Cuando pensamos en conectar con la rica cultura japonesa desde Buenos Aires, es probable que la primera opción sea dar un paseo por el Jardín Japonés de Palermo. Sin embargo, existe también un pedacito de Japón que se esconde a pocos kilómetros, en la localidad de San Isidro: una casona diseñada hace más de 300 años y traída directamente desde el país asiático.

La increíble historia de esta casa comienza con el sueño de Guillermo Bierregaard y su esposa, Patricia. La pareja argentina vivió en Tokio durante 32 años y, cuando decidieron regresar a Buenos Aires, sentían la necesidad de traer un pedacito de esa milenaria cultura y compartirla.

Patricia y Guillermo Bierregaard.(Foto: Gentileza Clarín / Fernando de la Orden)

Fue entonces cuando les ofrecieron una típica casona japonesa diseñada hace 300 años y ubicada en la zona montañosa de Fukui. Los argentinos lo vieron como la oportunidad perfecta: se mudaron a San Isidro con sus pertenencias, sus valiosas piezas de arte e incluyeron en su mudanza la mismísima casa.

Esta construcción, llamada “Minka”, es una casona típica de los campos japoneses del siglo XVIII. Allí las casas eran pequeñas y humildes, aunque existían estos espacios de uso común donde se reunían los campesinos de la región.

Cuentan con más de 850 piezas de arte, entre cerámicas, canastas, esculturas, kimonos, instalaciones.(Foto: Gentileza Clarín / Fernando de la Orden)

La edificación que adquirió la pareja argentina fue separada en piezas que fueron trasladadas desde su lugar de origen -a 300 kilómetros de la ciudad Kioto- hacia el puerto de Nagoya. Pero allí, antes de embarcar los fragmentos a Buenos Aires, armaron parte del esqueleto de la casa, algo que llevó cinco años. Finalmente, la construcción se embarcó hacia Buenos Aires y llegó en 1984.

Guillermo y Patricia contrataron a cuatro carpinteros japoneses especializados en este tipo de construcciones que en tres semanas levantaron la casona en un predio de Boulogne, en la calle San Martín al 1596.

La increíble casona traída desde Japón a San Isidro.(Foto: Gentileza Clarín / Fernando de la Orden)

Esta joya arquitectónica, que ocupa mil metros cuadrados, se armó mediante juegos de encastres, columnas, vigas de pino, sogas y bambú, que se encuentran sobre una base de piedra.

Según el detallado relato de Judith Savloff, quién recorrió la casona y relató su experiencia para Clarín, la construcción “es imponente y austera, hecha con troncos, sogas, cañas y vidrio en vez de paredes, es un pasaje directo a un espacio tradicional de ese país de Oriente”.

“La austeridad de los materiales y de la construcción de la Minka viene dada por la pobreza de las aldeas rurales. Los campesinos usaban lo más barato y a mano, y era muy poco. Hasta el siglo XIX, en lugar de vidrio, en Japón, utilizaron papel”, explicó Guillermo en diálogo con Savloff.

La increíble casona traída desde Japón a San Isidro.(Foto: Gentileza Clarín / Fernando de la Orden)

Además, el dueño de la casa explica que, en la cultura tradicional japonesa, el jardín está integrado a la casa y se considera parte del hogar: “Por eso, desde la Minka siempre que se quiera se puede ver el jardín. Al contrario de lo que se cree, el jardín japonés no es ‘natural’. Se toman diseños de la naturaleza, se les da escala humana y se lo ordena con precisión”.

Actualmente, la casona recibe visitas y una algunas de sus habitaciones se convirtieron en un museo llamado “La Casa de Japón”, donde exponen el diez por ciento de las más de 850 piezas de arte japonés que trajeron en su viaje. Para visitar la “Minka” se debe acordar una visita por teléfono al 4737-9293 y la entrada cuesta $300.

Fuente: Clarín, Judith Savloff.