Laburos difíciles: la lucha contra las plagas en los campos



Daniel Igarzábal es ingeniero agrónomo, especialista en control biológico de plagas. En esta nota explica cómo es eliminar un ser vivo utilizando otro.

Por Fabricio Esperanza.

La provincia de Córdoba aportó este año una cosecha de 36 millones de toneladas de granos, una cifra histórica a la que nunca se había llegado. Para alcanzar estos rindes, es necesaria la aplicación de un paquete tecnológico en el proceso de siembra y cosecha, que incluye la lucha contra plagas que se comen los cultivos o los dañan. En épocas donde los productos químicos están en el centro del debate, existen otras alternativas para hacer frente a este problema. El ingeniero agrónomo Daniel Igarzábal es considerado uno de los principales especialistas en el país en control biológico de plagas. En diálogo con Día a Día, Daniel cuenta de qué se trata este mecanismo que utiliza un ser vivo para borrar otro.

–¿Técnicamente como se denomina tu especialidad?

–Manejo de plagas, y dentro de ella está el control biológico. Pero primero hay que aclarar algo: todos los productos alimenticios que uno consume salen del campo. Entre las materias primas están los cultivos, que no son otra cosa que una misma especie de planta puesta una al lado de la otra en grandes superficies. Cuando uno saca la vegetación natural y pone una sola especie, produce tal vez el desfasaje ecológico más grande que el hombre realice sobre el planeta, porque hay pérdida de diversidad, y la diversidad es equilibrio. Entonces, ante la presencia de una sola especie vegetal, hay otras especies, como algunos insectos, que se alimentan de eso. Para que el cultivo no tenga daños, tiene que ser defendido.

–¿Y cuáles son esas defensas?

–Una opción es la aplicación de productos químicos, que si se hace en el marco de las reglamentaciones, no tendría que implicar riesgos. Pero como se usa casi siempre lo mismo, la plaga se acostumbra. Nosotros estamos trabajando para que otra opción sea el control biológico, que básicamente consiste en usar la naturaleza contra la naturaleza misma. Hablando en criollo: bichos que son comidos por otros bichos.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, hay ciertos tipos de avispitas muy chicas, en una cabeza de alfiler pueden caber 5 ó 6. Se alimentan del contenido de los huevos de los gusanos, del embrión. Son lo que se llaman “controladores biológicos”. Hay insectos más grandes, predadores, que en vez del embrión se comen directamente el gusano, es decir que dentro de este equilibrio del sistema existen distintos niveles.

–¿Cómo se aplica este método en un campo?

Hay que producir huevos para que sean parasitados, criar las avispitas, tenerlas en cámaras climatizadas, y generar una gran cantidad para que luego se puedan distribuir en el campo.

–¿Cómo se distribuyen?

–De la misma manera que un control químico: hay que situarlas sobre la superficie para que actúen. En algunos países esto es manual, con personas trabajando por el campo. Lo que estamos tratando de hacer nosotros es incorporar la tecnología: lograr un control en el mismo tiempo, con la misma eficacia e igual costo que un control químico.

–¿Tecnología? ¿Y qué aparato se utilizaría?

–Drones. Hicimos el diseño, ya tenemos los aparatos y desarrollamos la mecánica de aplicación, algo absolutamente novedoso.

–Pero…, ¿cómo se logra que el bicho usado como “controlador” no se desbande?

–Para eso están los estudios de impacto, a través de los cuales se elige el parásito adecuado para que al poco tiempo, desaparezca. Por eso, es muy importante la elección del bicho, que debe ser nativo, para empezar. Ambientalmente no hay ningún riesgo. En Brasil se hacen 10 millones de hectáreas de caña de azúcar con control biológico, aquí solo 10 mil. Pero es el desafío, hacer aquí eso con el maíz.