Florencia tuvo que suplicar e insistir para que la hisoparan luego de enterarse que había estado con un caso positivo. Sin sintomatología, tuvo que soportar el ataque de la gente que dudó de su diagnóstico y el enojo de las personas a las que nombró por haber tenido contacto.


Florencia (27) es de San José de La Dormida. Es mamá de una nena de seis años y diabética, por eso se preocupó mucho cuando se enteró que la dueña de un negocio en el que había estado, había dado positivo a Covid-19. Recordaba que la mujer no tenía barbijo y ella lo tenía mal puesto, por lo que se alarmó ante la situación, por su enfermedad y por tener familiares que constituyen grupos de riesgo.

De inmediato dio aviso al COE local desde donde le indicaron que debía aislarse; sin embargo no le autorizaban el hisopado por no presentar ningún síntoma. “Tras la insistencia y llamados de una amiga hacia el intendente, se me autorizó al tercer día de aislamiento, llegando el resultado 72 horas después”, relata Florencia.

El resultado fue positivo y si no hubiese insistido en su testeo jamás se hubiese enterado que portaba el virus ya que “síntomas jamás tuve”.

Florencia es niñera y comenta que “la enfermedad no me afectó físicamente en nada. Emocionalmente sí, porque no sabés cómo va a reaccionar tu cuerpo, qué hacer sola con la nena, no saber si contagié a alguna persona a la que le pueda afectar gravemente el virus…”, dice aún angustiada.

Florencia reconoce que antes de ser Covid positivo, “estaba muy relajada, pensaba que era algo muy lejano, pero ahora entiendo que no hay que minimizar. Fui un caso con suerte, por así decirlo, porque no tuve síntomas; pero hay gente que realmente la pasó y la pasa mal”.

Ser asintomática le generó el descreimiento de la gente y además, el enojo de parte de las personas con las que había tenido vinculación y que integraban su lista de contactos estrechos: “Me hicieron sentir culpable de contagiarme, de ponerlos en la lista y que se queden sin trabajar… ¡Si entendieran que sólo quise cuidarlos!”, dice aún acongojada por la difícil situación vivida.

Y el ataque no fue sólo a ella, sino también a miembros de su familia: “Mi abuela, de 71 años, fue discriminada. Hizo dedo a un vecino que estaba aislado por estar en mi lista de contactos, y él le reclamó por los 14 días que estuvo sin trabajar; no la quiso traer al pueblo (ella vive en un paraje rural a ocho kilómetros de San José de La Dormida), y venía a hacer las compras”, relató la mujer.

Actualmente, Florencia ya se reincorporó a su trabajo donde sigue recibiendo todo tipo de comentarios: “La gente no está bien informada y fabula o se dedica a difamar a la persona contagiada. Hay que ponerse a leer y reforzar las medidas de seguridad”, aconseja.

Pero en medio de los ataques, la incomprensión y las malas intenciones, Florencia prefiere quedarse con los buenos gestos: “También recibí empatía, solidaridad y apoyo de muchísimas personas que sin dudas hicieron que este mal momento fuese más pasadero”, asegura.

Con cuidados extras, Florencia cumplió su aislamiento junto a su hija, sin compartir ningún utensilio y manteniendo el barbijo todo el tiempo. Así pasaron su cumpleaños, las dos solitas, pero con la alegría de tenerse una a la otra, y con la tranquilidad de no haber contagiado a nadie más.




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