Si bien fue hundido un 2 de mayo, la obediente unidad naval de la Armada Argentina soltaba amarras desde Puerto Belgrano a mediado de abril y ponía su proa al rumbo Sur. Su misión era mantenerse fuera del área de exclusión vigilando las intenciones de las fuerzas enemigas.

Aunque era un buque artillado con cañones de 152mm, era un buque que debía tener escoltas. Es así que en la ciudad de Ushuaia se reunió con los destructores ARA “Piedrabuena” y ARA “Bouchard” y el petrolero “Puerto Rosales”. Juntos conformaron el Grupo de Tareas 79.3 y salieron del Canal Beagle para dirigirse al Sudoeste de las islas para monitorear a los británicos.

El Crucero A.R.A "General Belgrano" repostando combustible en Ushuaia. Luego se reuniría con los buques escoltas y conformarían el Grupo de Tareas 79.3 (Archivo).

La presencia del Coloso buque representaba un temor enorme a las fuerzas británicas y a los mandatarios que veían el escenario bélico desde Londres. Es por ello que aun siendo que el convoy iba navegando hacia el Oeste en sentido al continente, desde Londres, Margaret Thatcher, primer ministro de Inglaterra, ordenó al HMS “Cónqueror” seguir al convoy y abrir fuego contra el Crucero Belgrano.

A bordo iban 1093 almas y de ellas, se perdieron 323. Este número representa casi la mitad de bajas durante el conflicto. Órdenes, gritos, corridas de zafarrancho, hierros doblados, calientes, humo y oscuridad, era el escenario que se vivía a bordo de la embarcación. Afuera, la inmensidad del mar, el frio y el viento. Ante esa situación, el Comandante Capitán de Navío Héctor Bonzo, dio la orden de abandonar el buque.

El Comandante, Capitán de Navío Héctor Bonzo, dio la orden más triste que se pueda dar: abandonar el buque.

Las adversidades meteorológicas, sumadas a las psicofísicas del personal, la incertidumbre de los tripulantes dio como resultado enfrentarlos a una prueba durísima: ver como “su casa” se hundía. Esa mole que había sobrevivido al ataque en Pearl Harbour, la Segunda Guerra Mundial y otras acciones bélicas llegaba a su último fondeadero. Allí permanece, a 4200 metros de profundidad, con su dotación de acero, custodiando las aguas nacionales.

Su Comandante iba a inmortalizar una frase que marcaría cada 2 de mayo y en su voz, la voz de todos los marinos que fueron rescatados del naufragio y hoy recuerdan al noble Crucero A.R.A “General Belgrano”. “Una fecha, 2 de mayo, por siempre reencontrará nuestros pensamientos y oraciones. Y al dejar navegar nuestra imaginación, estrechamente juntos, volveremos a surcar el mar en nuestro eterno y querido crucero”.

Testimonio de Elsa, una mujer que tenía un gran vínculo con el Crucero Belgrano

Elsa Moraga dio el testimonio de cómo se vivió la noticia. Ella también es hermana de un Soldado Excombatiente de Malvinas del RI Mec 25 de Sarmiento.Elsa Moraga

“El día que me enteré del hundimiento del Crucero estábamos reunidos en casa de mi hermana”, dijo Elsa, esposa de un suboficial de la Armada destinado en la Base Aeronaval Almirante Zaar, de la ciudad de Trelew, provincia de Chubut. “Escuchando la radio, dijeron que había sido torpedeado y se estaba hundiendo. Yo al pertenecer a la familia naval, automáticamente reaccioné mal, con sorpresa, con nervios y llanto. Dije no podía ser, no lo podía entender”, relató Elsa, y estalló en llanto. Su marido, Elismar Ahumada, había pertenecido a la dotación del Crucero meses atrás, en el año 1981. “Me brotó un llanto espontáneo que, mi familia no podía entender mi estado de ánimo, porque ellos no entendían lo que era pertenecer a una rama militar, la familia naval, porque ellos eran civiles. Agarré a mis hijos y me volví a mi casa, porque no me sentía bien”, relató. “Fue impactante la noticia. En la radio dijeron que en 45 minutos se había hundido”. Elsa y su familia vivían en un barrio militar de esa ciudad patagónica y al llegar vio como el asombro, la tristeza y la incertidumbre llenaba ese lugar. “Desde ese momento esperé, esperé y esperé. Cada día, cada instante escuchaba las noticias, porque ahí tenía a un gran amigo, mi único amigo, al cual esperé su regreso y nunca volvió. Es uno de los desaparecidos del Crucero y se llamaba Carlos Valdés, nunca tuve una amigo como él”, expresó emocionada.

Elsa junto a su marido Elismar a fines de la década del 70. Nunca se imaginaron que Argentina iba a entrar en guerra, menos con una potencia mundial tan grande.Elsa Moraga

Cada 2 de mayo, al igual que muchos argentinos, Elsa va a los actos, pone una bandera en su casa y ora por las almas de los caídos y la vida de sus familias, y por los sobrevivientes del Belgrano. “A medida que pasan los años, cada vez que veo o escucho que fallece un Veterano de Guerra que haya estado en el “Belgrano”, es un día de gran tristeza. A pesar de tantos años, el recuerdo está permanentemente”, expresó. Como había detallado, su marido había formado parte de la dotación del Crucero por 3 años, es por eso que, tenían muchos amigos de años que, desde 1982 zarparon en un buque que nunca volvió y con él, se quedaron muchos marinos.

Carlos Valdés, se desempeñó como Cabo en le departamento Máquinas. Nunca volvió, forma parte de una lista de marinos desaparecidos en el hundimiento.Elsa Moraga