El ministro de Obras Públicas de la Nación, Gabriel Katopodis, afirma que el Gobierno de Alberto Fernández está invirtiendo 2,2 puntos del PBI en 1.300 obras de todo el país, “sin discriminación” de ningún gobernador o intendente.

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Katopodis, uno de los hombres de mayor confianza del presidente Alberto Fernández, maneja una caja de 550 mil millones de pesos para este año. Con el gremio Uocra y la Cámara de la Construcción ajustaron el protocolo para evitar que los proyectos se paralicen por contagios de Covid-19.

El funcionario admite la necesidad de enfrentar la segunda ola de la pandemia con un mayor grado de acuerdo con la oposición, pero advierte que es difícil dado que, por ejemplo, Juntos por el Cambio nunca acercó una propuesta en 2020 y en cambio ha dicho que Fernández quería “envenenar” a la población con las vacunas.

Admite que el Gobierno ha cometido errores y asegura que en la Casa Rosada aún no se habla de candidaturas.

El ministro Gabriel Katopodis junto al presidente Alberto Fernández (Casa Rosada / Archivo)

¿En cuánto depende el plan de obras de un acuerdo con el FMI?

En el ministerio arrancamos muy de atrás, porque la inversión en obra pública en el país había caído 65% entre el 2016 y el 2019. Hoy tenemos 85% más de recursos en términos reales que en 2020. Parte de ese financiamiento salió del ahorro que se generó al reestructurar la deuda externa con el sector privado. El 45% de los nuevos empleos que se generaron en los últimos seis meses en la Argentina son del rubro de la construcción privada y la obra pública. Todo esto no es un hecho fortuito, fue una decisión política de priorizar los recursos para reactivar la economía antes que pagar intereses de la deuda. Los fondos están garantizados por el Tesoro y por organismos multilaterales. Un acuerdo con el FMI permitirá seguir arreglando la macroeconomía, con un impacto positivo en la previsibilidad y en estabilizar variables macroeconómicas, lo que mejorará que haya inversión pública y privada en la construcción.

¿Cómo están asignando las obras que tienen financiamiento nacional?

Las 1.300 obras surgen de un plan nacional de infraestructura que tiene el ministerio. Ese plan está validado por prioridades que van definiendo y vamos acordando con los gobernadores y los intendentes, en un diálogo muy fluido de ida y vuelta con el secretario de Obras Públicas, Martín Gill, y conmigo. Martín está haciendo un gran trabajo.

¿Hay quejas de gobernadores por discriminación en esa asignación?

No, para nada. Nosotros tenemos tres objetivos muy claros. Primero, asignar la obra pública con absoluta la transparencia. Segundo, trabajar con los 24 gobernadores y los 2.300 municipios, que ningún gobernador ni intendente pueda esgrimir que ha sufrido algún tipo de discriminación. Y tercero, terminar con todas las obras que estaban empezadas. Cuando arrancamos esta cartera debía 35.000 millones de pesos a las empresas y el 70% de las obras estaban paralizadas.

¿Por qué desarmaron el esquema de Participación Público-Privada si ahí las empresas podían conseguir su propio financiamiento?

¡Desarmamos una bomba de tiempo! Era claramente un negocio de unos pocos para llenarse los bolsillos, a expensas de los argentinos que iban a pagar dos o tres veces el costo del kilómetro de ruta porque habían dolarizado los contratos. Lo desarmamos sin ningún perjuicio para el Estado porque no hay posibilidades de que alguna de esas empresas vaya a una instancia judicial. Y este año vamos a licitar un tercio de las 70 obras de las PPP, a la mitad del precio que estaba estipulado por aquel mecanismo.

¿Cuáles son los principales objetivos que tienen para toda la gestión?

Pretendemos reducir fuertemente la brecha de agua potable y saneamiento; poner en valor las rutas nacionales. Y desarrollar con obras los 2.300 municipios.

¿La segunda ola de Covid-19 ya está afectando los planes de obra pública?

