Hace un año, el Gobierno Nacional decretaba el estado de aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el país ante el crecimiento de casos de COVID-19, el virus que en una cuestión de semanas se regó en todo el mundo con una velocidad inesperada. Por esos días, el abogado Matías Adet vivía un tormento. Había sido confirmado como el primer salteño en contraer la infección, y la sociedad lo culpaba de “haber traído” el virus a la provincia. En medio de una situación familiar triste tuvo que estar aislado de sus seres queridos y soportar escraches que aseguraban que no se había cuidado.

Hoy, un año después, Adet reflexiona sobre lo sucedido porque su caso llegó a judicializarse en un intento, según su opinión, de darle una lección moral a la población para que se cuide. El diagnóstico del abogado se confirmó el 17 de marzo. Unos días antes el había regresado desde España a Argentina, antes había estado en Reino Unido con unos amigos (ellos también fueron imputados). Volvió antes que el grupo porque su papá estaba enfermo y le habían avisado que su estado se había agravado. Tuvo síntomas apenas llegó y decidió aislarse. Ya venía con suficiente información desde el país ibérico. En ese estado estaba cuando le confirmaron el diagnóstico, también cuando su papá murió.

“Se me quiso mostrar como un infractor, como un incumplidor y que me caían encima con todo el peso de la ley para que se cuide el resto porque le iba a pasar lo mismo y mi situación no tiene nada que ver con eso, ni mi realidad, ni el motivo de mi viaje, ni mi situación de salud”, comentó en abogado en una entrevista con El Tribuno.

Cuando la causa contra él fue desestimada por la Justicia Federal sintió que era muy importante que hubiera una voz oficial diciendo “nos equivocamos, esta persona no cometió ningún ilícito”. “Con el fallo no sé si es alivio la palabra para expresar esto. Creo que es lo que yo esperaba que ocurriera, pero no dejó de ser una injusticia”, concluyó.