Una vez superadas las medidas de aislamiento, Ballestero podrá reencontrarse personalmente con su padre, Carlos, de 90 años, y Nilda, de 82 años.


Un navegante de 47 años arribó esta jueves por la tarde al puerto de Mar del Plata en un velero, luego de una travesía de más de 8.000 kilómetros en soledad desde Portugal, donde se embarcó hace casi tres meses con la intención de reencontrarse con sus padres tras del cierre de las fronteras por la pandemia de coronavirus.  Desde el SAME marplatense confirmaron este viernes que ya se le hizo el hisopado y ahora deberá esperar el resultado.

Minutos antes del ingresar al puerto, Ballestero describió su alegría en un breve video que grabó desde el velero con su teléfono celular y que enviara a sus allegados: “Lo he logrado. Vamos el Skua, el Skuita, una nave”.

“¿Cómo va muchachos? Ahí está Mar del Plata. No van a ver nada porque está todo con neblina, parece que llegué a Londres”, bromeó Ballestero con la ciudad de fondo, mientras el barco avanzaba con viento a favor.

Tras haber cubierto el último tramo desde el puerto de La Paloma, en Uruguay, y completar un viaje de 85 días, el hombre deberá permanecer otros 14 más a bordo del buque amarrado, para cumplir con la cuarentena pertinente.

Según consignó Télam, un empresario pesquero de la ciudad y amigo suyo ofreció pagarle si fuera posible -“a cambio de un asado cuando esté permitido”- un hisopado en un laboratorio privado, para que pueda pisar tierra cuanto antes.

Tal como indica el protocolo sanitario, Ballestero completó los trámites migratorios correspondientes sin bajar de la embarcación, y solo tuvo contacto con personal de Prefectura Naval Argentina, que se acercó en un bote, y luego hicieron lo propio agentes de Sanidad de Fronteras.

Una vez superadas las medidas de aislamiento, Ballestero podrá reencontrarse personalmente con quienes fueron la meta principal de su travesía oceánica: su padre, Carlos, de 90 años, un reconocido capitán de pesca de la ciudad, y su madre, Nilda, de 82 años.

El hombre había salido el 24 de marzo último desde Porto Santo, la segunda isla más grande del archipiélago portugués de Madeira, tras el cierre de las fronteras por la pandemia por el nuevo coronavirus.

Este cruce oceánico fue el segundo del navegante, ya que en 2011 había realizado un viaje en velero entre Barcelona y Mar del Plata.




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