El aumento de casos de coronavirus incrementa la incertidumbre sobre si comenzarán o no las clases presenciales, si las empresas seguirán habilitando el teletrabajo, o cómo impactará la situación sanitaria en la vida cotidiana. Vía Pérez consultó a la investigadora Patricia Debeljuh, especialista en conciliación trabajo-familia de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral (IAE) de Buenos Aires, sobre cómo equilibrar las exigencias laborales, con la vida familiar y las tareas escolares en un clima de armonía, de manera especial cuando posiblemente todo suceda bajo el mismo techo.

La especialista en conciliación trabajo-familia, Patricia Debeljuh, en su paso por Pérez, habló de cómo compatibilizar el hogar con la escuela y la profesión. (CIMECO)

Este año empezamos con ventaja porque ya vivimos varios meses de pandemia, en los cuales aprendimos muchas cosas. Tuvimos que adaptarnos a una realidad que nadie habría imaginado. Esto hay que capitalizarlo para enfrentar este nuevo período” destacó Debeljuh.

La investigadora comentó que ya hay estudios de cómo impactó la pandemia en la vida familiar, donde por la pandemia confluyeron el trabajo profesional, las tareas del hogar y hasta la escuela, todo bajo el mismo techo. “Las más afectadas fueron las mujeres porque fueron las que se asumieron las tareas escolares de los hijos, además de continuar con su trabajo profesional y las labores domésticas. Pero, también se notó una fuerte participación de los hombres en el ejercicio de las cuestiones propias de la casa, con lo cual se sumó una importante ventaja: cada vez es más claro que la familia se saca adelante entre los dos”, subrayó la investigadora.

En casa

Si todo vuelve a estar “en casa” como sucedió el año pasado, Debeljuh aconsejó que es necesario “crear rutinas de trabajo, lograr fronteras físicas y espaciales y sobre todo organizar las tareas”, para lograr una convivencia armónica.

En este sentido, destacó la importancia de tener un lugar físico donde trabajar, “al menos un espacio en la mesa que todos comparten”, si no se puede disponer de una habitación. Ante esto, la investigadora comentó que los arquitectos ya están diseñando casas y departamentos con un lugar como “escritorio” porque está claro que el teletrabajo llegó para quedarse.

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Por otra parte, la investigadora destacó la importancia de tener “horarios de trabajo” y rutinas organizadas para que lo profesional no invada todas las horas del día, y se pueda disponer de momentos para la familia. En este sentido, destacó que las empresas, al menos en Buenos Aires, se dieron cuenta de que no podían organizar reuniones entre las 12 y las 14, porque la gente o estaba comiendo, o estaba preparando el almuerzo.

“Todas estas medidas llevan a dialogar mucho en casa, y a lograr acuerdos y consensos para hacer más llevadera y pacífica la convivencia. También es importante distribuir las tareas domésticas como la cocina, la ropa, las compras y la limpieza entre todos los de la casa”, destacó.

Lo que enseñó el Covid-19

Debeljuh detalló los últimos resultados de investigaciones, realizadas en distintos países del mundo, sobre qué aprendizajes provocó el coronavirus:

  • El primero fue la necesidad de cuidar la Casa Común. El despliegue de la Naturaleza ante las calles vacías en las ciudades, “nos demostró que habíamos descuidado la ecología y que ésta reclama una atención urgente”.
  • Otro rasgo destacable fue la solidaridad, que surgió como una reacción inmediata ante la amenaza que afectaba a todos: desde ayudar a un vecino, hasta hacer las compras a una persona mayor que no podía salir, y el hacer causa común para apoyar al personal sanitario.
  • Esta crisis puso de manifiesto el valor del servicio en la sociedad, que por ser tareas esenciales no frenaron su trabajo. Caso paradójico fue el del personal sanitario, pero también el de los recolectores de basura que, si ellos no hubieran trabajado, las ciudades estarían tapadas de residuos.
  • Los vínculos emergieron como los verdaderos sostenes. Se revalorizó la familia y los convivientes, más que los amigos, como el lugar del refugio y de la sincera contención. En este marco, el hogar como espacio físico cobró un rol protagónico como espacio común para disfrutar.
La modalidad de trabajo en casa llegó para quedarse.

En el mundo de trabajo hubo una revolución que los estudiosos pensaban que se daría en unos cinco años, pero la pandemia lo aceleró. Esto fue el trabajar desde casa. El teletrabajo se dio de forma inesperada y junto con él también la escuela se quedó en casa y el trabajo doméstico se incrementó porque todos los miembros de la familia estaban para comer y a toda hora. “En las investigaciones se preveía el advenimiento del home office, pero nadie imaginó que se daría de esta manera”, confesó Debeljuh.

Se rompió el mito de que en casa la gente no trabajaba, se relajaba y no cumplía los horarios, porque los mismos jefes de las empresas se vieron obligados a desempeñarse desde sus hogares. Así, ellos mismos comprobaron que se puede trabajar desde el hogar, cumplir objetivos más allá de que tengan adelante al empleado en la oficina. Hubo que readaptarse y que aprender mucho”, destacó la especialista.

En este sentido “fue muy bueno porque los varones, al estar todo el día en sus casas, descubrieron lo que implica el trabajo doméstico, la preparación de los alimentos, el lavado de la ropa, ocuparse de los niños y de la limpieza. Esto provocó que ellos se comprometieran más en estas tareas. Y esto es un gran cambio en la corresponsabilidad del trabajo del hogar”, destacó la estudiosa.

¿Qué se viene?

A partir de ahora será muy difícil que las empresas obliguen a los empleados a asistir todos los días al lugar de trabajo cuando lo pueden hacer desde su casa, con menos costos de traslados y con un importante ahorro de tiempo. Por eso, los estudiosos advierten que lo que se viene es el trabajo con un modelo mix, o híbrido, donde convivirán la presencialidad y la virtualidad. “En las empresas se están armando rutinas donde se prevé que haya quienes trabajen desde casa y otros que asistan a la oficina unos días y otros se puedan intercambiar, sobre todo porque la pandemia no está superada y no se puede juntar mucha gente en el mismo lugar”, explicó la investigadora del IAE.

A su vez, comentó que todo esto tendrá un fuerte impacto en la industria hotelera, que vivía de los viajes ejecutivos o de negocios, y en los alquileres de las oficinas, ya que muchos edificios comenzaron a dejar las dependencias porque ya no necesitan tantos espacios.

Más allá de la tendencia cada vez más fuerte, Debeljuh advirtió que “el teletrabajo no es para cualquier empleo, ni para todas las personalidades”. Por ejemplo, el trabajo de una enfermera no se puede realizar en forma remota. En cuanto al tipo de personalidad, explicó que se requiere contar con un alto grado de autodisciplina para organizarse y no necesitar de esa desconexión entre la familia y el trabajo que se logra con el traslado físico de un lugar a otro.

En este sentido agregó que es importante que exista la presencialidad, al menos una vez por semana. “Es irreemplazable la posibilidad de compartir un mismo lugar de trabajo porque hay cuestiones como los vínculos que se construyen con el trato. Lo mismo sucede con la confianza. Es muy difícil construirla si no podemos mirar a los ojos de otra persona y leer su lenguaje gestual, o advertir las emociones que lo atraviesan”, explicó.

En este marco, lo que llegó para quedarse es el cambio y lo que se exigirá desde todos los ámbitos es la flexibilidad y la capacidad de adaptación, que seguramente serán los desafíos que traiga consigo este nuevo año.