólares), que era una herramienta para juntar dólares para las reservas, quedó cancelada.
Los ADRs de empresas argentinas que cotizan en Nueva York también fueron duramente castigados a lo largo del mes. El panel se tiñó de rojo, y con rojo furioso quedaron Banco Superville (24%), Galicia (22%), BBVA (23%) y Edenor (24%), entre otras. La Bolsa porteña tuvo un retroceso de 13,5%.
Con la tasa de interés con oscilaciones entre 2 y 150% -este viernes cerró en 55%-, y el Tesoro aspirando pesos, el crédito se frenó y con eso se agudizó el estancamiento económico.
A mediados de mes, el INDEC confirmó este panorama al dar cuenta que el estimador de actividad mensual de junio cayó 0,7% con respecto a mayo. Los datos anticipados de julio y agosto permiten inferir que la situación no varió en forma sustantiva.
En tanto, la inflación parece haberse mantenido levemente por encima de 2%. Si bien el pase a precios de la suba del dólar a $ 1.370 fue acotado, el dato de agosto será superior al de julio (1,9%) y marca que el proceso de desinflación entró en pausa.
El dato más preocupante lo dejó la consultora LCG, que con el corte de su estadística a la cuarta semana de agosto informó una suba en el precio de los alimentos de 3% en el mes, pese a que en el último período se produjo una deflación de 0,1%.