En el marco de la segunda ola de contagios de coronavirus que azota a la Argentina, crece el temor por la cantidad de casos que están surgiendo en las villas de la Ciudad de Buenos Aires. Ante esto, y sumado el frío del invierno que empeora la situación, distintas organizaciones sociales piden que se acelere el proceso de vacunación.

Las estadísticas que alarmaron a la sociedad fueron compartidas por el ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, que comentaron que se están haciendo diariamente un promedio de 618 testeos, en las distintas villas de la ciudad, con una positividad del 34%. No obstante, así también agregaron que en Papa Francisco, Villa Lugano, la positividad escala al 51%.

Sobre esta cantidad de contagios, también revelaron que según los números disponibles hasta el viernes, ya se había logrado la inmunización del 84% de los mayores de 80 años; el 90% de los mayores de 70; y el 89 de la población mayores a 60.

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Desde el ministerio agregaron que además de la vacunación, también continúan con el plan DetectAr: “Por un lado continúan los testeos y la búsqueda activa de positivos, con 8 dispositivos DetectAr. Y hay 30 postas de información para que los vecinos tengan un canal de contacto, un lugar en donde empadronarse si no cuentan con conectividad o si necesitan ayuda para hacer trámites”, indicaron.

Pero al parecer, los testeos no alcanzan, debido a que los contagios suben y la sociedad reclama que no haya tantas vacunas como para que reciban la dosis. Sobre esto, el cura Juan Isasmendi, de la parroquia “Madre del Pueblo” del barrio Padre Rodolfo Ricciardelli, contó en diálogo con Clarín que su zona está transitando la segunda ola de Covid-19 de manera muy “fuerte”. “En estos últimos días con la enorme preocupación de que se están dando nuevamente muchos contagios; incluso vecinos fallecidos en estas horas. Tengamos en cuenta que hay una población de riesgo muy importante y la vacunación viene floja. Se instaló un vacunatorio en inmediaciones al barrio -el de la cancha de San Lorenzo- pero es muy dificil llegar con estas políticas públicas cuando los vecinos no tienen conectividad y no pueden empadronarse. Reconozco en el Estado un espíritu de estar en el barrio, pero para que este recurso tenga anclaje en la gente, falta comprender la realidad de lo que se vive en cada una de las familias”, reflexionó.

Comedor de Juana Mamami en el Barrio Flores Oeste de Ciudad. A Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes Orlando Pelichotti | Los Andes

Además, también habló sobre la alta demanda en los comedores y merenderos para la sociedad de estas localidades y la poca atención que se le está dando a las personas que trabajan en los establecimientos. “Tenemos cuatro comedores, con almuerzo y cena. Hasta hace 8 días preparábamos entre 2.000 y 2.500 raciones; hoy estamos en 3.000 a 3.500. Nos acompañan los gobiernos de Nación y Ciudad y hay mecanismos a los que recurrimos para tener siempre algún alimento para que todos pueden comer algo, pero se hace cuesta arriba”.

Por otra parte, Alexis Cristian Mena Ortega, un vecino de la Villa 31 contó que varios de sus vecinos fallecieron a raíz del virus: “Acá las enfermedades respiratorias afectan a todos los vecinos, no importa la edad. Por eso hay un volumen muy grande de personas que están necesitando vacunarse. Acá también hay un vacunatorio y la gente está muy pendiente, aunque en la mayoría de los casos, sentimos que lo peor pasó el año pasado. La realidad hoy es que si bien los cuidados existen, la vida en el barrio continúa porque el aislamiento no es posible. Los vecinos salen a trabajar, a las cocinas de bares y restaurantes, a manejar taxis y remises, en las obras; las mujeres como servicio doméstico y muchas como enfermeras. Nadie puede quedarse en su casa”, contó.