En el barrio Siglo XXI de Salta se puede escuchar constantemente cumbia retro desde un parlante, en la casa de Rolando Antonio “Látigo” Suárez. El salteño, vestido de camisa y jeans, suele lucir sus pasos de baile únicos en la vereda de su casa para entretenimiento de su familia y vecinos.

Con 44 años, el Látigo muestra una actitud, energía y destrezas únicas, que acompañan sus giros, gestos y coordinación mientras baila. Ovacionado por vecinos y conductores que pasan, el bailarín luce su melena ondulada y comparte su alegría desbordante.

Hace pocos días se hizo popular en las redes sociales, cuando su hermano Oscar publicó uno de sus videos en Facebook. En el mismo, se puede ver a Rolando bailando Lucerito, del grupo Sombras. Su hermano subió el video porque el Látigo no tiene celular ni maneja las redes. Su vida es bailar y la música de cumbia retro.

El apodo de Rolando llega porque solía practicar boxeo, y admiraba al exdeportista Juan Martín “Látigo” Coggi, campeón mundial tres veces en la categoría peso superligero, como cuenta el bailarín en diálogo con El Tribuno. El video que lo llevó a la fama se publicó por casualidad, porque su hermano no tenía memoria en el celular, pero no quería borrarlo. Intentó pasarlo por un grupo de WhatsApp familiar, pero accidentalmente lo subió a las redes.

La respuesta al video fue inmediata: el público amó los pasos de baile de cumbia retro. De adolescente, Rolando concurría a bailantas y su ídolo absoluto es Chelo, el líder del grupo Green, a quien sueña con conocer. Entre sus cantantes favoritos también están Víctor Herbas y Daniel Agostini, en honor de quien usa el pelo largo.

El bailarín de cumbia retro tuvo una vida difícil, pero sueña con representar a La Linda en el Bailando por un Sueño.

A pesar de su alegría y vitalidad, el Látigo trabaja como maletero en la Terminal de Ómnibus hace 25 años, y tuvo una infancia muy dura y triste. Vivía de pequeño con su madre quien murió hace tres años, y a los 6 años jugaba a escondidas al fútbol en el Club Libertad porque no lo dejaba su mamá. Vendían empanadas y bollos. Como su padre era no vidente, no podían criarlo, por lo que lo internaron en el Hogar Escuela. Su padre lo buscaba los fines de semana hasta su muerte, cuando Rolando tenía nueve años.

Empezó a trabajar terminando el séptimo grado como lustrabotas, y con el tiempo conoció al encargado de la empresa Atahualpa, quien le permitió salir adelante. Está casado con su esposa Karina y tienen cuatro hijos, Ezequiel, Macarena, Oscar y Rolando. Tiene cinco nietas, y es un abuelo feliz que sueña con representar a Salta en el Bailando por un Sueño. Gracias a una empresa de bailantas, en mayo hará una gira por Bahía Blanca de tres shows en un fin de semana, y está listo para acceder a todas las propuestas.