"Existe la amenaza de muerte si sus planes fallan", sostuvo en 1943 un documento de 229 páginas, elaborado a pedido de la agencia de inteligencia estadounidense.


En octubre de 1943, los aliados avanzaban en todos los campos de combate. Ya se había producido el desembarco en Normandía (el 6 de junio de ese año) y en los frentes Occidental y Oriental grandes unidades de guerra se desplazaban rumbo a Berlín (Alemania) mientras los cielos se poblaban de aviones que machacaban a las ciudades germanas.

En este contexto, el general William “Wild Bill” J. Donovan, jefe de la Oficina de Asuntos Estratégicos (OSS), agencia de inteligencia estadounidense, antecesora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), luego de recolectar numerosos antecedentes del dictador alemán Adolfo Hitler, recibió del psiquiatra Henry A. Murray, director de la Clínica Psicológica de Harvard y compañero de estudios del presidente Franklin D. Roosevelt, un informe titulado “Análisis de la personalidad de Adolf Hitler”.

El informe titulado “Análisis de la personalidad de Adolf Hitler” revelaba aspectos de su forma de ser.

En él, se realizaban “predicciones sobre su comportamiento futuro y sugerencias para tratar con él ahora y después de la rendición de Alemania”. El trabajo de 229 páginas desmenuzó cada una de las particularidades de la personalidad del Führer con el interés de anticipar cuál sería su comportamiento ante la casi segura derrota de Alemania.

La OSS buscaba comprender la psique nacional alemana y convertirla en una “nación amante de la paz”. Murray era un profesional altamente capacitado para la tarea y considerado el padre de la escuela que trataba “la teoría de las necesidades” de la personalidad.

El estudio elaborado por el analista llevó a considerar que frente a la derrota cabía la seria posibilidad de que Hitler se suicidara.

Murray consideró que Hitler era “una persona muy rencorosa y vengativa, poco tolerante con las críticas y con tendencia a menospreciar a la gente”, y que además “tenía una gran confianza en sí mismo y era altamente perseverante frente a la derrota, aunque le costaba admitirlo”.

Esta idea llevó al analista a considerar que frente a la derrota cabía la seria posibilidad de que Hitler se suicidara. “Presenta una poderosa compulsión a sacrificarse a sí mismo y a Alemania a morir, empujando a toda Europa con él hacia el abismo”, detalló en el informe.

Murray consideró que Hitler era “una persona muy rencorosa y vengativa, poco tolerante con las críticas y con tendencia a menospreciar a la gente”.

Lo cierto fue que el 30 de abril de 1945, cuando los rusos estaban a metros de su búnker, el jefe alemán se disparó un tiro en la sien con su pistola Walter PPK y previamente mordió una cápsula de cianuro.

Murray consideraba a Hitler como “un paranoico total, incapaz de mantener relaciones humanas normales” del que era “imposible esperar ninguna piedad”. Asimismo, el especialista calificó su personalidad como “narcisismo contractivo”.

Murray consideraba a Hitler como “un paranoico total, incapaz de mantener relaciones humanas normales” del que era “imposible esperar ninguna piedad”.

Para el analista, según le relataron viejas parejas, Hitler era “un masoquista de pleno derecho” a quienes humilló y abusó. Cuenta el médico que cuando era un niño de 12 años, fue obligado a participar de un experimento sexual con una niña y más tarde pareció haber desarrollado syphilofobia, un miedo anormal a la contaminación de la sangre con sífilis a través del contacto con una mujer.

Hitler era conocido por su apretón de manos débil y tener las palmas “húmedas y pegajosas”, pero su presencia era “hipnótica”, según Murray. Sus ojos eran considerados como “muertos e impersonales” y tenía “una altura ligeramente por debajo de la media, entradas en el cabello, labios delgados y manos notablemente bien formadas”.




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