Tuvieron que adaptar todo el contenido para dar clases a distancia e incluso tener en cuenta a quienes no tenían acceso a Internet. Tres profes cordobesas cuentan cómo vivieron este período.


“Se avanzó 10 años en lo que es educación virtual de golpe en dos meses”, con esa frase el rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Hugo Juri, representaba los cambios que vivió la educación desde el jueves 19 de marzo, día en que el presidente Alberto Fernández decretó la cuarentena obligatoria por el avance de la pandemia de coronavirus.

Pero para que ese avance, del que habló Juri, se concretara los docentes tuvieron que trabajar y mucho. Ya conocimos el testimonio de jóvenes de sexto año, ahora desde Vía Córdoba buscamos el relato de tres docentes que nos contaron cómo transitaron esta estapa.

“Cuando se decidió la cuarentena al otro día fuimos y armamos tarea como para 15 días. Lo hicimos formato papel y lo dejamos frente a la escuela, en la fotocopiadora. Pensábamos que era 15 dias”, arrancó relatando Andrea Bono, directora de un colegio urbano marginal de la ciudad de Córdoba.

Si bien durante la cuarentena se comenzaron a nombrar con más fuerza plataformas como Zoom, Meet o Clasroom, no todos los alumnos tenían ni tienen el mismo acceso a internet o la posibilidad utilizar una computadora o teléfono celular.

“Lo mas negativo de todo esto es la falta de igualdad de oportunidades que se han acentuado. La triste realidad a la que uno se enfrenta con respecto a la acceso a la tecnología que tienen. Eso repercute en las posibilidades y rendimiento”, opina al respecto Pilar Hermann, docente en un colegio primario y en otro secundario.

Justamente todo esto obligó a agudizar el ingenio y empezar a pensar en cada caso en particular. “El no saber cómo interrogó la función del docente. Algunos docentes estabamos cómodos con algunas formas didácticas y eso se sacudió y abrió nuevas puertas que vamos a reutilizar o sostener”, analizó Eugenia Arnaudi, profesora en un colegio secundario de gestión privada.

Plantear nuevas estrategias

La principal estrategia a esta contingencia que encontraron desde los colegios públicos fue la entrega de material junto con el módulo alimentario. “Hicimos cuadernillos con ayuda de la cooperadora. Cuando entregábamos los módulos entregábamos los cuadernillos. Las seños trabajaron mucho voluntariamente. Mientras los papas hacían la cola les enseñaban a usar el teléfono. Eso fue muy productivo. Porque de a poco se fue acoplando la tecnología”, especificó Andrea.

Docentes decidieron entregar cuadernillos junto a los módulos alimentarios.

La diferencia más notoria que se dio en estos casos fue que en la escuela privada el dictado de clases se hacía todos los días y de manera virtual, mientras que en los colegios públicos se optó por utilizar la virtualidad como forma de encuentro entre los docentes y alumnos mediante meriendas o desayunos virtuales o una vez cada tanto para corregir trabajos. Aún así desde la escuela privada también debieron adaptarse en este sentido.

“Los estudiantes se convocaban en una tercera parte y los que no tenían el recurso nos llevaron a inventar mil formas de llegar al estudiante. Realmente hemos impreso, enviado a través de transporte. Paradójicamente hubo algunos que no pudieron y siguen bastante al margen”, se lamentó Eugenia.

Mientras que por su parte, Andrea explicó: “Los lugares mas carenciados no tienen los medios, no tienen Internet, no tienen la forma ni el conocimiento. El que tiene las herramientas va a avanzar mucho más. A veces no tienen ni el lugar para sentarse a hacer la tarea o tomar la clase virtual. En cada entrega de módulos se ve cada vez más la desesperación”. 

Aún así, todos los alumnos, tanto de aquellos que asistían a establecimientos de gestión privada como pública, debían enviar los trabajas prácticos o tareas por mail o WhatsApp. Esto también presentó una dificultad. 

