Tras el regreso a prisión de su progenitor y abusador, en San Francisco, la víctima contó cómo logró denunciarlo. Fue desoladora y traumatizante la confusión creada por aquella persona que debió cuidarme, dijo.


Luego de que concedieran la prisión domiciliaria a quien había abusado de ella, la joven oriunda de San Francisco contó el desamparo y la indefensión que le produjo saber que su progenitor, condenado hace poco más de un año, había sido excarcelado utilizando como argumento la pandemia del coronavirus.

El jueves pasado, la jueza de Ejecución Penal de aquella ciudad, María Teresa Garay, suspendió la prisión domiciliaria que había dispuesto semanas antes, y el hombre de 61 años volvió a la cárcel de esa ciudad. La resolución anterior le había costado un pedido de juicio político que quedó en suspenso por la agenda legislativa.

La joven expresó que la “alivió haber sido escuchada, y que la señora jueza haya vuelto atrás sobre sus pasos y enmendado su error, revocando la medida”. Y agregó: “Ese jueves mi familia y yo pudimos descansar con mayor tranquilidad”.

A su vez, dijo sentir un cierto efecto “reparador” al saber que su abusador volvió tras las rejas.

“No obstante, me siento dolida por todo lo sucedido y no puedo sentir absoluta tranquilidad de que esto no vuelva a ocurrir. Desconfío del accionar de la señora magistrada ya que hasta hace unos días ratificaba su decisión como acertada”, explicó.

La jueza previamente había otorgado la domiciliaria a su abusador. “Me enoja y me indigna haber sido invisibilizada y revictimizada a causa de su accionar manifiestamente irregular. Lamento muchísimo haber vivido esa situación traumática y me llevará tiempo poder reconstruirme”, expresó.

A esta joven le llevó siete años asumir que lo que le había pasado era un abuso sexual. “Fue desoladora y traumatizante la confusión creada por aquella persona que debió cuidarme”, expresa. Cabe aclarar que “aquella persona” se refiere a su progenitor, al que prefiere no llamar padre.

Según el análisis de las denuncias por delitos contra la integridad sexual registradas en Córdoba y Gran Córdoba durante 2018, el último dato conocido hasta ahora, en el 71 por ciento de las denuncias por violación, el abusador mantenía una relación directa con la víctima: pareja o expareja, padrastro y tío son los vínculos más frecuentemente denunciados, mientras que el progenitor aparece en el cuarto lugar, según los datos de la Dirección de Análisis Criminal de la Policía Judicial.

La joven fue abusada en 2008, cuando tenía 14 años. “Simplemente no sabía qué era eso, no asumí lo que pasaba y me repetía que todo había sido un sueño. Tanto lo negué que lo reprimí y simplemente lo olvidé, como un mecanismo de defensa”, describió.

Cuando tuvo 22 años, pudo ponerle nombre a todo aquello que había soportado y callado hasta ese momento. Supo, entonces, que había sido víctima de abuso sexual. Dos años después dio otro paso fundamental: la denuncia. Tenía 24 años.

El apoyo de su familia y de sus amistades cercanas fue fundamental para atravesar el camino de búsqueda de justicia. “También lo fue tomarme el tiempo necesario para procesarlo, todo cambió el día que comprendí que merezco vivir libremente, en paz”, contó. Y agregó que “ese día, a finales de marzo de 2017, emprendí el camino reparatorio realizando el primer paso de denunciar a mi agresor”.

Casi dos años después, en febrero de 2019, su progenitor fue condenado en un juicio abreviado a ocho años y tres meses de prisión por los abusos sexuales en perjuicio de su hija.

Pero 14 meses después, en plena pandemia, una resolución le permitió cumplir prisión domiciliaria de manera temporal debido a una patología cardíaca que padece y que le requiere asistir al hospital Bernardo Iturraspe.

La medida duró unas pocas semanas, ya que la jueza dio marcha atrás con la resolución y el condenado volvió a la cárcel.

En su descargo, la jueza dijo que intentó contactar a la víctima para avisarle de la medida de prisión domiciliaria pero que los teléfonos de los que disponía no estaban vigentes, y que el detenido había fijado domicilio a más de 200 kilómetros de ella.

La joven no deja de remarcar el agradecimiento hacia quienes la apoyaron en este arduo y largo camino tanto en el plano familiar como en el costado político de accionar contra la jueza.

“Estos sucesos revictimizantes no pueden volver a ocurrir jamás y es imprescindible que aprendamos esto para que las víctimas se animen a hablar, emprendan su camino reparatorio de sanación y que realmente la Justicia las escuche”, cerró.




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