La mendocina Emilia Coria tiene dos cumpleaños. El primero y original es el que celebra en conmemoración a ese día en que llegó a esta vida, hace ya 41 años. Pero el más reciente y que celebró el pasado 17 de agosto es, probablemente, el más simbólico y el que probablemente jamás olvide en su vida. Y es que ese martes, Emi fue sometida a una compleja y delicada operación. Una intervención que movilizó toda una cadena solidaria –de amigos y conocidos; y no tanto-, y que –además- tuvo un desenlace que ella misma disfruta de contar. Hasta se emociona al momento de agradecer a sus nuevos “ángeles de la guardia”.

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En pocas palabras, a Emi la operaron recientemente de un cavernoma hemorrágico, algo así como un conjunto de vasos sanguíneos anormales en el hemisferio izquierdo de su cerebro que colapsaban e iban desencadenando hemorragias. Esto, poco a poco, deterioraban parte de su cerebro.

Emilia Coria tenía un cavernoma en su cerebro y fue operada exitosamente el 17 de agosto pasado. Gentileza

“Por lo que me explicaron, un cavernoma es una situación en la que se te forman como ovillitos de vasos sanguíneos que comienzan a sangrar. El problema es que, además de las convulsiones, ponen en riesgo la visión de mi ojo izquierdo, el habla y la motricidad. Y hace falta una operación cuanto antes, que es muy costosa”, explicó Emilia en diálogo con Vía Mendoza en julio de este año.

La campaña que comenzaron sus familiares y amigos en aquel momento, justamente para reunir fondos que le permitieran someterse a esa operación, y la difusión de su caso en la nota mencionada derivaron en un inesperado –y feliz- desenlace: Emi fue operada exitosamente, y actualmente continúa con su evolución. Pero eso no es todo, ya que lejos de tener que viajar a Buenos Aires y destinar una fortuna en su operación –que era lo que había podido averiguar e inició toda la movida-, la intervención tuvo lugar en la Clínica de Cuyo mendocina. Y el costo final de todo el procedimiento se redujo a una tercera parte de lo que se había propuesto a juntar, y que era lo que le había presupuestado desde las clínicas porteñas de referencia.

“Estoy tan agradecida con todos. Nunca me imaginé que iba a pasar esto, he tenido tanta fortuna que todavía me resulta increíble. Además, está bueno que la gente sepa que no tiene que irse a Buenos Aires para este tipo de intervenciones, que acá se los puede atender bien y Mendoza está a la altura de las clínicas más renombradas de Buenos Aires”, resume la mendocina con su buen humor y optimismo característicos.

Y si bien su agradecimiento es generalizado hacia todos quienes ayudaron desde el primer momento y la acompañaron en esta difícil situación, Emilia Coria tiene bien en claro que hay protagonistas principales en este renacer y a quienes les estará agradecidos de por vida. “Todavía no puedo creer que haya aparecido en mi vida una persona tan hermosa, humilde y sencilla como Federico Sánchez, quien es neurocirujano en la Clínica de Cuyo. Más allá de que sea un genio en lo suyo, por sobre todas las cosas es una excelente persona. Él y el dueño de la clínica, Federico López, se comunicaron conmigo para decirme que me iban a operar y que no hacía falta que me vaya a Buenos Aires”, resume, con emoción y felicidad, Emi.

Incluso, los responsables del centro asistencial le comunicaron a la paciente y su familia que solamente le cobrarían los insumos que utilizaron durante la intervención, por lo que de los más de 1,5 millones de pesos que Emi se había propuesto juntar para esta operación crucial para la continuidad de su vida, el costo total se redujo a cerca de 500.000 pesos.

Emilia había averiguado para operarse en Buenos Aires y necesitaba 1,5 millones de pesos. Especialistas de la Clínica de Cuyo le contaron que podían operarla allí y el costo se redujo a la tercera parte.Gentileza

“Todavía no puedo creer que esto haya pasado y voy a agradecer toda la vida a quienes lo hicieron posible. Y así como en su momento quise agradecer a toda la gente que estaba ayudando, ahora quiero agradecer –una y otra vez- a quienes hicieron esto conmigo”, reitera con una voz en la que se cuela la emoción y la alegría. Emi tiene bien en claro que a partir de ahora comenzará una ardua etapa de rehabilitación hasta poder considerar que, oficialmente, el riesgo se disipó y su padecimiento llegó finalmente a su fin. Pero está dispuesta a encararlo con el entusiasmo con que ha encarado toda su vida.

Volver a empezar

Emilia habla pausado, tranquila y sin apuro. En parte, porque es la emoción la que controla sus impulsos, pero –principalmente- porque está en plena recuperación y la operación ha sido muy reciente. “Estoy en mi casa, haciendo reposo. Y me siento como aplacada, pero es normal y tiene mucho que ver la medicación”, resume.

Luego de que su situación tomara estado público y la comunidad conociera de la campaña que las personas más cercana a Emi estaban impulsando para juntar los fondos que necesitaba para la compleja operación, las autoridades de la Clínica de Cuyo se comunicaron con la familia Coria.

“Después de la primera nota, me llamó uno de los neurólogos y me contactó con el dueño de la clínica. Me dijeron que ellos estaban a la altura de la operación que necesitaba yo y que no me iba a tener que ir a Buenos Aires. Ni bien corté el llamado, no podía creer lo que estaba pasando”, rememora. En ese punto fue que el neurocirujano Federico Sánchez entró en escena. Tras presentarse, el médico le contó que su especialización era en el lóbulo temporal -justamente el sector donde estaba la complicación de Emilia- y en cirugías de epilepsia.

