Thitisan Utthanaphon, alias “Joe Ferrari”, era policía en Tailandia y fue condenado a cadena perpetua luego de que torturara hasta la muerte a un sospechoso durante un interrogatorio, en una causa por tráfico de drogas. Sin embargo, lo curioso del caso es que una vez que se hizo público el hecho, se conoció que el nivel de vida que tenía no se correspondía al de alguien con su cargo y sueldo.

No bien el tribunal de Bangkok lo declaró culpable de asesinato por tortura, en las redes comenzaron a circular datos e imágenes de la vida que llevaba el policía.

La lujosa cocina de Joe Ferrari Foto: Bangkok Post

Al momento de registrar su casa, una fastuosa propiedad ubicada en el distrito Klong Sam Wa, Bangkok-, la policía encontró 13 autos de lujo estacionados.

Además, en el lugar encontraron a dos mujeres de Myanmar, quienes aseguraron ser encargadas de la casa, y un guardia de seguridad. Ambas comentaron que “Joe Ferrari” regresaba cada semana de Nakhon Sawan, donde era superintendente de la comisaría de Muang, y pasaba allí los sábados y domingos. También indicaron que “a veces llegaba con su novia, pero mayormente venía solo”.

Se encontraron 13 autos de lujo. Foto: Bangkok Post

El acusado fue destituido como jefe de policía de Muang y despedido de la fuerza este martes, después de que se publicara en Facebook un video que mostraba a un hombre siendo asfixiado con una bolsa de plástico en la cabeza.

El caso de tortura por el que fue condenado

El sospechoso asesinado en agosto de 2021 tenía 24 años, y había sido obligado a entregar US$60.000 para poder salir indemne de dicha situación.

“Los siete policías deben aprender la lección y pagar por su crimen”, dijo Jakkrit Klandi, el padre de la víctima.

La piscina en la mansión del agente. Foto: Bangkok Post

Luego de que se conociera lo sucedido, el tribunal provincial de Nakhon Sawan aprobó órdenes de arresto para Thitisan y seis subordinados. Luego del juicio, cinco de esos seis también fueron condenados a cadena perpetua. El restante recibió una pena de cinco años y cuatro meses de prisión.

El juez del tribunal encargado de casos de corrupción y mala conducta condenó a muerte al policía de 41 años, pero la conmutó inmediatamente por cadena perpetua porque el acusado había intentado reanimar a su víctima y había pagado los gastos de su funeral.