El joven puntano a pesar de haber sido excluido al comienzo de la carrera, en la UNSL, creó un pentagrama en braille y logró que lo dejaran cursar las materias musicales. Hoy es alumno regular. 


Nahuel Muñoz tiene 22 años, es padre de una beba de 2 meses llamada Aymara, además es músico y estudiante del Profesorado de Música Popular Latinoamericana en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL). Tras un accidente a los 16 años perdió la vista completamente; allí comenzó un desafío y manera de vivir que jamás hubiera imaginado. 

Tras el accidente, Nahuel en plena adolescencia tuvo que someterse a varias operaciones, con la esperanza de mejorar su calidad de vida, y tres años después de que le pegaran con una manopla en la cara, no logró ver nunca más. La música lo mantiene conectado con la realidad y esa guitarra que su padre le regaló apenas ocurrió el accidente fue el ancla que lo aferró a la vida y le fijó un rumbo.

Nahuel Muñoz, el joven puntano que lucha por sus sueños.

En diálogo con El Diario de la República relató que: “Me enfrenté a un montón de obstáculos pero dije, ‘no me puedo quedar sentado y deprimido, tengo que buscar la forma de disfrutar la vida por eso escribo canciones sólo de testimonios verídicos, experiencias de personas que sean un aliento a la vida” y añadió que ahí se dio cuenta que había nacido para eso y que la única forma de transmitirlo era enseñando, como por ejemplo a un grupo de más de 40 niños en un centro comunitario. “Era todo a oído, no sabía nada de partituras ni pentagramas. Por suerte podíamos comunicarnos bien con mis estudiantes, ellos sabían entenderme”.

​En el 2017 se propuso uno de los desafíos mas grandes para su vida: estudiar en la universidad. “Estaba acostado como a la una de la mañana y le dije a mi señora ‘fíjate si no abrieron alguna carrera en la UNSL’ y me dijo que estaba el profesorado de música. Me puse chocho, me inscribí al instante y a los dos días ya tenía todos los tramites hechos”, detalló.

Sin embargo nada resulto tan simple ya que a pesar de sus esfuerzos no ingresó en la carrera, sino hasta el 2018 cuando se le permitió cursar todo el programa. Desde lo institucional en la UNSL le decían que estaban aptos para recibirlo pero a la hora de la práctica mostraban muchas falencias, en un principio sólo le permitieron realizar las materias pedagógicas mientras que todas las musicales le eran negadas. “Lo primero que me exigieron al ingresar es que escriba en una hoja mis datos con una lapicera y yo no lo puedo hacerlo porque, sinceramente: ¿Cómo lo corrijo si escribo mal o bien después en un papel?”.

Nahuel utiliza un programa en su computadora para “escribir”, que si bien es bastante precario le permite manejar mediante la voz un dictado que se transcribe automáticamente. La forma en que lea los archivos es, únicamente, a través del sistema de Word. Por lo que para estudiar el material que le dan en la universidad, Nahuel necesita que los textos estén digitalizados, pero nadie escucha ni resuelve sus reclamos: “En rectorado prometieron digitalizarme las fotocopias, pero ya es la quinta vez que las llevo y accidentalmente ‘las pierden’, gasté más de mil pesos. Me han ofrecido un montón de cosas desde la facultad pero nunca las hacen”, expresó y agregó: “El año pasado me pasaron tres días antes de los parciales la mayoría de los textos, recién en febrero de este año terminaron de enviar los que quedaron pendientes. Sinceramente, fue una burla”. 

Pentagrama musical hecho en braille.

Ante cada obstáculo, Nahuel continuó su lucha y es así que creó un pentagrama especial. “No encontraba una forma de poder comunicarme en papel, estuve un mes sufriendo noches enteras. Hasta que después de muchas pruebas, creé uno con todas las notas y líneas, pero en Braille y con relieve. Era un dibujo que una persona normal hacía en segundos y a mí me llevó horas y más de 1.500 puntitos, pero por fin nos entendíamos, yo lo podía tocar y visualizar con mis dedos y el docente lograba interpretarlo. En ese momento se dieron cuenta que iba en serio”. Así, a los tumbos y con un montón de trabas logró por fin cursar todas las materias y considerarse un estudiante regular, como el resto de sus compañeros.

El joven tiene muy claro sus objetivos y es ejemplo de la perseverancia y tenacidad que se necesitan ante las situaciones más injustas y dolorosas. 

Su deseo es terminar la carera y continuar estudiando educación especial, ya que no piensa parar hasta poder llevar su conocimiento a personas con discapacidades.“Una vez quise aprender canto y me rechazaron porque no veía, eso me frustró y me dije que esto no puede seguir pasando, hay que provocar un cambio y esa fue la iniciativa que se metió en mi cabeza. Tengo que buscar una forma para que el día de mañana los chicos no videntes puedan aprender, que si se presentan con esta dificultad en una universidad tengan las herramientas básicas y necesarias para poder presentar las cosas en forma y que no sea un obstáculo” concluyó. 

“El que quiere puede. El que se plantea un no hasta ahí es su límite, pero si puedo lograr que se transforme en un sí, para mí ya es un logro”, cerró.





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