La lluvia de este lunes volvió a dejar aislado al barrio La Fronterita, en Amaicha del Valle. Para un puñado de familias —unas 150 personas— no se trata solo de un mal rato: cuando el camino se corta, el mundo queda lejos y lo esencial se vuelve incierto.
El aislamiento tiene una razón geográfica concreta y repetida: La Fronterita está rodeada por los ríos Ampimpa y Amaicha. Cuando crecen, no se pueden cruzar.
Y ahí el barrio queda “encerrado” por el agua, con una frontera real, hecha de correntada, barro y rocas.
En La Fronterita no hay CAPS ni almacén. Eso significa que cualquier urgencia de salud —una fiebre inesperada, un accidente doméstico, una descompensación— obliga a depender de un traslado que, con crecientes, se vuelve directamente imposible.

Y también significa que, si se termina la harina, el azúcar o un medicamento, no existe la opción de “salir a comprar”: hay que aguantar, organizarse entre vecinos y esperar a que baje el río.
El puente que levantó el barrio y se llevó el río
Hubo un tiempo en que la comunidad pudo construir un puente para no quedar a merced de cada tormenta. No fue una obra que “llegó”: fue una respuesta nacida desde abajo. Se hizo con el esfuerzo de vecinas y vecinos, juntando recursos con rifas, festivales, y aportando mano de obra.
Ese puente, que era más que una estructura, era una promesa de continuidad: poder salir, llegar, estudiar, atenderse, trabajar.

Pero la historia tuvo un golpe duro: hace años el puente cedió ante la furia del río. Desde entonces, cada temporada de lluvias vuelve a dejar la misma escena: familias que miran el agua crecer sabiendo que, del otro lado, están los servicios, las compras, la atención médica y, muchas veces, la ayuda.
Esperar respuestas
Hoy, el pedido de la comunidad es claro: reconstruir el puente. Los vecinos aguardan respuestas de las autoridades para que esa conexión vuelva a existir y no dependa del clima ni del heroísmo cotidiano. Porque lo que se juega no es comodidad: es seguridad, salud y derechos básicos.

Una comunidad que resiste con lo que tiene
La Fronterita forma parte de la comunidad indígena de Amaicha del Valle, con una identidad que se sostiene en la memoria, el trabajo y el vínculo entre familias. En los días difíciles, ese tejido se nota: se comparte lo que falta, se acompaña a los mayores, se cuida a los chicos. Pero la solidaridad no reemplaza un puente.
Lo más básico también falta
A la falta de servicios se suma otra preocupación que aparece una y otra vez: muchas veces también están sin agua. Y cuando el río aísla, la incertidumbre se multiplica, porque no hay margen para improvisar.

























