Escalar una PyME sin perder el rumbo: lo humano como ventaja competitiva

La importancia de tener un equipo capaz de coordinarse con confiabilidad, y alinear conversaciones, decisiones y ejecución. Por Sebastián Mealla*

Escalar una PyME sin perder el rumbo: lo humano como ventaja competitiva
A partir de cierto punto, la empresa crece más rápido que su forma de organizarse. Será importante entonces articular acuerdos sostenibles.

En muchas PyMEs, “escalar” suele imaginarse como un desafío comercial: vender más, abrir nuevos mercados, sumar productos, incorporar tecnología. Todo eso es parte del juego. Pero hay una dimensión silenciosa que determina si ese crecimiento será sostenible o se convertirá en una fuente de desgaste: la capacidad humana de la organización para coordinar, decidir y ejecutar sin romperse.

Porque cuando la demanda aumenta, la complejidad aumenta. Y lo que antes se resolvía con intuición y cercanía empieza a requerir método.

El crecimiento trae un problema nuevo: ya no alcanza con “poner el cuerpo”

En etapas tempranas, muchas empresas avanzan apoyadas en el esfuerzo extraordinario: el dueño que está en todo, los equipos que se “arreglan como pueden”, la comunicación informal que se resuelve con un audio o una charla rápida. Funciona… hasta que deja de funcionar.

A partir de cierto punto, la empresa crece más rápido que su forma de organizarse. Y aparecen síntomas conocidos:

  • reuniones que no cierran,
  • urgencias constantes,
  • conflictos entre áreas,
  • tareas duplicadas o que se caen en el medio,
  • decisiones tardías o contradictorias,
  • cansancio y clima espeso.

El resultado es paradójico: se vende más, pero se disfruta menos. Y lo más peligroso: se pierde foco.

LA DIFERENCIA NO ESTÁ SOLO EN LA ESTRATEGIA, SINO EN LA COORDINACIÓN

A escala PyME, una ventaja competitiva real no es solo “tener un buen plan”, sino tener un equipo capaz de coordinarse con confiabilidad.

Coordinar no es “hablar mucho”. Es lograr que:

  • los pedidos sean claros,
  • las promesas se cumplan,
  • los responsables estén definidos,
  • los plazos sean realistas,
  • las prioridades no se negocien cada día,
  • y los problemas se conversen antes de explotar.

En empresas que crecen, el cuello de botella suele ser ese: no la falta de ideas, sino la falta de acuerdos sostenibles.

UN FACTOR INTERNO SUBESTIMADO: EL ESTADO INTERNO DESDE EL QUE SE TRABAJA

Un factor subestimado: el estado interno desde el que se trabaja

En la vida real, no se decide igual desde la confianza que desde la desconfianza. No se ejecuta igual desde la energía que desde el agotamiento. No se conversa igual desde la claridad que desde el ruido mental.

Sebastián Mealla, coach y consultor organizacional.
Sebastián Mealla, coach y consultor organizacional.

Sin embargo, muchas organizaciones operan como si el ánimo, el clima y las tensiones no influyeran en la productividad.

Y sí influyen: influyen en la calidad de los compromisos, en la velocidad de respuesta, en la creatividad, en la tolerancia al error y en la manera en que se enfrentan los conflictos.

Una práctica simple que mejora mucho el rendimiento directivo es incorporar un “chequeo breve” al inicio de las reuniones clave:

  • ¿Cómo llega cada uno hoy (energía y foco)?
  • ¿Qué conversación pendiente está interfiriendo?
  • ¿Qué tensión conviene aclarar para poder avanzar?
  • ¿Cuál es el resultado concreto que buscamos hoy?

No es una charla emocional. Es gestión. Es evitar que lo no dicho maneje la reunión.

ORDENAR PARA CRECE: ROLES, PRIORIDADES E INDICADORES SIMPLES

Escalar exige un cambio de paradigma: pasar de depender de personas heroicas a depender de un sistema claro.

Eso se construye con pilares básicos:

  1. Roles y responsabilidades sin zonas grises.

Si “todos hacen de todo”, nadie es dueño de nada.

  1. Prioridades explícitas.

Crecer es decir que no a muchas cosas. Sostener foco es una disciplina.

3. Rituales de gestión.

Reuniones cortas, con agenda, acuerdos y seguimiento real.

4. Indicadores simples que muestren la realidad actual.

Pocos, claros, revisados con frecuencia. Lo que no se mide se discute; lo que se mide se mejora.

Este tipo de orden no “burocratiza”. Al contrario: libera energía para crear, vender y mejorar.

EL PUNTO FINO: ESCALAR SIN TRACIONAR LA CULTURA

Un temor común es que profesionalizar implique volverse frío o perder el espíritu original. Y a veces ocurre cuando se imita modelos sin adaptarlos.

Pero escalar bien no significa copiar una corporación. Significa decidir conscientemente:

  • qué rasgos de la cultura se preserva,
  • qué prácticas ya no sirven,
  • qué conversaciones hay que tener para entrar en una nueva etapa,
  • y qué tipo de liderazgo necesita el momento.

La empresa que escala con salud no es la que evita los conflictos: es la que aprende a conversarlos antes, mejor y con foco en la acción.

UNA IDEA FINAL

Las PyMEs que crecen de manera sostenida suelen tener algo en común: un equipo directivo que logra alinear conversaciones, decisiones y ejecución.

Cuando esa capacidad se fortalece, el crecimiento deja de depender de la épica del día a día y empieza a apoyarse en un sistema: más claro, más liviano y más previsible.

Y si en ese camino se busca mirada externa, mejor: a veces una ayuda profesional no viene a “decir qué hacer”, sino a acelerar claridad, orden y acuerdos para que el potencial de la empresa aparezca sin desgaste.

(*) Coach y consultor organizacional. Desde Jujuy asesora a clientes en el país y el exterior.