El paciente se llama José Franzone y tiene 57 años. Asegura que después de la operación volvió a nacer. La cirugía se realizó en Salta. 


José Franzone es un salteño de 57 años que padece Parkinson. Hace unas semanas pudo acceder a una cirugía que le mejoró la calidad de vida. La enfermedad había avanzado y no podía ni siquiera prepararse un té, bañarse o escribir. Con la operación superó esas limitaciones y ahora puede realizar esas actividades con normalidad. 

La cirugía se realizó el 3 de abril en el Sanatorio Altos de Salta y estuvo a cargo de un equipo integrado por los neurocirujanos Juan Ryan y Ernesto Sierre; la neuróloga Carolina Villa; y el anestesiólogo Darío Terrades; que contaron con la asistencia técnica del presidente de la Fundación CENIT, el neurocirujano Fabián Piedimonte. También participaron Juan Pablo Travi (Neurofisiólogo), Matías Nayar (especialista en Neuromodulación de Abbott) y Claudio Lingeri (gerente de línea de Corpomédica).

Consistió en colocarle al paciente un estimulador cerebral profundo. “La cirugía es compleja y no todos los pacientes son candidatos, la selección es cuidadosa para evitar efectos adversos. Aproximadamente el 20% de quienes padecen la enfermedad pueden realizarse esta cirugía que los ayuda a paliar los síntomas de la enfermedad”, agregó la neuróloga Villa. 

José Franzone (La Gaceta)

Si bien no es la cura del Parkinson sirve de gran ayuda para mejorar la calidad de vida de los pacientes. “A medida que avanzaba la enfermedad me limitaba la independencia y lentitud de movimiento, era torpe tenía muchos temblores pero la enfermedad es mucho más que eso. Llegó un momento que no podía hacer nada”, cuenta José. 

Villa agregó, además, que la medicación que José tomaba le daba un margen de media hora para realizar esas actividades. “La cirugía atenúa en una gran medida los síntomas, al punto en que la diferencia es poder realizar o no las actividades cotidianas. Es mucha la diferencia, es volver a nacer”, agrega el paciente.

Cabe destacar que no todos los pacientes que la padecen son aptos para este tipo de procedimiento. Por lo general, se realiza en casos de enfermedad de Parkinson idiopática (no adquirida a partir de otras causas, por ejemplo, un ACV isquémico), con dificultades motoras severas, con inestabilidad postural a pesar de los fármacos y que todavía no presentan demencia o alteraciones psiquiátricas. También, puede utilizarse en personas con reacciones adversas que impiden un adecuado tratamiento farmacológico.


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