Aprendió el oficio de chico, pasó por diferentes trabajos hasta que creó su propia fábrica

Gino habló con Vía País sobre cómo pasó por diferentes trabajos hasta tener su propia fábrica con el oficio que aprendió de niño.

Aprendió el oficio de chico, pasó por diferentes trabajos hasta que creó su propia fábrica
Aprendió el oficio de chico, pasó por diferentes trabajos hasta que creó su propia fábrica

Tener un oficio de chico, ya sea por familia, necesidad, o placer, muchas veces no garantiza trabajar de eso, siempre. Cumplir los objetivos implica visualizar, dedicar tiempo y dinero, pero sobre todo muchas ganas de cumplir las metas. Esta es la historia de Jorge Eduardo “Gino” Alasina.

Nació en la localidad bonaerense de González Catán y es pastero autodidacta o experto en elaboración de pastas. Aprendió el oficio a los 10 años. Luego de saltar por diferentes trabajos, gestó una pequeña fábrica de pastas hace siete años. Tiene clientes de distintos barrios de CABA y del conurbano. También argentinos residentes en Inglaterra, Holanda y Australia, que periódicamente visitan el país.

De aprender el oficio de chico a pasar por situaciones difíciles y lograr emprender con su negocio propio
De aprender el oficio de chico a pasar por situaciones difíciles y lograr emprender con su negocio propio

La historia de Gino es de superación: de cursar estudios y no terminar, a trabajar en diferentes lugares para dar de comer a su familia, cambiar de ciudad con ilusiones laborales que no se cumplieron, apostar todo a un emprendimiento, divorciarse y empezar de nuevo.

Jorge Eduardo “Gino” Alasina habló con Vía País y contó su historia hasta llegar a crear su propia fábrica de pastas, un lugar que es elegido por argentinos que residen en el exterior y quieren llevar sus productos.

De aprender el oficio de chico a pasar por situaciones difíciles y lograr emprender con su negocio

- ¿Cómo y cuándo comenzaste en las pastas?

- En el año 2005, por una situación laboral, yo me fui a vivir a Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Me llevaron con unas condiciones laborales que no me las cumplieron. Me encontré en una situación en la que tenía que hacer algo. Pero nada que ver con el oficio que yo tenía. Para salir adelante, empecé a hacer pastas en la casa donde alquilaba.

Así empezaron los primeros conocidos, los amigos que había hecho ahí en Tres Arroyos. Y después llegó un momento que abrí una fábrica, un negocio de abajo. Y las máquinas me ingenié para reformar máquinas viejas que sirvan para lo que quería hacer. Busqué la forma de poder semiautomatizar la producción. Como sé de mecánica, lo pude hacer.

De aprender el oficio de chico a pasar por situaciones difíciles y lograr emprender con su negocio propio
De aprender el oficio de chico a pasar por situaciones difíciles y lograr emprender con su negocio propio

- ¿Por qué pastas? ¿Tenías un conocimiento previo?

- Viene de familia. A mí me enseñó mi viejo cuando era chico. Nosotros somos maestros pastero porque conocemos todo el negocio, desde el control de calidad de producto, manejar proveedores, empleados. Somos de la vieja escuela.

- Cuando vivías en Tres Arroyos ¿hacías ravioles, fideos, o por dónde empezaste?

- Tenía una maquinita que había conseguido, la de cortar fideos, pero en grande. Con esa máquina empecé a hacer los fideos y ravioles. Estiraba la masa y me las ingenié para hacer el relleno justo de los ravioles.

De aprender el oficio de chico a pasar por situaciones difíciles y lograr emprender con su negocio propio
De aprender el oficio de chico a pasar por situaciones difíciles y lograr emprender con su negocio propio

- ¿En qué momento dijiste ‘voy a vivir de esto’?

- Estuve trabajando en la empresa que me llevó cinco años, mientas fui desarrollando mi emprendimiento. La gente nos compraba, restaurantes, supermercados.

Era levantarme a las seis de la mañana, ir al trabajo donde estaba trabajando y volver a las tres de la tarde, y meterme en el negocio hasta las 12 de la noche, a veces.

- Y de ahí a Buenos Aires, ¿cómo hiciste el cambio?

- En el 2009. Pasó eso de que cortaban las rutas y no dejaban pasar camiones. Estuve un mes sin materia prima. En ese momento dije ‘me voy para Buenos Aires’.

Encontré un local en Caseros, traje las maquinarias y abrí el local. Después me separé y le dejé la fábrica a mi ex.

Luego empecé a trabajar en Belgrano en una fábrica de pastas. Fui encargado. El dueño sufrió una desgracia familiar y después se fue a vivir a Miami. Él quería vender la fábrica, me la vendió en cuotas y yo me hice cargo de los empleados.

Desde entonces, Gino tiene su local en Cuba 2389, donde fabrica pastas frescas y cocidas como ravioles, fideos, fideos rellenos, sorrentinos, lasañas, ñoquis, canelones, entre otros.

En el local no solo recibe a clientes de distintos barrios de CABA y del conurbano, sino que también a argentinos residentes en Inglaterra, Holanda y Australia, que visitan el país. “No sé cómo hacen, pero se llevan sus buenas pastas en los aviones”, afirmó sonriendo con orgullo.