Hay preocupación por el aumento de casos durante la cuarentena y advierten que el pico todavía no llegó. Buscan conquistar nuevos mercados.


Por Robustiano Pinedo

​Los duendes se adaptan al mundo digital. Siempre relacionados con asuntos folclóricos o de índole rural, ahora avanzan de la mano de las nuevas tecnologías. Su fin es perdurar en el inconsciente colectivo de nuevas generaciones y no sólo en cuentos fantásticos de antaño. Apuntan a conquistar el mercado de los millennials para perdurar algunos siglos más, como en Irlanda y en muchos países nórdicos.

Según un estudio reciente del Indec, los métodos tradicionales de los duendes “habían quedado un poco obsoletos con el menemismo y sus travesuras pasaban inadvertidas para la gran mayoría de los hombres hasta el segundo mandato de Cristina”. Atrás quedaron los tiempos dorados de aparecerse bajo una higuera a molestar en horas de la siesta, de dejar huellas de patitas en la harina desparramada de la cocina o de apedrear un techo de chapa. Ahora los duendes buscan nuevas e ingeniosas formas de molestar a los hombres. “Tres de cada cuatro duendes buscan nuevas alternativas de engaño”, destaca el informe.

Las nuevas víctimas no conocen las tradiciones, por lo que no cuentan con herramientas para ahuyentarlos y defenderse. “Les pibis viven en una nube de pedos, no saben lo que es un rebenque”, revela uno de los autores del informe refiriéndose al tradicional remedio de toda la vida, que consiste en salpicar un rebenque con agua bendita o desparramar estiércol humano por lugares estratégicos. “Son presa fácil, porque son cosas que no salen Youtube”, explicó una fuente entendida, pero preocupada. “La gente es muy boluda y los duendes lo saben. El pico todavía no llegó”, repitieron al menos tres fuentes consultadas.

Los expertos afirman que “el punto de quiebre” fue durante la cuarentena, pero ya se registraban talentos tecnológicos al menos desde 2008. Cuando el organismo tuvo otro descanso y dejó de medir la inflación por algunos años, en un episodio que tomó fama mundial en la localidad salteña de General Güemes, el Indec registró un caso de un duende sorprendido por un teléfono que llevaba un gracioso andar y saludaba a cámara cerca de un cementerio. “En ese momento se ve que comprendieron que se estaban quedando atrás con la tecnología”, aseguró Ignacio Alberto, que pidió no revelar su apellido por temor a sufrir represalias gremiales. “Nadie tiene que saber lo que estamos haciendo acá, algunos piensan que seguimos laburando con normalidad”, se excusó.

Esto explicaría algunas cosas que eran imposibles de comprender hasta el momento. No sólo los índices disparatados de la canasta básica, sino también el fuerte aumento de desgracias que nadie puede explicar. “Llegó un momento en el que no podíamos medir nada y a alguien se le ocurrió organizar y recaudar datos de pelotudeces para no molestar a los jefes con temas sensibles. Pronto llegaron los primeros testimonios y en poco tiempo armamos una base de datos de la puta madre”, revelaron desde el Indec.

Los resultados son sorprendentes. “Cuando vi que mi mujer agarraba el celular, lo primero que pensé fue en los mensajes a mis amantes. Pero estaba tranquilo porque sabía que los había borrado y que ella no conocía mi clave”, reveló una víctima de este nuevo modus operandi de los duendes, según consta en el informe. “Pude ver su cara de sorpresa cuando agarró el teléfono y me di cuenta de que algo andaba mal. Aunque no me crean se desbloqueó solo y aparecieron los audios de whatsapp disparándose sin control”, agregó. “Sólo puedo pensar que fue un duende. Nunca hubiera dejado esas fotos en el teléfono”, aclaró la fuente identificada como Marcelo, de 42 y oriundo de Chacarita.

Queda claro en el informe, que estas criaturas ya no sólo se divierten escondiendo llaves o enrollando cables de auriculares constantemente. También se nota el desplazamiento geográfico desde el interior a la capital. Lejos quedaron los casos como el de Tinogasta en 2011, donde un duende sorprendió por la espalda a un peón catamarqueño que luego perdió el habla. “Me di la vuelta y me pegó una patada en el trasero”, dicen las crónicas de entonces, que describen al duende vestido de negro y con un enorme sombrero. Ya no se dejan ver, como en 2008 en la localidad salteña de Chicoana: “Resulta que de la ventana la habían chistado. Pensaba que era un amigo, pero era una duenda…Tenía cabello largo y era así una cosita”, dice el testimonio que publicó El Tribuno. Los chicos de Chicoana si saben de tradiciones, porque agarraron el rebenque bendecido y salieron en persecución de la duenda a chicote limpio. Sin embargo, la madre de los chicos le contó al diario salteño, que durante varias jornadas los pequeños prácticamente no durmieron y “brincaban de noche”. Pero los tiempos cambian, hasta para los duendes.

