Este viernes 24 de septiembre, el ilusionista de Tandil y reconocido a nivel internacional, René Lavand, cumpliría 93 años. A pesar de su fallecimiento en 2015, su legado permanece intacto en la ciudad, donde todos lo recuerdan por su sencillez, talento y su historia de vida.

“No se puede hacer más lento”, dijo años atrás René Lavand, una frase que retumba hasta la actualidad, que la conciencia colectiva recuerda y que marcó el comienzo de su carrera, aunque que la primera vez que la dijo no fue con un mazo de cartas en sus manos y en un estudio de televisión.

René Lavand, uno de los ilusionistas argentinos más famosos.

Aquella mítica frase de René Lavand, que en la actualidad se repite diariamente en el programa que conduce Beto Casella y que se convirtió hasta en un meme, la dijo por primera vez allá lejos por 1935, cuando a los siete años de edad y acompañado por su tía Juana fueron a un espectáculo a cargo de un mago panameño llamado Chang, al que le pedía a gritos “hágalo más lento” para así memorizarlo, aunque no hubo caso.

Desde chico fue un apasionado por las barajas. En diálogo con Vía Tandil, Lauro Lavandera, uno de sus hijos, cuenta el amor que tenía su padre por las cartas. “El ilusionismo lo fascinó desde la infancia. Creo que su vida giro en torno a ello: le dio grandes satisfacciones, y un propósito en la vida”, confiesa.

¿Quién fue René Lavand?

Héctor René Lavandera nació el 24 de septiembre de 1928. Hijo único de Antonio Lavandera y Sara Fernández, vivió sus primeros años en Buenos Aires, y por el trabajo de su padre, años después se mudaron al interior de la provincia bonaerense, precisamente a Coronel Suárez, en donde su vida cambió por completo.

El ilusionista cumpliría 93 años.

El pequeño René, el que tiempo después se convertiría por nombre de pila por decisión propia, tenía prohibido cruzar la calle. ¿El motivo? Su madre sentía que a sus nueve años no medía los peligros que había afuera de su casa, y su presentimiento materno le daría la razón tiempo después.

El accidente en su mano y el “barajar de nuevo” en su vida

Es que a pesar de la insistencia de sus padres, René decidió cruzar la calle para jugar con sus amigos, y allí sucedió lo impensado: un joven de 17 años que horas antes le había robado el auto a sus padres lo atropelló, lo que hizo que el brazo del niño de nueve años estallara.

Los médicos pensaron lo peor: debían amputarle el brazo completo, pero una decisión de último momento hizo que tan sólo le extirparan hasta el codo.

La baraja de ilusiones se desmoronó. Su mano derecha ya no estaba y era la que utilizaba diariamente para comer, para escribir, pero sobre todas las cosas para hacer sus trucos de magia. A pesar de altibajos, nada lo detuvo en su camino a convertirse en el ilusionista más reconocido de Argentina.

“La magia, el ilusionismo y las cartas eran todo para el, era un experto en cartas. Era un pensador, perfeccionista y un genio, un maestro: era René, único e irrepetible”, confiesa Ariel Domínguez, ilusionista de Tandil y una de las personas que estuvo junto a Lavand durante largos años hasta el último día de vida.

Si bien el accidente, que hizo que perdiera su brazo derecho, cambió todos sus planes y lo obligó a reinventarse, el ilusionista puso en segundo orden pasiones como el tenis de mesa y la pelota paleta, y se dedicó plenamente a las barajas, a pesar de las presiones económicas que aparecían.

A pesar de que todos los manuales enseñaban trucos para hacer con ambas manos, su manía autodidacta por aprender lo convirtió en alguien único. Hasta el mismísimo David Copperfield quedó maravillado y pidió encontrarse con él para felicitarlo.

Tandil, su lugar en el mundo

A los 14 años fue la primera vez que René pisó Tandil, y en ese instante, hasta el último día de su vida allá en su cabaña ubicada en el barrio Uncas, vivió los días más felices de su vida. Es que una oferta laboral de su madre, que era maestra, llevó a la familia Lavanda - Fernández a residir completamente en la ciudad.

Con el apoyo de sus padres, y también de su alrededor, logró dedicarse a lo que tanto amaba, pero también para tener sustento económico trabajó en el Banco Nación de Tandil.

El ilusionista cumpliría 93 años.

Allí, según cuentan las historias y anécdotas que surgen en cercanías a la institución ubicada en las calles Pinto y Rodríguez, era René el que animaba con su magia a sus compañeros después de trabajar: todos quedaban atónitos.

Sus giras y recorrido internacional

Su arte en el ilusionismo lo llevó a comenzar a dar shows en el hotel Continental, y allí pegó el salto a la televisión, más precisamente en el programa “El Show de Pinocho”, de Mareco, para luego recorrer el mundo entero.

Estuvo en Europa, Japón y Las Vegas, hizo un espectáculo exclusivo ante el narco colombiano Gilberto Rodríguez Orejuela; estuvo en los programas de Ed Sullivan y Johnny Carson y conquistó Madrid.

Sus últimos días en Tandil

Sus técnicas, y no “trucos”, palabra que según recuerdan sus más cercanos odiaba reproducirla, lo acompañaron hasta el último día de vida, con trabajos que quedaron en el tintero tras su muerte. “La magia aplicada a su profesión era casi un insulto para mi papá. Prefería dejar el termino para otras cosas como el amor o llegar a fin de mes”, relata, entre risas, Lauro.

“Las cartas lo mantuvieron activo hasta el final”, confiesa su hijo, que reconoce que fueron su compañía en momentos difíciles. En sus últimos días de vida, René aún tenía planes para perfeccionar su tan bello arte.

“Íbamos a grabar un video técnico sobre navajas que cambiaban de colores, una técnica que presentó poco porque cuando la hizo conquisto a Nora (su segunda esposa) y ahí me dijo que ese juego había cumplido su misión y que no había que hacerlo más”, recuerda, entre risas Ariel, que rememora aquellas tardes en el centro de Tandil mientras acompañaba a un René al que no veía como un maestro, sino simplemente como un amigo.

El ilusionista cumpliría 93 años.

Anécdotas y el legado eterno del ilusionismo

Su recuerdo está en la memoria colectiva de familiares y amigos, aunque su hijo Lauro mantiene una anécdota que lo hace acercarse a René y sentirlo como en aquellos años en donde ambos recorrían el mundo entero.

“A pocos meses para que cumpliera sus 79 años, lo acompañe a una gira por España. Allí le hicieron una larga nota para un medio local y al día siguiente llegó el diario con el título ‘el octogenario mago argentino’, y bronca e indignación dijo: ‘¿Octogenario?’, si me falta un montón para los 80″, rememora y no olvida su hijo, a seis años de su fallecimiento.

Con 86 años y una extensa trayectoria, murió en 2015 en la clínica Chacabuco de Tandil como consecuencia de una neumonía y si bien no está su presencia física, en la ciudad desde 2012 se encuentra vigente en los jardines del Palacio Municipal, en donde hay una estatua del ilusionista, a modo de homenaje.