Durante el Festival Bum Bum, en el playón norte del Estadio Mario Alberto Kempes, una escena inesperada llamó la atención de asistentes y personal de seguridad: un tero custodiaba su nido a pocos metros del movimiento del evento. El ave, visiblemente alterada, gritaba de manera insistente cada vez que alguien se acercaba. Para evitar riesgos, fue “vallado” para protegerlo.
Bum Bum: un tero “vallado” llamó la atención en el festival
La imagen se volvió rápidamente una anécdota comentada entre quienes transitaban el predio. Pero también abrió una pregunta más amplia: ¿Por qué los teros eligen lugares tan expuestos para anidar?. Es una de las aves más territoriales de la fauna argentina. Suele construir sus nidos directamente en el suelo, sin ramas ni estructuras elevadas, apenas una pequeña depresión entre pasto, tierra o grava. Playones abiertos, canchas, banquinas y descampados urbanos resultan, paradójicamente, espacios “ideales” para ellos: ofrecen buena visibilidad para detectar amenazas, aunque los expongan al tránsito humano.

Los gritos constantes, agudos y repetitivos, son su principal mecanismo de defensa. No se trata solo de ruido: es una advertencia clara. Cuando alguien se acerca al nido, el tero busca intimidar y desorientar al posible intruso. En muchos casos, además, simula ataques en picada, pasando muy cerca de la cabeza de la persona. Rara vez llega al contacto físico, pero puede rozar o golpear con las alas o las patas.
Si bien los ataques graves son poco frecuentes, se registran rasguños y heridas leves, sobre todo cuando alguien intenta ahuyentarlos o no advierte la presencia del nido. Por eso, la recomendación de especialistas es simple: no acercarse, no provocar y, de ser posible, señalizar o delimitar el área, como ocurrió en el Kempes.
El episodio durante el Festival Bum Bum dejó una postal curiosa: la convivencia forzada entre un evento multitudinario y un ave defendiendo su territorio. También recordó que, incluso en entornos urbanos y en contextos de gran movimiento, la fauna silvestre sigue encontrando espacios para reproducirse. Respetar esos límites, aunque sean temporales, es clave para evitar conflictos y proteger tanto a las personas como a los animales.
































