El deceso de Miguel Lifschitz conmovió a la política santafesina. Era un candidato puesto para las próximas elecciones nacionales y que, casi con seguridad, tenía una banca asegurada en el Senado (ya sea por la minoría o por haber ganado las elecciones). Y sus aspiraciones eran presentarse como gobernador en 2023 y, de ser necesario, tener mayor participación nacional, en la búsqueda de romper la denominada “grieta” entre el kirchnerismo y el macrismo.

Llegó a ser gobernador por apenas el 0.25% de los votos. Y eso lo llevó a tener que ratificar su mandato, como si estuviera siempre en campaña.

A diferencia de sus antecesores, el diálogo fue una herramienta clave para avanzar en el terreno de quien fuera su sucesor, Omar Perotti. En el único punto en donde nunca hubo posibilidad de acuerdo -es más, los puentes quemados nunca se reconstruyeron- fue con la política en materia de seguridad, donde Maximiliano Pullaro, su ministro y el intendente Luis Castellano no se hablaban. Literalmente.

Su gestión, en obras

En 2012, Antonio Bonfatti prometió el entubado del canal Norte. Pero fue en la gestión de Miguel Lifschitz en donde la obra se empezó y se terminó. Tras la pavimentación del sector, se terminó con un problema de años, que afectaba seriamente a los vecinos de los barrios Barranquitas e Italia, ya sea por desmoronamientos o por el arrojo de basura en el sector.

Del otro lado del Bv. Lehmann se empezó a levantar el Nuevo Hospital Regional, que había licitado Bonfatti. Incluso, dejó en marcha una licitación para su culminación, por $1.600 millones de pesos, que finalmente quedó anulada. Lo que hoy se ve, se hizo en la gestión de Lischitz.

Dio continuidad a una gran gestión de Bonfatti: “Mi Tierra, Mi Casa”, que permitió que muchos quedaran mucho más cerca de la vivienda propia, a partir de la iluminación y pavimentación de nuevas etapas.

También completó el desvío del tránsito pesado, cerca del autódromo, que le dio más seguridad vial al tránsito pasante, pero también a los vecinos del este de la ciudad.

Finalmente, el principal punto por el cual será recordado es por la puesta en marcha de la segunda etapa del Acueducto Desvío Arijón, que permitirá que Rafaela y gran parte del departamento Castellanos tenga acceso al agua potable, en cantidad y en calidad.

Hombre de diálogo y de gestión. De lo que no abundan en estos días.