Ximena Gray, conocida como Luli por sus conocidos, tiene 60 años y nació en Chile. Carlos Pérez, mendocino él, está próximo a cumplir 61. Desde hace cuatro años viven juntos una hermosa historia de amor que, aunque parezca mentira, comenzó hace 40 años y fue retomada en 2017, como si a lo largo de esas cuatro décadas el tiempo se hubiera puesto en pausa –o en stand by- y hubiera reservado un lugar en primera fila para ellos dos, juntos, por supuesto.

//Mirá también: La historia de Roma, una bebé que llegó a enseñarle a su familia y comunidad el amor y la importancia de estar vivos.

“Nos íbamos a casar en 2020, pero por la pandemia tuvimos que postergarlo. Pero el plan sigue siendo el mismo”, se sincera con simpatía y excelente predisposición Luli, quien tiene una consultora con algunos socios -Ok Team- y se dedica al coaching empresarial (especializado en la terapia de tipo Gestalt). Carlos, en tanto, es enólogo y propietario del boliche La Guapa en Rivadavia, donde viven ambos y en este establecimiento se iba a celebrar la boda el año pasado.

Ximena, Carlos y el cartel que parece ser el hilo conductor de su vida.

“Hemos tramitado la unión convivencial y habíamos hablado de celebrar el matrimonio para el cumple 60 de Carlos en la disco, pero no puedo ser. Igual sigue todo en pie, ¡queremos casarnos en el registro civil de Chile y hace la fiesta en el boliche!”, resume siempre sonriente Ximena, o Luli.

Un viaje de Carlos a Chile en 1977, un encuentro casual como vecinos, una primera cita escuchando “Baby, I love your way” de Peter Frampton y una relación que fue creciendo por correspondencia (por carta, literalmente ya que para fines delos 70 ni siquiera se soñaba con internet) fue el punto de partida de esta historia de amor, que tuvo una leve interrupción de nada más y nada menos que 33 años. Claro que fue como una especie de pausa, ya que la misma realidad evidenció –y evidencia aún- que el amor nunca desapareció.

Ximena y Carlos se conocieron en Chile en 1977, se enamoraron y mantuvieron una relación que se desarrolló más en carta (aunque se encontraban cada verano).

“Nuestra historia no deja de generar bellas reacciones y comentarios en la gente. Y nos hemos dado cuenta de que la gente está necesitando noticias lindas entre tanto caos. Y nosotros estamos felices de poder contribuir en ello”, reflexiona Luli en diálogo con Vía Mendoza. Y es que su hermosa historia de amor ya ha recorrido el país.

Amor a primera vista

En el verano de 1977, Ximena –Luli- tenía 15 años y Carlos, 16. Ella vivía en Viña del Mar y, sin previo aviso ni golpear la puerta, Carlos Pérez irrumpió en su vida de un momento para el otro. “A la casa de unos vecinos llegó Carlos con su familia de vacaciones. Lo vi y me gustó de inmediato, por lo que me empecé a pasear todos los días delante de él. Y él me dijo después que también había quedado flechado”, rememora –siempre entre risas- Ximena.

Aunque Carlos pasó cerca de una semana en la ciudad balnearia de la V Región chilena, los caminos de Luli y de él se cruzaron recién durante los últimos días de vacaciones del mendocino. “Apenas nos conocimos empezamos a conversar de distintas cosas, los dos quedamos flechados. Recuerdo que un amigo en común me dijo que le deje una carta, pero a mí me dio vergüenza. Y fue él quien me dejó una cartita chiquita diciéndome que le habían gustado muchas cosas de sus vacaciones, en especial las personas. Y en la misma carta me propuso que nos sigamos escribiendo”, recuerda la mujer desde su casa en Rivadavia.

Tras 33 años sin saber el uno del otro, en 2017 Carlos y Luli se reencontraron y viajaron juntos por distintos destinos.

Luego de ese verano del 77 –y del efímero encuentro cara a cara entre los dos, que se mantuvo por carta-, en enero de 1978 Pablo regresó a Viña del Mar. No lo hizo únicamente para vacacionar, sino que su principal objetivo era reencontrarse con Ximena. “Después de un año de escribirnos cartas, él me dijo que iba especialmente a verme. Y ni bien llegó, empezamos a pololear. Todo era muy naif”, recapitula Luli Gray, quien no tiene dudas al aseverar que en aquella época tener 15 o 16 años era más naif que lo que es esta edad en la actualidad. “Carlos se acuerda exactamente de todo de nuestra primera salida, de cómo estaba la luna cuando me dio el primer beso, de que sonaba Peter Frampton. Él es muy romántico. ¡Hasta se acuerda de cuanto salió la cuenta! Tiene guardada a la boleta del lugar”, resume Luli, quien también tiene una memoria prodigiosa para esa primera cita. “Tomamos dos Tom Collins en un local de la Avenida Perú”, sigue. De hecho, ambos mantienen todas las cartas que se escribían por aquel entonces.

Ese segundo viaje de 1978 mantuvo a Carlos durante dos semanas en Viña del Mar. Incluso, debería haber regresado antes a Mendoza para rendir algunos exámenes, pero no lo hizo. Y fue su propio padre quien tuvo que ir a buscarlo del otro lado de la cordillera y a la Costa Pacífica. Antes de regresar, Luli le dejó una carta que combinaba a la perfección el enamoramiento con lo extraño de la situación. “Es injusto que tú estés allá y yo aquí” decía, palabras más o menos, el mensaje de Luli a Carlos. El intercambio de correspondencia –ella en Viña del Mar, él en Mendoza- ya era una constante entre los “pololos”. Mientras estuvo en Chile, incluso, el mendocino dejaba papelitos escritos a su amada fijando el punto de encuentro para volver a compartir un momento juntos.