“Ahora buscan mostrar al hombre en falta. Se divierten dejando a la gente en ridículo y la tecnología les permitirá, cada vez más, mejorar su arte”. La pandemia les vino como anillo al dedo. “Desde el área de Contabilidad estimaban, en tiempos de la vieja normalidad, que todavía no manejaban muy bien el tema informático”, aseguró la fuente calificada. Antes se encargaban de desviar cartas, desaparecerlas o simplemente hacerlas aparecer en un momento inoportuno o frente a la persona menos indicada. Ahora parecen nativos digitales. “El típico es el caso del mail que nunca llegó o el que salió con “responder a todos”, pero en realidad era para una sola persona. También se entretienen modificando los destinatarios y los archivos adjuntos”, dijo el experto.

“Teníamos varios registros en oficinas antes de la cuarentena. Pero lo curioso es que con la pandemia el duende se mudó a los hogares”, asegura Ignacio Alberto mientras repasa unos datos en una planilla. “El 70% de los oficinistas fue víctima de algún duende. A la mayoría les colgaba computadoras y sistemas, volvía inútiles los esfuerzos por imprimir algo y arruinaba las fotocopiadoras”, explicó el experto. Un 33% de los ataques respondía a viejas prácticas de los duendes, como ocultar lapiceras, tachos de basura o sillas. “Era frecuente registrar miles de denuncias con relación a los documentos Power Point, que generalmente se usan para pasar pornografía. Es increíble cómo los duendes se encargaban de trabar la computadora justo cuando pasaba un superior por detrás”. Las víctimas no podían escaparse de la imagen congelada en la pantalla y el duende se regocijaba de alegría. Pero no les costó mucho adaptarse a la cuarentena.

Se filtraron por Zoom dejando al desnudo a profesores y legisladores por igual, abriendo micrófonos a puteadas irreproducibles, filtrando audios de amor a destinatarios desconocidos y colgando internet en votaciones clave. “Constatamos un aumento de casos de gente que actualizó su Estado de Facebook con el nombre de una vecina menor de edad pensando que buscaba su perfil para ver fotos”. Dentro del organismo hay quienes sostienen que la adaptación tecnológica ya es absoluta. Muchos sospechan que los duendes son los que se esconden detrás de esos maliciosos algoritmos que parecen leernos la mente.

Las aplicaciones son un nicho muy interesante. “El 36% de los pedidos de comidas llegan cambiados. Un caso emblemático es el de la pizza de mozzarella. El 43% llega sin aceitunas; el 23% se cambia en el trayecto por una especial con morrones y el 12% recibe su pizza adherida al cartón”. Las aplicaciones de delivery son una fuente inagotable de recursos, cambiando las direcciones y el sabor de los helados. “Es el típico caso del helado de sambayón. Es estadísticamente imposible que tanta gente elija ese gusto existiendo el chocolate con almendras y el dulce de leche granizado”. Contundente.

Pero el duende, se sabe, tiene debilidad por las cuestiones del corazón. “La típica es dejar likes y corazones que luego se transforman en reproches dentro de la pareja. También hacen aparecer aplicaciones de citas en teléfonos de gente casada o hacen match con conocidos de tu ex. Son los nuevos clásicos”, detalló un sociólogo que colaboró con el informe. Es la nueva generación.

Pero hay duendes que no pasan de moda, como el que juega con el control remoto. Básicamente, se dedica a dos cosas: a esconderlo o a sacarle las pilas. “El 93% de los argentinos con televisor confesó haber sido víctima de este duende. El 7% restante le echa la culpa a su pareja”. Por lo general, en el hogar suelen ser bastante tradicionales: pierden la tapita de la pasta de dientes, esconden las tijeras, bajan la tabla súbitamente o cambian de lugar los muebles durante la noche para romper los dedos de los pies de los que no prenden la luz.

“Están muy adaptados a las zonas urbanas. Hace tiempo que dejaron de ser cosas del campo”. Son frecuentes sus travesuras con el jabón y micro cortes de agua fría en la ducha, aunque el 81% de los ataques de este duende tienen que ver con lo escatológico. Ignacio Alberto explicó: “Nuestros sociólogos pueden describir hasta cinco tipos de duendes urbanos, cuatro de ellos habitan exclusivamente en los baños y se alimentan del pudor. La última moda que pudimos constatar es la de dejar papel higiénico para una sola ronda. Te deja una bala para toda la batalla. Siempre y cuando estemos hablando de un baño sin bidé”.

Es que ahí el duende se divierte extra. “El 26% de estos ataques siempre son en casa ajena. Normalmente esconde los elementos para secarse”. Pero más difíciles de detectar son los llamados técnicamente “ataques progresivos”: “De a poquito el duende va haciendo más finitos los agujeritos del bidé hasta el punto de transformar la experiencia en dolorosa”. También es común la alteración de la temperatura del agua durante el proceso. “Esos son los más dañinos”, aseguraron. Son adaptaciones de los clásicos en baño ajeno: la puerta que no traba, la cadena que se corta, la toalla con sorpresa y el arañazo del diablo.

Autoridades consultadas aseguraron tener miedo de que este informe alguna vez se conozca y de que los caguen a trompadas. Pero los más experimentados del organismo recuerdan por los pasillos, que durante mucho tiempo no se midió ni la pobreza y nunca pasó nada. Aunque todos están de acuerdo en algo: mientras los duendes sigan midiendo la inflación, nadie notará la diferencia y ellos podrán seguir jugando a la Play y viendo Netflix, aunque aparezcan en un Zoom como conectados y en sus estados de whatsapp figuren como ocupados. “Esto recién empieza”, sentenció Ignacio Alberto.


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