La pandemia que aún persiste y la sensación de hartazgo que, según algunas encuestas, crece en torno a la política son dos amenazas latentes contra la participación electoral en las PASO que preocupan a Juntos por el Cambio y también al Frente de Todos, en aquellos distritos que no gobierna. La poca concurrencia a los cuatro comicios provinciales realizados este año encendió alarmas tanto en el oficialismo como en la oposición.

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Los líderes de Juntos por el Cambio hicieron esta semana un fuerte llamado a participar en las primarias del 12 de septiembre. “Le pedimos a la sociedad que se anime a ir a votar; no es riesgoso, va a haber distanciamiento y va a ser seguro”, manifestó la titular del Pro, Patricia Bullrich, tras una reunión de la Mesa Nacional posterior al triunfo en Corrientes.

Mario Negri, jefe del interbloque de diputados y precandidato a senador, reforzó el mensaje: “Yo sé que hay indignación y bronca. Pero también sé que la manera de cambiar es ir a votar, porque sino ganan ellos. Y si ganan ellos la clase media seguirá hundida y nuestros hijos se van a ir del país”.

Fuentes de Juntos por el Cambio admiten en privado que hay una inquietud concreta en torno al tema. “La preocupación de que la gente no vaya a votar existe, porque no está participando mucho. El miedo es que el Gobierno, en los lugares donde va a perder por paliza, incentive algo”, sugirió un colaborador de la alianza.

Uno de los factores que enciende alarmas es la actitud que adopten los adultos mayores por el miedo al Covid. El 40% de las personas entre 70 y 79 años (que no tienen obligación de votar) todavía aguarda la segunda dosis de la vacuna, a datos de julio. Es un público más afín a Juntos por el Cambio y para las PASO significa el 11,71% del padrón (unas cuatro millones de personas).

Como el mayor peso específico de este sector etario está en la Ciudad de Buenos Aires, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, prometió que los mayores de 70 podrán votar “sin hacer fila durante todo el día”. Es parte del protocolo aprobado en ese distrito, que además incluye testeos masivos para todo el personal que intervenga en la elección.

“Vemos con preocupación que muchos adultos mayores, por miedo a la pandemia, puedan decidir esta vez no ir a votar. Nosotros estamos convocándolos, explicándoles que ir a votar es seguro, que habrá menos mesas por escuela, con lo cual las aglomeraciones se van a reducir, y que tendrán prioridad para emitir su voto. Si su voto falta en las urnas, su voz va a faltar en el Congreso”, indicó a este medio Graciela Ocaña, diputada y precandidata de Juntos.

El otro temor que sobrevuela es el efecto de “brazos caídos”, un posible sentimiento de desencanto hacia la política. Una encuesta reciente de Jorge Giacobbe en provincia de Buenos Aires sobre midió, sobre 2.500 casos, “qué sensación provocan las PASO de este año”. Concluyó que, si bien aparece primero el sentimiento de “esperanza”, también ganaron fuerza las palabras “ninguna (sensación)”, “incertidumbre” y hasta “asco”, entre otras.

“Es muy difícil de medir porque es una campaña atípica. Pero es cierto que cuesta pasar de los dirigentes a la gente. Más allá de la militancia, el ciudadano común no está enganchado con la elección. Lo que se elige son las candidaturas que dirime cada partido y a la gente no le importa mucho eso; sabe que la elección verdadera es en noviembre”, analizó un dirigente con acceso fluido a Casa Rosada.

Esto es mirado de cerca por el Frente de Todos, sobre todo en distritos que no gobierna, como Córdoba, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires. Es que los oficialismos locales ya tienen un piso de votos garantizado y mayor poder de movilización de electores y de fiscalización. “El que tiene el poder, tiene los fierros”, sintetizó un peronista con vasta experiencia en elecciones, y agregó: “Al votar poca gente, el que tiene la plata, la estructura y la movilidad tiene mejores posibilidades”.

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Ausentismo alto

Entre las cuatro elecciones provinciales que se celebraron este año en Argentina, el promedio de participación fue del 65,07%, muy por debajo de la media nacional, que es del 79,16%. Ese dato surge de cotejar el porcentaje de votantes de todas las elecciones nacionales desarrolladas desde 1983, según los registros de la Dirección Nacional Electoral.

En Misiones, la concurrencia a las urnas fue del 59,53%; en Jujuy, del 70,68%; en Salta, del 64,09%; y en Corrientes, que eligió gobernador, fue del 66,01%. Ninguna de estas cuatro elecciones fueron PASO, sino generales, y aun así hubo menos participación que en años anteriores en esos mismos distritos.

“La participación bajó por distintos motivos. Entre las razones más escuchadas están el temor a los contagios y el descontento sobre la oferta electoral”, evaluó ante este medio Silvana Yazbek, directora del Instituto de la Democracia y Elecciones IDEMOE, que observó todos los comicios realizados este año.

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Yazbek sostuvo que “la apatía para las próximas PASO se funda en que muchos las consideran innecesarias y costosas, además de sentir que cumplirían con votar, pero que, en definitiva, no ‘eligen’ nada”. “Las fuerzas que compiten con los oficialismos deben tomar el dato y promover la participación y el voto afirmativo (hacia candidaturas) evitando el voto en blanco”, agregó.

Por su parte, Carolina Tchintian, directora de Instituciones Políticas del CIPPEC, explicó a este medio que “desde febrero de 2020 a agosto de este año se celebraron en el mundo más de 130 elecciones y este es un dato interesante, porque si bien el contexto es inédito para nuestro país, el desafío ya no lo es”.

“En Argentina estamos acostumbrados a registrar niveles muy altos de participación. Desde 1983 siempre fueron superiores al 70%. Incluso las primarias también tienen un nivel alto, con lo cual la participación en general no es un asunto del cual debamos preocuparnos”, consideró la politóloga, y llamó a “ocuparnos de lo realmente importante, que es elegir a nuestros representantes”.

Para despejar temores por la pandemia, el Gobierno nacional lanzó una fuerte campaña en gráfica, radio y televisión en la que busca garantizar que el proceso no será riesgoso. “Todo el protocolo está orientado a cuidar a las personas durante la jornada de votación. Estamos trabajando para que la gente vaya a votar y se sienta cuidada y segura”, explicó la directora nacional electoral, Diana Quiodo, en declaraciones radiales.

Por la Corresponsalía de Buenos Aires