Ni bien empezó el proceso de recuperación tras un accidente que lo dejó hemipléjico a los 17 años, Cristián Guglielmett (53) le dijo a su familia: “Voy a ser el mejor ciego”. Gracias a la ayuda de su madre, se recibió de abogado en Rosario y ahora consiguió un aporte importantísimo de Lionel Messi, cuya fundación aprobó la donación de un dispositivo que le permite volver a ver en cierto sentido.

A mediados de los 90, la Municipalidad de Rosario puso en marcha un servicio de lectura accesible para personas con discapacidad. Uno de los primeros colaboradores que sumó la Biblioteca Estrada fue el flamante dueño del MyEye Pro que la empresa Internacional entregó este miércoles en la Biblioteca Estrada.

Antes no podía reconocer la plata con nada. Si se me desacomodaba, necesitaba la ayuda de alguien de confianza”, explicó Cristián sobre una de las virtudes de la herramienta diseñada por la firma OrCam. Operado mediante comandos de voz en inglés o castellano, el aparato lee texto al instante sobre cualquier superficie, así como billetes. Incluso puede identificar a personas con fotos tomadas anteriormente.

El dispositivo cuesta 4 mil dólares y es un desarrollo reciente. Sin embargo, Mariana Guglielmett decidió buscar la forma de conseguir uno para su hermano. “Al principio no se lo quería decir para que no se ilusionara”, recordó. Cuando llegó la hora de compartir el plan, él se sumó para hacer el intento.

El año pasado, la Fundación Leo Messi recibió una carta en la que Cristián contó su historia de vida. En realidad, su hermana la escribió en su nombre y la mandó para averiguar si era posible acceder a esta nueva tecnología. Cuando se enteró de que habían aprobado la donación, expresó: “Esto es un sueño, un incentivo para cualquier ciego”.

La mamá que grabó todos los libros de abogacía

Vestido con un suéter bordó y un pantalón gris, Cristián finalmente accedió a un aparato que promete cambiarle la vida y también mejorar las de otras personas. Desde que entró a la Biblioteca Estrada hace 26 años, se dedica a digitalizar libros para quienes no pueden ver. Si un texto de 500 páginas tiene buena calidad de impresión, es capaz de terminarlo en una semana con seis horas diarias de trabajo.

Así como decidió volcarse a esa tarea inclusiva, Guglielmett logró recibirse de abogado. Cuando empezó a cursar en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), grababa las clases. Sin embargo, aseguró al respecto: “Mi mamá fue la más importante”.

Acompañada por el resto de su familia, María del Socorro Favaretto remarcó que su hijo “siempre luchó por su independencia”. Cuando llegó la hora de estudiar, leyó en voz alta todos libros que él necesitaba para los finales y el material quedó almacenado en cientos de casetes TDK.

El abogado luego se convirtió en uno de los empleados de la biblioteca del barrio Echesortu. La directora Marina Paloma fue su compañera desde que entró y agregó que todos los libros digitalizados se comparten en una base de datos online.

Del libro al archivo digital con menos obstáculos

Cuando le preguntaron por qué lo eligió la Fundación Leo Messi, Cristián contestó: “Creo que mi trabajo influyó mucho”. A partir de esa experiencia, se entusiasma ante las nuevas posibilidades que se abren con un aparato que no requiere conexión a Internet y se carga rápidamente a través de un puerto USB.

Ni bien ingresó a la biblioteca, el rosarino se encontró con su primer obstáculo, ya que la computadora estaba en reparación. Lo recordó con tono risueño, pero luego advirtió que la donación de la “Pulga” le permitirá evitar varios inconvenientes más.

Cristián trabaja seis horas diarias en una de las dos bibliotecas municipales de Rosario que tienen el servicio de lectura accesible. Foto: Redacción Vía Rosario

Uno de los problemas frecuentes en la digitalización es la mala calidad del material. Con una hoja en mal estado o una fotocopia, el escaneo puede generar errores. A modo de ejemplo, Guglielmett mencionó que la letra o con acento a veces se confunde con otro caracter. Si bien ya sabe reconocer varias de ellas y corregirlas, en otros casos necesita la ayuda de un voluntario que pueda ver.

De la misma forma que superó su hemiplejia izquierda tras casi un año de recuperación, Cristián se esforzó en lograr la máxima autonomía. Así se encarga de enviar a imprimir en braille algunos libros pedidos, incluso cuando no llegó a aprender el uso del sistema de escritura y lectura para ciegos. En base a este recorrido y contento por esta nueva oportunidad, consideró que la clave es “no bajar los brazos nunca”.

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