Docentes decidieron entregar cuadernillos junto a los módulos alimentarios.

“En abril hicimos el primer balance y estabamos decepcionados porque teníamos 40% de gente que había hecho devoluciones virtuales. Las seños se capacitaron. De a poco se empezaron a animar, hacían videos, fueron buscando distintas herramientas. En el último balance ya el 80 u 85% se había sumado“, puntualizó Andrea.

Mientras que la experiencia de Eugenia fue diferente: “Establecer con un adolescente costó un montón. Tenían que levantarse a tomar las clases y no lo hacían. Al principio las primeras cuatro semanas fue solo por aula virtual, no tuvimos nada. Con el tiempo fuimos abriendo las clases Zoom y Meet y usando las plataformas para dar clases. No tenían toda la carga horaria, una o dos clases. Nos dijeron que más de tres horas les resultaba muy bravo y no lo podían lograr. Se llegó a un máximo de tres clases por mañana”.

Por su parte, Pilar contó: “He recibido muchísima mejor respuesta en el primario. El compromiso de los padres fue mayor. Si bien no todos han entregado el 100%, son muy pocos que no ha presentado nunca nada. En la primaria todas las actividades las envían al mail”.

Pero su experiencia en el secundario no fue igual: “Muy pocos alumnos envían el mail y la mayoría la manda al WhatsApp. los pocos que en un principio te enviaban al mail después la mandaron al WhatsApp. El 95% son fotos de hojas de carpeta. Corregir eso es un esfuerzo sobrehumano porque no siempre están bien sacadas o están escritas en lápiz o tienen poca luz”.

Y remarca: “He dado clases de Meet. En el secundario la asistencia no llegaba ni a un 20% y con suerte uno con cámara encendida, el resto no la enciende. En primaria he llegado a tener hasta 15 y todos con cámara encendía. En el secundario he tenido que tener comunicaciones con los padres y ni aun así hemos logrado que presenten un trabajo practico. Hay de todo”.

Siempre hay cosas para rescatar

Pero de toda situación siempre se puede sacar algo positivo y las tres docentes pudieron valorarlo en este aspecto. “Si vos me decís positivo, se afianzaron mas los lazos, las chicas han hecho unos actos espectaculares. La participación de la familia ha sido increíble. Hay familias que no saben leer ni escribir y se han involucrado”, rescató Andrea.

Mientras que Eugenia valoró: “Fue una novedad tener mucho más ida y vuelta con los padres. Que la escuela salió y no bajó los brazos, que armó los equipos para procesar la novedad. Caminó recursos que no conocía. Los docentes pusimos al servicio lo que teníamos, celulares, banda de internet, bibliografía online. Vale la pena. Fundamentalmente revaloriza que la educación se puede reinventar a la época o a lo que le toque vivir a la humanidad”.

“De positivo la continuidad que hubo en materia educativa, el nexo que se ha logrado, los lazos con la familia en primaria es impresionante. Mucho agradecimiento y en secundaria también. Pero los mismos papas te dicen profe gracias”, consideró Pilar.

El contacto personal, lo irremplazable

Lógicamente que este esfuerzo demandó muchas más horas de trabajo por parte de los docentes y también generó un cambio. Aún así, las tres coincidieron en que la virtualidad nunca va a poder reemplazar todo lo positivo que tiene el contacto cara a cara con el alumno.

“Cuando estamos en la presencialidad la escuela es muy importante porque garantiza que al menos una vez al día coman. Honestamente los maestros de alguna forma tejen redes para conseguir lo que los alumnos necesiten. Además, garantiza que esas seis horas los chicos puedan estar en otra realidad”, puntualizó Andrea.

Por su parte, Eugenia analizó: “No es igual, porque la presencia del docente en algún punto propicia el encuentro mas humano. La propuesta se enriquece con el contacto con el alumno, largamos propuestas mas globalizadas. Adquirió mucho valor el equipo escolar: psicólogo, psicopedagogo, el médico de la comunidad”.




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