El enigma del cacique y la cautiva

por Ximena Pascutti

Hace 120 años, una jovencita porteña anotaba en un cuaderno de canciones el nombre del posible autor de La Cautiva, la célebre serenata cantada por Cafrune, cuyo origen se desconoce. Sus nietos, que hoy atesoran aquel antiguo cancionero, creen tener la clave para resolver este misterio del folclore nacional.

Faltaba poco para el 1900 y Buenos Aires bullía de vida en sus contrastes. Los despampanantes edificios de la Avenida de Mayo y la última moda francesa de sus señoras de alcurnia (faldas con polisón, trajecito entallado con botones, sombreros de flores) coexistían con las grandes olas de inmigrantes que comenzaban a tejer su historia en los conventillos del Sur. Los ecos de la fiebre amarilla aún se dejaban ver en las calles, en los atuendos de los porteños de luto, mientras a metros circulaban los primeros autos con motor a explosión.

En esa Buenos Aires variopinta crecía Angélica Ernestina Candelaria -Tanita para todos-, quien no llegaba a los veinte años y pertenecía a una de las familias más antiguas del país, los Cadret Amadeo, con raíces porteñas y europeas.

Pese a su juventud Tana era una música eximia: tocaba el arpa, el piano y la guitarra, y encandilaba a todos cuando comenzaba a cantar. Su debilidad era el folclore, y atesoraba las letras de sus canciones preferidas en un gran cuaderno de actas que había quedado en desuso, con lomo de tela y cubierta de cuero marrón. Allí había empezado a anotar versos y serenatas de su época, al pie de los cuales un puñado de asteriscos agregaban siempre algo importante: las explicaciones de algún término desconocido y, por supuesto, el autor.

Angélica Ernestina Candelaria Cadret Amadeo era una joven porteña con un gran talento para la música.

La vida de Tana siguió su curso, se casó con Sulpicio Antonio Gómez, tuvieron un jardín de hijos y nietos. Y aquel viejo cancionero también tuvo su derrotero familiar hasta llegar a manos de sus nietos Esther Juana (89) y Abel Sulpicio Echazú (87). Fueron ellos, también amantes del folclore, quienes hace un tiempo dieron con lo que creen un hallazgo: el posible autor de “La Cautiva”, la célebre serenata cantada por Jorge Cafrune, que cuenta el amor declamado por un cacique guaraní a la mujer blanca a la que había secuestrado: él prometía sus riquezas a cambio de su amor y ella rogaba por su libertad.

Esther Juana Echazú y Abel Sulpicio Echazú, los nietos de “Tanita”, tienen pasión por el folclore y creen haber resuelto el enigma de “La Cautiva”. (Foto Federico Lopez Claro)

“Yo escuchaba esta canción de chica y me parecía hermosa, pero fue hace un tiempo, al ver el cuaderno de nuestra abuela, que descubrimos que el autor podía ser Washington Bermúdez. Y ahí se nos dio por averiguar”, cuenta Esther Echazú a ViaDocumentos. “Creemos que la canción, o al menos el poema en que se inspira pertenece a este poeta uruguayo. Así está claramente anotado en el cuaderno de Tana, donde figura el texto completo del poema original, titulado ‘La toldería, fragmento de una leyenda. El cacique y su favorita”, asegura.

Abel Sulpicio Echazú, investigador histórico y también nieto de Tana, refuerza esta hipótesis: “Son muchas coincidencias. El cancionero de mi abuela es contemporáneo de Bermúdez. Por otra parte, ella viajaba mucho a Montevideo porque desde allá partían los barcos hacia Europa, así que tranquilamente podría haber leído el poema completo en alguna de las revistas uruguayas que este hombre dirigía. Bermúdez era un reconocido periodista y poeta de la época. ¿Sino Tanita de dónde lo sacaría?”.

En el cuaderno de “Tana” “La Cautiva” tiene 253 versos y revela una historia que termina en tragedia. (Foto Federico Lopez Claro)

El antiguo cuaderno de Tana atesora una versión mucho más larga -253 versos- que el tema musical “La Cautiva” que, tanto en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (SADAIC) como en su par uruguaya, figura como anónimo.

“Cuando uno escucha la canción, pareciera una declaración de amor del cacique a la cautiva, pero cuando se lee el poema entero se revela una historia que termina mal –aclara Abel Sulpicio-. Porque como el cacique no es correspondido por la mujer, termina asesinándola, un femicidio. Terrible”.

Abel y Esther creen que su abuela pudo haber registrado en su cuaderno el poema en uno de sus tantos pasos por Uruguay, desde donde solía partir a Europa. (Foto Federico Lopez Claro)

ViaDocumentos también consultó al reconocido investigador del folclore y escritor salteño Juan Carlos Fiorillo para ahondar en esta historia.

¿El poema o la canción “La Cautiva” podría ser de Washington Bermúdez, o haber pasado por él?

Y, puede ser… A comienzos del siglo XX, Bermúdez escribía en los diarios más importantes de Montevideo, podría haberlo publicado. Pero sobre el origen de “La Cautiva” hay, por lo menos, diez teorías. Porque el folclore tiene que ver precisamente con eso, con lo que pasa de boca en boca a lo largo del tiempo, de los siglos, lo que no está oficializado. En su corazón está la narración oral. Si pudiéramos datar y adjudicar tan fácilmente las canciones a alguien, estaríamos hablando de historia y no de folclore. Y lo que sucede con esta canción es algo muy propio del género.

Es curioso que esta célebre serenata de nuestro folclore cuente con varios términos árabes y guaraníes. ¿Cuál habrá sido su derrotero popular?

“La Cautiva” proviene de una leyenda española tomada de los moros, que ocuparon España por ocho siglos. De alguna manera que desconocemos, esa leyenda se convierte en poema y llega al Río de la Plata. Es posible que el poeta uruguayo Bermúdez la versionara, pero hoy no contamos con documentación para asegurarlo. Es seguro que la leyenda sale de España, por sus términos árabes; y tal vez pasó por Paraguay, por sus palabras en guaraní. Pero también dicen que se volvió canción en Santa Fe, en Buenos Aires, en Córdoba…

Justamente hay otra versión que adjudica la canción al cantor y compositor cordobés Edmundo Cartos.

Exacto. Esa versión me la contó alguna vez el mismo hijo de Cartos. Según él, había en Córdoba un bar donde solían reunirse a guitarrear compositores y músicos; y allí alguien recito el poema “La Cautiva” y un músico amigo de Cartos queda fascinado, lo trascribió y se lo pasó. Cartos habría adaptado sus versos para grabarla, pero esa versión se perdió. De acuerdo a esta versión, el tema pasa de Cartos a Cafrune, quien la graba y la hace famosa. ¿Quién la llevó de leyenda a poesía, y de poesía a canción? Como vemos, puede ser cualquiera de ellos. Y eso es lo maravilloso del folclore, que surca el tiempo y está hecho por todos.