Ximena (Luli) y Carlos guardan las cartas que se escribieron entre 1977 y 1984.

Inesperado corte

La relación entre Carlos y Ximena se alimentaba diariamente por cartas, mientras que cada verano completaban su relación con encuentros cara a cara. Así estuvieron entre 1978 y 1984, cuando –abruptamente- se cortó esa relación tan linda como atípica que los unía. “Las cartas empezaron a hacerse más espaciadas entre sí. A eso se suma que mirábamos las cartas una por una, qué escribíamos y vimos que se fue como desinflando todo. Nunca hicimos un proyecto, era como todo simple. A eso se suma que yo empecé a cuestionarle que no sabía si mi realidad era con él o sin él, porque era todo como una fantasía cuando iba a Chile”, rememora Ximena.

La mujer ya había empezado a estudiar la Licenciatura en Arte en la capital chilena (Santiago) y, como quien no quiere la cosa, dejaron de escribirse. Ella comenzó a trabajar como cantante e incursionó en el mundo de la música y allí conoció a Jaime, quien se convirtió en el primer esposo –y único, hasta el momento- de Luli.

Ximena y Carlos en sus primeros años de enamorados. Tras 33 años sin saber el uno del otro, se reencontraron y viven una hermosa historia de amor.

“Como cantante grabé algunas canciones y así transcurrió mi vida, yo ya había hecho la mía y no sabía que era de la vida de Carlos. Hasta que en 1984, de sorpresa, Carlos se comunicó conmigo para decirme que había viajado a Chile para verme. Me preguntó que era de mi vida y yo le conté que me iba a casar. ‘Uh, llegué tarde’, me dijo él. Y fue una frase que todavía recuerdo, porque fue dura. Teníamos 22 y 23 años y, antes de irse, él me escribió una carta en la que me deseaba que sea feliz. Pero su hermano, que había ido a Chile con él, me contó que estaba destrozado”, sigue la mujer.

Con Luli en Santiago y ya casada con Jaime (su primer marido y con quien tiene dos hijos, Nicolás de 33 años –actualmente- y Andrea de 31) y con Carlos en Mendoza, las vidas de ambos transcurrieron por sus respectivos carriles y sin volver a cruzarse. Hasta 2016.

El reencuentro eterno

Si bien nunca tuvo redes sociales –más que WhatsApp-, en 2016 a Carlos le picó la curiosidad casi accidentalmente. Fue a visitar a su hermana que estaba en medio de un tratamiento médico –siempre en Mendoza- y estando con ella, se pusieron a revisar el Facebook de la mujer. Así fue como Carlos se encontró con el perfil de un amigo en común de él con Ximena y, como una cosa llevó a la otra, de un momento para el otro Carlos se encontró a sí mismo viendo el perfil de Facebook de Ximena Gray. No sabía de ella desde 1984, cuando viajó a verla y supo que la mujer había decidido seguir con su vida y casarse.

Ximena y Carlos se conocieron durante unas vacaciones en 1977 y 40 años después reafirmaron su amor.

“Cuando me encontró, me mandó un mensaje en el Messenger de Facebook. Y cuando yo leí que me había escrito, me tuve que sentar porque no lo pude creer. Él también se había casado y estaba en proceso de divorcio. Yo ya me había separado de Jaime y estaba atravesando una segunda separación. Pero ni él sabía eso de mí, ni yo sabía de su divorcio”, cuenta Ximena.

La propia mujer reconoce que el reencuentro la tomó por sorpresa en un primer momento y hasta aclara que retomó el vínculo con Carlos, aunque “con el freno de mano puesto”.

“Al principio le conté que yo estaba en una relación, Pero cuando hablamos bien y recuperamos el vínculo, le conté que estaba separada. En ese momento nos mandábamos WhatsApps escritos, ni siquiera audios ni llamados. Y nunca ahondamos en la parte de familia de cada uno de nosotros”, afirma la mujer.

//Mirá también: Un parque de nieve aprovecha las últimas nevadas de la temporada y reabre este fin de semana.

El reencuentro cara a cara se dio ese mismo 2016, cuando Ximena Gray viajó a Mendoza invitada por Marita Abraham para un congreso de coaching. Las vueltas de la vida llevaron a que, además de ser colegas entre sí, Luli supo que Marita era la prima de Carlos. “Estuve una semana en Mendoza y allí nos reencontramos. Desde ese momento hubo muchísima química, nos llevábamos súper bien y hasta visitamos juntos distintas bodegas. Para cuando volví a Chile, ya tenía a Carlos en el corazón instalado”, resume y confiesa que el flechazo por el enólogo mendocino nunca desapareció (aunque lo vino a notar recién en ese momento).

La sonrisa que le pone el sello a la historia de amor única de Ximena -Luli- y Carlos.

Ya en 2017, Luli y Carlos viajaron a Canadá y recorrieron juntos muchas provincias argentinas. “Eso nos hizo ver que la convivencia era maravillosa, y lo sigue siendo. En diciembre de 2017 me mudé directamente a Mendoza, me vine co los muebles y el televisor y me instalé en Rivadavia, donde estamos viviendo ahora. Cuando las decisiones vienen del corazón y son sinceras, yo no le doy tanta vuelta. Me vine porque tenía en claro que quería estar con él”, concluye la mujer.

Mientras que Ximena (Luli) tiene a sus dos hijos, Carlos tiene sus propios “hijos del corazón”. Se trata de los hijos de sus ex y sus sobrinos, y la convivencia entre ellos es por demás amena. Tanto que todos están aguardando que, de una vez por todas, Carlos y Luli puedan finalmente ponerle fecha a la boda con que tanto han soñado ya.