En el momento más crítico de Azul, el doctor Andrés Barroni volvió a trabajar en la guardia después de siete años. "Volver es un privilegio", aseguró.


“Nos debemos a la salud pública de Azul porque nos formaron. El compromiso que nosotros tenemos supera todos los miedos, es como un sentimiento. Es casi irracional, te sale. Es como si sos un soldado, hay una guerra y vos vas solo, no te tienen que invitar”, asegura el médico Andrés Barroni, quién hace años trabaja en el sector privado y desde la semana pasada volvió al Hospital Pintos como voluntario en la guardia para dar una mano en el momento más crítico de la pandemia en Azul.

Su caso es particular, ya que su último recuerdo con el hospital no fue nada feliz: él y su mujer, que actualmente es terapista del Pintos, fueron despedidos porque Barroni encabezó una protesta por los bajos salarios de los médicos de guardia. A pesar de ese triste episodio, el doctor no dudó en volver en el momento más álgido del brote de coronavirus a pelearla en la trinchera con sus ex compañeros.

¿Por qué decidiste sumarte a ayudar en este momento?

Los voluntarios que nos presentamos somos tres o cuatro. Fue una convocatoria a través del Circulo Médico, a pedido del municipio. Yo con quién más tengo contacto es con Jimena Rigoni, que es otra de las voluntarias que se presentó, y con ella veníamos manejando esta posibilidad hace mucho tiempo. Cuando empezó la pandemia y veíamos que estaba cada vez más cerca, sobretodo teniendo en cuenta la experiencia que se había vivido en otros países y en Buenos Aires, sabíamos que siendo médicos que trabajan en el ámbito privado en algún momento íbamos a tener que ofrecernos como voluntarios para dar una mano al hospital. En principio, empezamos a hacer guardias, cosa que hace tiempo no hacía ya, en el sanatorio para tratar de descomprimir el sistema de salud público, que es lo que uno trata de hacer desde los efectores privados. Cuando sucede lo del sanatorio que fue cerrado por la cantidad de casos, dijimos que este era el momento para dar una mano al hospital que a su vez se vio colapsado. Lo veníamos planificando, llamamos a gente conocida en el hospital y dijimos cuando quieran podemos arrancar- Y así empecé el jueves pasado en la guardia.

¿Cómo fue volver a hacer guardias en el hospital?

Yo ya sabía por mi mujer Serena (Kolman), que es terapista en el hospital, lo que se vivía en el Pintos, pero uno se da cuenta lo que hace el Pintos hace cuando está adentro. El trabajo de los médicos, enfermeros, mucamos, camilleros, de todos los trabajadores, es admirable. Me encontré con un hospital completamente cambiado. Yo trabaje hasta 2013 en el hospital y después me echaron.

¿Volver en este contexto fue una revancha?

No lo siento como una revancha, me siento con el privilegio de poder volver. No había vuelto antes por situaciones personales, pero siempre quise volver y seguir en contacto estrecho con la salud pública , porque esa es mi especialidad y para eso fuimos formados. La bronca nunca fue con el hospital. Al hospital lo amo y a todas las personas que trabajan también. Para mí, volver fue muy emocionante porque me recibieron con los brazos abiertos, con mucho cariño. En realidad, los motivos por los que me echaron a mi y a mi señora en ese momento fueron totalmente injustos y muy criticados. Fue algo totalmente desmedido por un conflicto en el que que había una crisis muy grande con médicos de guardia y yo me había puesto a la cabeza y por eso nos bajaron a mi y a mi señora, que no tenía nada que ver. No nos renovaron el contrato a días de pasar a planta permanente. Me fui del hospital echado por la planta política pero respaldado por todo el personal. Después, la vida me llevó a tener otros trabajos, me hice más grande y no volví. Y Serena si volvió.

Ella es terapista en el hospital, ¿qué dijo cuando le comentaste tu idea de sumarte a dar una mano?

Mi señora está orgullosa, los dos nos formamos en el Pintos. Somos azuleños que volvimos a nuestra ciudad, quisimos formarnos acá y muchos de los médicos que hoy trabajan en el Hospital fueron nuestros primeros maestros en la vida profesional. A mí me llamaron, pero ya estaba todo planificado. Mi señora ya sabía que esta posibilidad existía y yo ya había avisado en otros trabajos que tengo que me iba a sumar. Mientras el Hospital necesite de médicos yo lo voy a hacer, mientras me necesiten voy a estar.

¿Cómo es el trabajo del Pintos en medio de la pandemia?

Lo que más me llamó la atención es el compromiso con el que se trabaja. Me reencontré con mis viejos compañeros de guardia, los que yo dejé aquel año cuando nos echaron, los que lucharon conmigo para que nos reincorporaran. Y ahora son los mismos que ahora me reciben y para ellos fue una alegría muy grande que yo volviera por todo aquello que pasó y porque trabajábamos muy bien juntos. Me encontré con equipos de trabajo diferentes, con mucho entrenamiento por parte de los médicos que están atendiendo el COVID. Hay un entrenamiento y un profesionalismo muy importante. La verdad que se está haciendo un trabajo muy bueno, a nivel infraestructura me encontré un hospital ampliado, con más camas, con más personal, como un hospital de emergencia. Me siento orgulloso de ser parte de esto. Ahora me estoy dedicando a la parte de demanda espontánea para aliviar a los médicos con la atención de los pacientes no COVID, pero veo desde afuera trabajar a profesionales de especialidades no clínicas que están abocados al COVID con mucho compromiso. Obviamente debe haber muchas falencias, pero es debido al colapso. Los veo trabajar a todos sin descanso y yo también soy testigo del cansancio de los profesionales, veo colegas que conozco desde hace muchos años y se los nota agotados. No es solo atender los pacientes, es mantener el sistema funcionando con colegas enfermos, estrés, miedos, incertidumbre. Hay muchos colegas enfermos, muchos ausentes y tenemos la desgracia de tener a un colega fallecido (Carlos Alí), la tenemos a María del Carmen Ruiz, que es el emblema del Pintos, de la terapia intensiva, del esfuerzo y el sacrificio, que está grave. Atender a tu colega, a tu vecino, a tus amigos no es fácil. Y en este contexto todo se acentúa.




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