No hay un panorama de suspensiones de obras por casos de Covid-19. Tuvimos un protocolo muy temprano. Reaccionamos ya en marzo de 2020 con el gremio Uocra y la Cámara de la Construcción. Readecuamos la logística, los horarios y las formas de trabajar. Se priorizaron las obras al aire libre. Enfrentamos la primera ola con muy bajos niveles de contagios y podremos transitar el mismo camino en 2021.

Gabriel Katopodis, Ministro de Obras Públicas de la Nación (Foto: Federico Lopez Claro)

El Gobierno venía diciendo que iban a mantener las escuelas abiertas y ahora las cerraron en Buenos Aires por el aumento exponencial de contagios. Usted dice que van a mantener las obras operativas ¿Cómo manejan la incertidumbre que se genera?

Estamos en un contexto absolutamente extraordinario, en medio de una pandemia, con riesgo de colapso en el sistema sanitario del país, cuando en algunos de los países de la región ya sucedió. No hay manera de que tomemos decisiones que no deban ser revisadas semana a semana sobre la base de una honestidad intelectual y una discusión franca.

¿Con eso se refiere a las críticas de la oposición?

Lo que falta en la Argentina es una oposición que quiera participar de un debate franco. Es importante que todos compartamos la interpretación de la gravedad de lo que está pasando, para así también ponernos de acuerdo en lo que tenemos que hacer. Y esa discusión franca no lo encontramos en la mayoría de los sectores de la oposición. Lo que hay una oposición que está pensando más en las elecciones que en la salud de la gente. Hubo sectores que se dedicaron a exacerbar el enojo y la angustia ante esta enorme tragedia. ¡Dijeron que Alberto quería envenenar a la gente con las vacunas! Buscaron que perdamos la calma. Intentaron hacer convertir en una mala noticia el aterrizaje de un avión que llega con un millón de vacunas. Nunca trajeron una idea a lo que el Gobierno viene gestionando.

La oposición dice que ustedes eligen la salud en desmedro de la economía…

No, las prioridades del gobierno son muy claras: vamos a cerrar todo lo que haya que cerrar para cuidar la salud y la vida de los argentinos, y vamos a sostener abierta lo más que podamos la economía para cuidar el empleo y el ingreso. En esa doble variable tenemos que ir midiendo semana a semana cuál es la decisión correcta, sabiendo que Argentina es un país federal muy amplio. Acá se tiene un visión general y después los gobernadores van aplicando y adaptando a sus jurisdicciones. La oposición debe ser franca, no puede especular electoralmente ante la tragedia.

¿Hay margen para alcanzar consensos sobre los que se debe hacer?

Esta segunda ola de la pandemia y las decisiones de las últimas horas requieren construir el mayor consenso posible. No hay dudas que esta etapa demanda más acuerdo y más entendimiento. Fue el dialogo ordenado con los gobernadores el que permitió transitar la primera ola y ese mismo diálogo es el que nos va a permitir salir. Hay una curva de experiencia y tenemos la vacuna. También es cierto que mucho de esta pandemia se juega el comportamiento individual.

¿Qué autocrítica hacen ustedes?

Este es un gobierno que ha cometidos errores, seguramente. Y vamos corrigiendo sobre la marcha. No hay manual de consulta para enfrentar esta tragedia. Pero lo hacemos centrados en una prioridad muy clara que es cuidar la salud de los argentinos.

¿Cómo lo ve al Presidente?

Lo veo preocupado y al frente de la situación y de las decisiones, haciendo todo para evitar que el sistema sanitario y hospitalario colapse y se mueran más argentinos por no tener una cama donde ser atendidos. El Presidente viene marcando la gravedad del momento. Está a la cabeza de la pandemia. Y está convocando a los gobernadores y al conjunto de los argentinos para hacer un nuevo esfuerzo. Pero sobre fortalezas que en la primera ola no teníamos: se duplicaron las camas de terapia intensiva; hoy hay más de seis millones de personas vacunadas; hay una curva de experiencia.

¿Ya están evaluando candidaturas?

No, no estamos hablando de eso. La única prioridad hoy es la gestión de la pandemia y cuidar la economía. La preocupación que yo tengo es la de seguir construyendo hospitales para sumar camas. Hoy tenemos 230 obras hospitalarias en el país. El sistema sanitario estaba devastado.

Por la Corresponsalía de Buenos Aires