Twitter estuvo en vilo el día de ayer por la pelea.


La red social Twitter se dice que es un mundo aparte y, muchas veces, las discusiones llegan a niveles inesperados. Eso fue precisamente lo que sucedió ayer con un cruce de palabras entre Néstor Basilotta, el dueño de la fábrica d alfajores Guaymallén, y Facundo Calabró, un influencer con una cuenta llamada Catador de Alfajores.

Todo comenzó cuando el joven, que tiene una cuenta dedicada exclusivamente a hacer reseñas de alfajores y que tiene casi 80 mil seguidores en la red social del pajarito, compartió un sorteo de tres cajas de alfajores Havanna

“¿Tres cajitas le dieron, catador? ¡La próxima le dan tres alfajores! ¡Qué bárbaros! ¡Venga que yo le doy mucho más caviar!”, respondió a la publicación el dueño de los alfajores Guaymallén, Néstor Hugo Basilotta, en referencia sus alfajores de fruta.

Captura Twitter

Hasta ese momento, todo parecía ir bien. El dueño de la empresa se había ofrecido a regalar 20 cajas de la famosa golosina para que el influencer pueda sortearla en sus seguidores, pero el altercado comenzó cuando le pidió que se haga cargo del envío, ya que muchos de los participantes no son de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y según explicó el joven, el gasto para mandarlos es muy elevado.

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“Negociemos: 10 cajas con envíos a todo el país a cargo de Guaymallén. ¡Sea federal!”, escribió el catador. Y Basilotta respondió: “Escúcheme, catador. Le estoy regalando 20 cajas para que las sortee entre sus seguidores. ¿Y encima yo tengo que pagar el envío? Yo no negocio nada. Si no las quiere, sortee 70% cacao y cachafaces”.

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“¿Cómo hago para retirar veinte cajas por Mataderos? ¿Con un camión de mudanza? Después: cada envío, que sale 600 pesos. Ya ahí tengo 12.000 pesos. ¿Se cree que nací en cuna de oro? Guaymallén es un negocio, lo mío es mera filantropía”, continuó el influencer.

Así el ida y vuelta se volvió de lo más extenso, generando una catarata de comentarios de los usuarios y llegando a ser tendencia durante varias horas, con adeptos de uno y otro lado. Lo malo es que al final no hubo alfajores para nadie.




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