En las últimas horas, Julieta Díaz se presentó junto a otras colegas en Otro día perdido, el ciclo nocturno que Mario Pergolini conduce en El Trece. En un ambiente relajado y entretenido, cada una de las reconocidas artistas argentinas se animó a confesar algunos de sus hábitos personales.
En esa línea, Soledad Villamil rememoró al aire una anécdota de su infancia: cuando tenía apenas 11 años, probó fumar un cigarrillo junto a su prima por curiosidad. Sin embargo, la experiencia no le resultó ni agradable ni placentera.

Fue entonces cuando Julieta Díaz tomó la palabra y se animó a hablar de sus propios excesos. “Yo empecé a tomar más alcohol cuando me separé”, confesó. Su revelación generó sorpresa y risas en el estudio, despertando la curiosidad de todos por conocer más detalles.
“Me pasó algo, no sé bien qué, pero todo empezó con otra pareja. Vos conocés mi historia. Fue después de separarme del padre de mi hija, hace siete años, cuando tenía 40. En mi adolescencia siempre fui bastante tranquila”, relató, intentando explicar su postura.
El terrible episodio que vivió Julieta Díaz tras separarse
Sin embargo, la actriz recordó: “Hubo una época en la que fumaba mentolados, fueron los primeros que probé. Íbamos a un boliche que se llamaba Puerto Pirata, en Libertad y Santa Fe, tomábamos Naranjada y fumábamos mentolados. Insólito, una cosa espantosa”.
Luego agregó entre risas: “Después me fui alejando de esos vicios y apareció primero el vino, más tarde el champagne y ahora disfruto del gin tonic”. En ese momento, Julieta Díaz recibió el comentario de Villamil, que le lanzó con humor: “Mejor encontrá un novio”.
Así, entre anécdotas de juventud, confesiones sobre viejos hábitos y bromas compartidas con sus colegas, Julieta Díaz mostró una faceta divertida y descontracturada que pocas veces se ve en público. Lejos de tomarse demasiado en serio, la actriz recordó con humor sus primeros vicios y cómo, con el paso de los años, fue cambiando gustos y costumbres. La complicidad con Villamil y el ambiente distendido de la charla dejaron en claro que, más allá de los cambios, lo que permanece intacto en ella es la frescura y la espontaneidad para reírse de sí misma.