El lugar, ubicado en el límite entre el norte y sur del Barrio Anacleto Medina, recibe a 90 gurises que acceden a una merienda pero también a propuestas de actividades diseñadas por el propio equipo de trabajo del espacio.


Al hablar de labor social desde espacios comunitarios las palabras nunca alcanzan, porque los actos de amor y solidaridad hacia el otro se expresan por sí solos. Sin embargo, desde Vía Paraná queremos contar en primera persona el trabajo que realiza el Merendero Boina de Vasco, hablamos con su coordinador Emanuel Cornejo para poder conocer este valioso espacio comunitario.

El merendero Boina de Vasco se encuentra ubicado, estratégicamente, entre el barrio Anacleto Medina norte y Anacleto Medina sur de la capital provincial, dentro de los límites del Barrio San Agustín que, actualmente, ocupa casi una tercera parte de la población de Paraná. Lo de la ubicación estratégica lo resalta Emanuel y explica: “Anacleto Medina está dividido en norte y sur dentro de un barrio muy popular como es San Agustín. Hay cuestiones históricas de división entre norte y sur que separan y aíslan. El merendero ha permitido limar esas asperezas y ha sumado un montón de cosas positivas en esto de relacionarnos, construir nuevos vínculos sanos y promocionar espacios saludables. Sobre todo a motivar estas cuestiones desde la niñez para abordar otras infancias que piensen en un futuro con nuevas oportunidades así sean muy pequeñas. Es un espacio de oportunidades y los vecinos se han sumado a este sueño”.

Los vecinos colaboran con el lugar que ya sienten propio

Al SUM, donde funciona el merendero, se acercan alrededor de 90 gurises que acceden a la merienda pero también a propuestas de actividades diseñadas desde los tres espacios con los que cuenta Boina de Vasco. Uno de ellos es el Lúdico Cultural, diseñado por Emanuel junto a su hermano Hugo, desde aquí se proponen actividades vinculadas a lo práctico y artístico como dibujo y canto. “Este taller es uno de mis orgullos porque lo pensé junto a un estudiante de comunicación y a mi hermano, construimos el espacio Lúdico Cultural y le fuimos dando un acompañamiento al momento de la entrega de la leche. El juntarnos a tomar la leche era una excusa para poner de fondo una cuestión más sustancial”, cuenta Emanuel resaltando la importancia de los vínculos sociales en el trabajo comunitario.

El otro de los espacios es el de Arte y un tercero que corresponde a la Escuelita de Futbol, todas las propuestas son desarrolladas por estudiantes de diversas carreras universitarias. Este año se sumó además el espacio Continuar destinado a los adultos mayores. Además de los estudiantes que coordinan los talleres, hay otro grupo de cuatro personas que se encargan de la cocina preparando la leche y elaborando la merienda sólida.

El merendero en tiempos de aislamiento
Desde que empezó la pandemia la demanda alimentaria creció mucho en ‘El boina’, como lo llaman cariñosamente. “Evaluamos la situación territorial en la que estamos insertos y decidimos primero reducir los días porque no podíamos continuar de manera normal los talleres. Además de las actividades, los días miércoles y jueves ofrecemos la leche y los viernes se suma además una vianda de comida que preparamos acá mismo con el grupo”, detalla Emanuel. A los adultos mayores, desde el merendero, se les acerca una vianda a sus casas para preservarlos en el contexto de emergencia sanitaria.

En cuanto a las actividades, si bien debieron suspenderse durante el mes de abril, pudieron luego retomarse. “Casi todos los viernes entregamos un cuento o un dibujo para que los chicos se puedan llevar a sus casas. De esta manera incentivamos la imaginación y la escritura”, nos cuenta Emanuel y agregar además que con el aislamiento también surgió la idea de armar ‘Relatos de cuarentena’, “los gurises arman sus propios cuentos y los subimos en forma de audio cuento a nuestra página de Facebook”, explica.

Boina de Vasco ocupa un lugar trascendental en el barrio, realiza un trabajo social muy importante ya que contiene y potencia, a la vez, los aspectos sociales que caracterizan al lugar. “Desde que pusimos un pie en lo territorial se ha despertado un espíritu comunitario y colaborativo en el cual los vecinos saben que nosotros estamos acompañándolos y nosotros, a su vez, nos sentimos acompañados por la comunidad. Algunos nos ayudan a ir a buscar las donaciones y nos acercan comida cuando estamos trabajando desde muy temprano. Incluso algunos chicos con consumos problemáticos se han sumado a trabajar y aportan desde su mirada para transformar el espacio donde están conviviendo que es el barrio”, narra Emanuel el relación a cómo se fue formando el espacio al que también se sumó la Organización Barrios de Pie que colabora con mercadería pero también acompaña de manera muy comprometida el trabajo que desde el espacio barrial realizan.

Hugo, el hermano de Emanuel, se encarga de la parte de panificados para la hora de la merienda

Transformar el dolor en solidaridad
El merendero nació hace tres años tras la muerte de la mamá de Emanuel, “ella también era una militante social, acompañando siempre al vecino desde lo que podía, brindando su hogar, un plato de comida, acompañando a sus nietos, poniendo el cuerpo por las infancias, por los adultos mayores y mujeres. Desde allí viene la idea del merendero”, comienza narrando la historia Emanuel.

Luego del fallecimiento de su madre, junto a su hermano, deciden transformar ese dolor “y pensamos como podíamos devolver ese trabajo que ella brindaba en territorio. Así surge la idea de armar el merendero, nos juntamos en casa con mi hermano y un grupo de vecinas para hacerlo posible”.

El nombre del espacio viene de la planta favorita de la mamá de Emanuel y Hugo, Boina de Vasco, “es una planta muy especial porque es muy difícil de que crezca, pero una vez que nace y echa raíces es muy difícil de que muera”, cuenta Emanuel y deja en evidencia la metáfora que hace sentido en el significado que tiene hoy ‘El Boina’.

En su primer año, el merendero funcionó en la casa familiar de los hermanos, pero por cuestiones de espacio debieron pensar en otro lugar. Fueron Panchi y Alejandra, dos vecinas del lugar, que facilitaron que el merendero pueda funcionar en el SUM del barrio, a ellas le agradece Emanuel y también a la Subsecretaría de Desarrollo que les permite utilizar las instalaciones, a la Organización Barrios de Pie por compartir el trabajo territorial y a todo el grupo de vecinos que colabora con el merendero.

Donaciones
En este tiempo de emergencia sanitaria, ‘El Boina’ necesita fundamentalmente abrigo, frazadas, artículos de limpieza, alimentos no perecederos para elaborar la vianda de los viernes; harina, azúcar y levadura para la merienda sólida.

Quienes deseen colaborar pueden acercar sus donaciones al SUM del barrio, ubicado en calle Los chanas, los días miércoles, jueves y viernes de 15 a 19. O comunicarse telefónicamente con Emanuel al (0343) 156 238239 o por mensaje privado al perfil de Facebook Boina de Vasco Merendero.




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