La minería catamarqueña empieza a discutir el “después del anuncio”: no solo cuánto atraer inversión, sino cómo sostenerla en el tiempo. En una entrevista con el medio nacional Acero y Roca, el ministro de Minería de Catamarca, Marcelo Murúa, planteó una mirada estratégica a futuro: el RIGI puede ser un empujón, pero no alcanza por sí solo para convertir a la actividad en una política de Estado.
En su diagnóstico, el desafío excede lo impositivo. Murúa puso el foco en cuestiones estructurales que suelen definir el éxito de los proyectos a largo plazo: logística, infraestructura y una matriz de desarrollo más federal.
La idea de fondo es simple: si no se resuelven cuellos de botella que encarecen y demoran, los incentivos fiscales pierden eficacia en el terreno.
En esa hoja de ruta, mencionó dos iniciativas que hoy funcionan como termómetro del rumbo: por un lado, un esquema de vialidad para conectar Antofagasta de la Sierra con San Antonio de los Cobres, financiado por la Provincia junto a operadoras del Salar del Hombre Muerto.
Por otro, un proyecto de energía de gran escala basado en una alianza entre Central Puerto e YPF Luz, con el objetivo de mejorar el abastecimiento energético regional.
Pero el punto más sensible de su planteo fue otro: la exploración. Desde ese punto, el funcionario advirtió que el RIGI tiende a favorecer proyectos con “riesgo cero”, mientras deja afuera al eslabón más frágil —y determinante— de la cadena minera: buscar y confirmar recursos.
Y dejó una frase que resume esa preocupación: “Sin incentivos a la exploración hoy, no habrá grandes proyectos mineros mañana”.

























