En un verde prado, arropado por los colores celeste y blanco que tanto amó y defendió, y con el eco de un “Maradooo, Maradoooo...” que no se extinguirá. Así tenía que ser la despedida final a Diego Maradona.

A las 19.43 de este jueves fue sepultado en el cementerio de Bella Vista, cerca de sus padres, después de un cortejo estremecedor y multitudinario digno de un rey. De un rey del pueblo.

Desde el mediodía del miércoles 25 de noviembre en que se dio a conocer su muerte, fueron horas delirantes, de tristeza infinita. En las que ocurrió de todo, como en la vida misma de Diego.

Desde el impacto global que causó su muerte, entendible en Nápoles, impensado en Inglaterra, conmovedor en cada rincón del país y en cada cancha del planeta fútbol; y hasta el dramático momento del adiós.

No sólo para los maradonianos de estirpe. También para cada alma sensible que se asombró ante la magnitud del duelo. Aquí y en la China. Porque, como en cada rasgo saliente de Maradona, su muerte no podía pasar desapercibida.

Desde que se supo la noticia aciaga, fue tendencia en las redes superando incluso a las del coronavirus, que parecían imbatibles. Todos los canales, los medios, los mensajes por whatsapp, las charlas virtuales y presenciales... Todos los caminos conducían a un mundo hecho pelota. El día en que la Tierra se detuvo.

Todos le dedicaron sus mejores canciones y palabras de despedida y gratitud. Nadie podría abstraerse. Ni los que lo idolatraban, ni los que lo despreciaban. Aunque no les provocara empatía, aunque les genere pulsión, aunque sigan despedazando al negro villero con el lecho de muerte aún tibio. Hablarían de Maradona. Nadie estaría al margen del cataclismo.

Y aunque algunos critiquen los desbordes, miserablemente, con esa envidia de sentirse tan lejanos a un genuino calor popular, y discutan en la torpe polémica de cuánto debía durar el funeral y dónde hacerlo; la respuesta se impuso en las calles. Estentórea, vibrante y contundente; como ante cada proeza del 10.

El luto cerrado se prolongará largo tiempo, el fútbol será a media asta, el deporte más lindo del mundo ha perdido mucho de su brillo y la pelota andará llorando por los rincones, como tantos de nosotros, sus devotos. Eternamente.

Diego Maradona, el inmortal, ahora descansa en el verde césped. Sepultado con la bandera Argentina, destinada a los héroes. Así tenía que ser. Amén.