Las dos prostitutas que mandó a matar entre agosto y diciembre de 2004 habían sido sus amantes.


Al recibir una escandalosa prisión domiciliaria, se dieron a conocer detalles estremecedores de los crímenes que ordenó Héctor Barroso, quien goza de prisión domiciliaria en su casa de Mar del Plata y es “vigilado” por su mujer, a pesar de tener serios antecedentes de violencia de género.

Los dos femicidios que culminaron con la condena al almacenero Héctor Barroso, que debía cumplir en la cárcel de Batán hasta 2029, se remontan a fines del año 2004. Las dos víctimas tenían dos cosas en común: eran prostitutas y habían sido amantes del femicida, quien les compró regalos que portaban al momento de su muerte.

Según reconstruyó los casos el diario Clarín, el cuerpo de Analía Fuschini apareció en un descampado cerca de Parque Camet. La joven, una trabajadora sexual de 26 años, había sido estrangulada y enseguida se supo que en su crimen no hubo intención de robo: lucía un reloj nuevo, cadenitas y un colgante de oro, elementos que finalmente condujeron los investigadores hacia el asesino.

Eran obsequios de un almacenero de 46 años, Héctor Barroso, que había comprado los regalos con su tarjeta de crédito. Meses atrás había sido investigado por la desaparición de Verónica Juárez, de 29 años y colega de Fuschini, pero la causa tramitaba como una “averiguación de paradero” al no encontrar pruebas en su contra.

La crónica del diario dijo que resultó ser el resumen de las tarjetas de crédito del sospechoso lo que lo vinculó directamente con el caso y motivó su detención. Fue el mismo día de su detención que una mujer se presentó en la Justicia bajo identidad reservada y contó que el cuerpo de Verónica Juárez estaba enterrado en una casa de la calle San Cayetano 3700, en el barrio parque Palermo, a cuatro calles de Lobería al 4000, donde estaba el almacén de Barroso.

En esa casa vivía “El Salvaje”, un apodo que le había quedado de su paso por el boxeo a Juan Carlos Sánchez Gaspio, de 26 años, que en esos días cartoneaba. Se había ido cuando la Policía allanó. El cuerpo de Juárez fue encontrado en un pozo ciego en el fondo.

Ambos hombres habían intentado disimularlo tapándolo con tierra y escombros y una losa. “El Salvaje” cayó días después, en Castelli.

En el juicio se comprobó que el autor intelectual del crimen fue Barroso, quien acordó con el exboxeador, a quien lo unía una relación de amistad, para que asesinara a quienes habían sido sus amantes. Los investigadores llegaron a la conclusión que se trató de un acuerdo del estilo de sicarios porque “El Salvaje” tenía una extensa cuenta de fiado en el almacén del primero.

Esta semana, Barroso volvió a su casa después que su esposa asumiera su tutela y acordase seguir con un régimen de videollamadas para demostrar su permanencia en el hogar.

En el marco del debate sobre la excarcelación de presos, el intendente de General Pueyrredon, Guillermo Montenegro respaldó a la postura de Juntos por el Cambios sobre la medida y la calificó de “locura”.




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