A principios de 1997, circulaba la noticia que Soda Stereo daría una última serie de grandes conciertos y que se separaría, dejando como legado un disco con el testimonio de su despedida en vivo.
Cerati publicó un texto especial para el Suplemento Sí del diario Clarín, titulado “La carta del adiós” y que decía lo siguiente: “Estas líneas surgen de lo que he percibido estos días en la calle, en los fans que se me acercan, en la gente que me rodea, y en mi propia experiencia personal. Comparto la tristeza que genera en muchos la noticia de nuestra separación. Yo mismo estoy sumergido en ese estado porque pocas cosas han sido tan importantes en mi vida como Soda Stereo. Cualquiera sabe que es imposible llevar una banda sin cierto nivel de conflicto. Es un frágil equilibrio en la pugna de ideas que muy pocos consiguen mantener por quince años, como nosotros orgullosamente hicimos. Pero, últimamente, diferentes desentendimientos personales y musicales comenzaron a comprometer ese equilibrio. Ahí mismo se generan excusas para no enfrentarnos, excusas finalmente para un futuro grupal en que ya no creíamos como lo hacíamos en el pasado. Cortar por lo sano es, valga la redundancia, hacer valer nuestra salud mental por sobre todo y también el respeto hacia todos nuestros fans que nos siguieron por tanto tiempo. Un fuerte abrazo”.
Las fechas de la despedida en vivo comenzaron a tomar forma concreta en junio y se fueron anunciando en cada país: 30 de agosto en el Palacio de los Deportes del DF mexicano, 2 de septiembre en el auditorio Coca Cola de Monterrey, el 6 de septiembre en el estacionamiento del estadio Poliedro de Caracas, el sábado 13 en el estadio Nacional de Santiago de Chile, y el 20 de septiembre en River.






























