A la hora de abrir sus puertas, los comerciantes del centro de la Ciudad de San Luis siguen divididos, muchos se niegan a vender en la siesta, otros cumplen con la atención en horario corrido.

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De acuerdo a los datos recopilados por un relevamiento realizado por El Diario de la República a principios de julio, en la zona comprendida entre las calles Bolívar, Colón, Chacabuco y 9 de Julio, de un total de 643 locales, 364 estaban abiertos entre las 14:30 y las 16, lo que representa un 56,6% del total. Los 279 restantes (un 43,3%) siguen con el tradicional horario “cortado”. Es decir, entre ambas preferencias hay una diferencia de cerca de 7 puntos porcentuales, equivalentes a unos 85 locales.

Entre los negocios considerados “esenciales” durante esta pandemia: locales de venta de artículos de limpieza, alimentos, kioscos, almacenes y farmacias y los “no esenciales”: restaurantes, peluquerías y venta de ropa, la cifra es a favor de los primeros en cumplir el horario ininterrumpido, pero no por mucho margen.

De 119 locales “esenciales”, 77 siguen sin interrupciones sus actividades durante el día, mientras que 42 prefieren tomarse un descanso. En cuanto a los “no esenciales”, la preferencia también está peleada: 287 locales siguen abiertos durante la siesta, mientras que 237 bajan las persianas en esa franja.

Hay sectores en el que el horario corrido se impone, por ejemplo en la peatonal Rivadavia. En la sección que va de Pringles a Belgrano, de un total de 34 locales, 29 prefieren seguir trabajando en ese horario, mientras que en el espacio comprendido entre Belgrano y Ayacucho, 19 comercios de un total de 28 toman la misma decisión.

Más allá de estos ejemplos, no hay una tendencia clara entre calles con más locales abiertos e incluso en algunas hay “empates”. Sobre la calle San Martín, en el tramo entre Pringles y Belgrano, hay 16 locales abiertos y 14 cerrados en ese horario. Lo mismo ocurre en Belgrano, entre Colón y Rivadavia, donde los abiertos son 14 y los cerrados, 11.

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Consultado el propietario de una cerrajería ubicada sobre calle Colón, Pablo Bona, su propietario admitió que “Fui considerado ‘no esencial’ y me adherí al horario corrido con la pandemia. Para mí, es cuestión de costumbre. Hay jóvenes que salen un poco más tarde a la mañana. Sacrifico plata por vida, no es solo laburar esto”, quien marcó que este esquema le representó una mejora en su calidad de vida.

Por su parte, Belén, propietaria de dos panaderías, una en calle Rivadavia y otra en Maipú, manifestó que “Desde el comienzo fuimos considerados esenciales. Uno que otro viene a la siesta, jóvenes que vienen del Comedor Universitario, más que gente grande. También suelen venir oficinistas, gente del Poder Judicial o la ex Casa de Gobierno, para comprar algo para comer. No veo una pérdida económica, gano igual que con el horario cortado”, manifestó a El Diario.

“Siempre usamos el horario corrido y fuimos considerados ‘esenciales’ durante la pandemia. De a poco viene más gente a este horario”, aportó Mercedes Velázquez, propietaria de un local de venta de alimentos sueltos sobre la calle Colón.

En tanto, consultado Guillermo, empleado de una bicicletería sobre la calle Bolívar, que tuvieron horario corrido durante la etapa más estricta de la cuarentena y ahora volvieron a trabajar como antes, manifestó que “El horario corrido es muy cómodo para mí. Con el cortado, me quedo en el centro esas dos horas que hay entre el horario de la mañana y el de la tarde. De todas maneras, a la siesta no venía nadie, por el calor. Y a las 6, con el frío, ya no pasa nadie”, detalló.