La historia de Emilia Coria movilizó a toda la comunidad, tanto que llegó a los médicos mendocinos que la operaron finalmente.Gentileza

Tras ese primer contacto, la paciente mendocina coordinó con los especialistas los pasos a seguir e inició las consultas con el neurocirujano y una epileptóloga. Así se fue preparando el camino hasta llegar, finalmente, al martes 17 de agosto cuando Emi fue intervenida quirúrgicamente.

El momento crucial

En total, la operación se extendió durante siete horas, ni más ni menos. “Sé que fue muy compleja y larga. Lo importante es que creen que han logrado sacar todo. Pero mandaron lo que se quitó para que se le haga un análisis patológico. La operación fue en el lóbulo temporal izquierdo y tuvieron que abrir la piel, el cráneo, llegar al cerebelo y allí sacaron el sangrado y el cavernoma. No sacaron todo el sangrado porque había una parte muy pegada y había ciertos riesgos en las decisiones. Pero creen que ha salido todo bien, ya que han sacado lo más grueso”, resume Emi, aunque prefiere manejarse con la cautela correspondiente. “El tiempo lo va a decir y en unos tres meses vamos a empezar con las resonancias de control”, acota.

El martes último, 31 de agosto, a Emi le retiraron los puntos de la cabeza y, además de guardar un absoluto repaso, sabe que está iniciando con otro momento fundamental en su proceso. “Por ahora soy paciente del neurólogo, del neurocirujano y de la epileptóloga. A futuro, si todo va bien, voy a tener que seguir solo con el neurólogo. Si comparo cómo me siento con como estaba al comienzo, cada día ha ido mejorando de a poco. Ya empecé a tomar líquido, a ir al baño, a dormir. Y ahora, de a poquito voy volviendo a la normalidad. Salgo a caminar una cuadra y paro, porque no puedo hacer mucha fuerza”, recapitula sobre su recuperación.

La historia de Emi

En 2015, cuando estaba por nacer su hija Matilda, la salud de Emilia Coria encendió una primera alarma y que terminaría por marcar gran parte del andar de su vida. “Me empezó a doler la cabeza, por lo que me hicieron un estudio y me detectaron una fístula en el cerebro (en el lado derecho de la arteria carótida cavernosa, más precisamente). En ese momento me hicieron una intervención quirúrgica, y en la operación se produjo una trombosis en la vena central de la retina, que derivó en la pérdida la visión del ojo derecho. Me costó mucho recuperarme y volver a trabajar, realmente me afectó”, rememoró Emi a Vía Mendoza en julio, antes de la más reciente operación.

Emilia y su hija Matilda. Hace seis años la mendocina tuvo otra operación en la que perdió la visión de uno de sus ojos.Gentileza

Pese a esta adversidad, la mendocina –que tenía 35 años en aquel momento- la peleó, logró salir adelante y pudo sobreponerse las distintas situaciones que llegaron aparejadas a esta operación (como, por ejemplo, quedarse sin trabajo). A partir de entonces incursionó en la pastelería y así siguió ganándose la vida.

Y todo transcurría relativamente con normalidad, hasta que el año pasado se encendió una nueva alarma. “Empecé con una sensación rara, como que me temblaba el estómago y todo el cuerpo. Empecé a sospechar que era algo neurológico (sumado lo que me pasó hace seis años) y cuando me revisó la neuróloga, me detectó un hematoma en el costado izquierdo. Lo raro es que me dijeron que no tenía nada que ver con lo que me ocurrió cuando estaba por nacer Matilda”, relató Emi hace poco menos de dos meses.

Junto a este diagnóstico, Emi comenzó con algunas convulsiones. Y allí fue que le avisaron que debía someterse a la difícil y costosa operación de la que salió hace un par de semanas. Entre otros riesgos, si el cuadro avanzaba, había grandes probabilidades de que perdiera la vista en el único ojo con el que podía ver (el izquierdo); además de afectarle el habla y la motricidad.

Si Emilia no era operada de urgencia había chances de que perdiera la visión del único ojo que le quedaba, además de afectarle la motricidad y el habla.Gentileza

Ayuda de todos lados

En ese momento la familia de la mendocina inició una campaña solidaria para recolectar fondos y la ayuda llegó de distintas partes del mundo. Tanto que, aún antes de la operación y de conocer el inesperado desenlace que tendría toda su situación, Emi ya estaba eternamente agradecida a todos quienes habían colaborado.

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Durante varios años, Emilia alojó en su casa a personas de distintas partes del mundo como parte del programa de coachsurfing (una plataforma que reúne a ciudadanos de todo el mundo, dispuestos a alojar a viajantes de otros lados sin cobrarles nada y con la tranquilidad de que ellos podrán contar cuando viajen con esta alternativa). Por esto mismo es que los viejos amigos extranjeros que hizo durante tantas semanas se sumaron a la ayuda ni bien conocieron la delicada situación de Emi.

Ayudaron amigos de Estados Unidos, de Australia, de Canadá y de Irlanda. Incluso, una amiga abrió hasta una campaña de crowdfounding que permitió juntar gran parte del dinero que debió destinar a la operación.