Una silla de ruedas ultraliviana y adaptada puede parecer un detalle técnico, pero en rehabilitación suele marcar un antes y un después: más autonomía, traslados menos agotadores y la posibilidad concreta de retomar rutinas.
Ese impacto se volvió tangible en el Hospital Avellaneda, donde se concretó la entrega de un equipamiento especializado para Tania, una paciente que atraviesa un proceso sostenido de recuperación.
La entrega se realizó con el acompañamiento de la directora Alba Pieroni y la subdirectora técnica Roxana Pereyra, en una acción que el efector vinculó a una línea de trabajo orientada a garantizar acceso equitativo y a responder con soluciones concretas según la necesidad de cada caso, en articulación con los lineamientos del Ministerio de Salud Pública.
“Para nosotros es una alegría poder ayudar a la paciente a acceder a una silla de ruedas que reúna las condiciones necesarias para que pueda movilizarse, trasladarse y realizar sus actividades cotidianas. Es un orgullo que, en este nuevo año, el Servicio de Rehabilitación de nuestro efector continúe trabajando de manera constante y activa para cubrir las necesidades de la población. Todo esto es posible gracias al apoyo de nuestro ministro de Salud, el doctor Luis Medina Ruiz, y del gobernador Osvaldo Jaldo, quienes nos permiten avanzar en soluciones directas para los pacientes”, expresó Pieroni.
Un trabajo que no termina en la entrega
Desde el hospital destacaron que detrás de estas gestiones hay trabajo coordinado entre áreas asistenciales y administrativas, y un seguimiento integral: “Desde la institución llevamos adelante una labor articulada entre el área asistencial y los sectores administrativos para concretar estas entregas. Participan personal médico, kinesiólogos, terapistas ocupacionales, trabajadores sociales y psicólogos, quienes realizan un seguimiento integral del paciente, abordando cada caso según sus necesidades específicas”, remarcó la profesional.
Independencia, traslados y calidad de vida
El jefe del Servicio de Rehabilitación, Matías Merkusa, explicó el contexto clínico y por qué el equipamiento era clave para el proceso: “Tania es una paciente que sufrió una lesión medular y quedó con una paraplejía. Se encuentra en el servicio desde hace más de un año y ha logrado una evolución significativa, con la posibilidad de ponerse de pie y dar algunos pasos con asistencia. Actualmente, continúa con kinesiología y terapia ocupacional“.
“Contar con una silla de ruedas de estas características, ultraliviana, resulta de gran ayuda para los traslados largos, para ganar independencia, desplazarse en distintos terrenos y mejorar notablemente su calidad de vida”.
En rehabilitación, los avances suelen medirse en pasos pequeños, pero constantes. Y en ese camino, una herramienta adecuada puede significar más libertad cotidiana, menos barreras y un horizonte de recuperación con mejores condiciones.


























