Marine inglés devuelve el casco a un soldado argentino, prisionero en Malvinas

por Silvia Brandariz

En 1982 y con 18 años cada uno, Héctor Pereyra y Andy Damstag tuvieron una historia en común, pero con un resultado muy distinto.

El primero de ellos, un cabo del ejército argentino, estuvo preso y tuvo que entregar su casco. El segundo, de origen inglés, le prestó el suyo en medio de los bombardeos.

Sobre el final de la guerra el soldado argentino pudo devolver el casco inglés, pero eso no pasó con el casco argentino. Se necesitaron 37 años para que la historia tenga un cierre feliz, y la amistad selle un capítulo amargo de Malvinas.

Todo comenzó el 11 de junio de 1982, cuando el fuego británico inundaba la ladera del Monte Harriet, defendido por 390 hombres, la mayoría del Regimiento de Infantería 4. El enemigo superaba a su adversario cuatro a uno.

Marine inglés devuelve el casco del Principal Enfermero Héctor Pereyra

Sobre una de las rocas estaba el cabo enfermero Héctor Pereyra, de 18 años, que venía de la Escuela de Suboficiales General Lemos donde estudiaba. Una vez conocida la recuperación de las islas, el 2 de abril de 1982, le dieron las jinetas de cabo y lo asignaron a la Compañía Comando y Servicio perteneciente a la III Brigada de Infantería.

Los incesantes bombardeos del 1 de mayo lo obligaron a hacerse cargo de una terrible realidad: había que asistir a compañeros heridos.

Hoy vive en Gualeguaychú, y recuerda aquellos días: “el 11 de mayo dividieron a la compañía en dos: una parte iría a Puerto Howard y la otra a Monte Kent“.

Las batallas ya eran cruentas, y luego de la caída de Pradera del Ganso, Pereyra revela que “quedamos un poco solos, ya que todos se replegaban en dirección a Puerto Argentino. Nosotros lo hicimos hacia Monte Harriet”.

Andy con el casco de Héctor.

“Encontramos una feroz resistencia de las posiciones argentinas; sus ametralladoras de 50 mm no dejaban de disparar con mucha puntería. Nuestro avance se vio obstaculizado aún más por el fuego de armas de menor calibre”, relata desde su casa en Bolton, Reino Unido.

Damstag, que actualmente vive en Bolton, Reino Unido, se había enlistado al término de sus estudios secundarios. Fue a la guerra como uno de los miembros del equipo de armas anti tanque en la Compañía Lima de los 42º Commando de los Royals Marines.

Damstag junto a Adriám Venis y el capitán Moretto, funcionarios de la embajada argentina en Londres, el día que entregó el casco.

Muy pronto, las secciones de avanzada británicas se encontraban inmovilizadas a pocos metros de las trincheras argentinas. Damstag remarca que “estábamos lo suficientemente cerca como para que ambos bandos pudiésemos lanzar granadas”.

Los británicos, para neutralizar a los argentinos, decidieron disparar un proyectil anti tanque contra las trincheras que estaban a 30 metros.

Un explosivo cayó donde estaba Pereyra junto al cabo Carlos López. Pereyra fue gravemente herido y en ese momento los argentinos iniciaron el repliegue sin notar que dejaban a dos cabos heridos. Fue el soldado Clemente Bravo que en medio del fuego enemigo, volvió por Pereyra pero ya era demasiado tarde, los ingleses estaban sobre ellos.

El inglés dio su versión: “vi por el rabillo del ojo a dos soldados argentinos desplomados contra la pared de la trinchera a solo un metro de distancia con las manos en alto. Tomé mi fusil y me lancé al suelo, apunté con mi arma hacia ellos, con el dedo en el gatillo y comencé a gritarles que no se movieran”.

“Después de un par de minutos de un completo pandemonio, recuperamos el control de nosotros mismos y avanzamos para buscar a los dos soldados; descubrimos que ambos estaban heridos, llamamos al médico que vino rápidamente”.

Como se seguía combatiendo y continuaba disparando la artillería argentina, el propio Damstag arrastró a Pereyra hasta detrás de una roca grande y le dio su casco.

Héctor junto a su familia en Gualeguaychú

“Con mucho esfuerzo, comenzamos a hablar –cuenta hoy Andy-. Dialogamos sobre la guerra, de fútbol y la familia, mientras fumábamos e intercambiábamos dulces por cigarrillos y compartíamos agua de nuestras cantimploras”.

Como recuerdo, el inglés tomó el casco del argentino y lo enganchó en su correaje.

Dos horas más tarde, el combate había finalizado y los ingleses bajaban de la cima del cerro con más argentinos prisioneros. Se improvisaron camillas y en una colocaron a Pereyra quien, antes que se lo llevaran, se quitó el casco y se lo devolvió a su dueño. Damstag acotó que “cuando nos despedimos, nos dimos la mano, fue un momento emocionante”.

Pereyra fue trasladado a un hospital de campaña en Fitz Roy y de ahí a Darwin, donde le extrajeron una esquirla. Finalmente, en el buque Uganda lo operaron de la doble fractura. Junto con otros 200 heridos, fue trasbordado al Bahía Paraíso.

Hace un par de años se retiró como Suboficial Principal Enfermero.

En la noche del domingo 1 de septiembre pasado recibió el siguiente Whatsapp: “Hola, Héctor, mi nombre es Andy cuando era un joven Royal Marine, te conocí a ti y a tu amigo durante la batalla del Monte Harriet en las Malvinas, si recuerdas, intercambiamos cascos (porque quería un recuerdo de nuestra reunión) cuando vinieron a despegar la montaña, me devolviste el casco, ahora me gustaría devolverte el casco. Un amigo mío dice que son valiosos para los coleccionistas, pero te lo presté hace treinta y siete años. Así que ahora quiero que lo recuperes”.

El mensaje estaba acompañado con la fotografía del casco.

Su respuesta no se hizo esperar: “gracias por contactarme, amigo. Estoy muy feliz de verte lucir bien, han pasado más de treinta y siete años desde la última vez que nos vimos y me alegra poder hablar como amigos (a pesar de que hablamos diferentes idiomas), por favor manténgase en contacto, así puede devolverme el casco que me dejaste la primera noche que nos conocimos… es increíble verte y hablar contigo”.

“Bendito sea Dios que me permitió encontrarte y tenerte como amigo. Serviste bien a tu país y ahora merecés una vida pacífica”, cerró Andy. Y las lágrimas brotaron de los dos antiguos veteranos de guerra.

Damstag le confesó a Infobae: “durante años me pregunté que habrá sido de aquel joven soldado, si había sobrevivido, si tenía familia, qué había sido de su vida… y un montón de interrogantes que creía nunca tendría respuestas”.

Finalmente, el día llegó y Damstag, acompañado por su esposa Liz, concurrió a la embajada argentina en Londres. “Fui atendido por Adrián Vernis y el capitán Moretto y en un sencillo acto devolví el casco. Fue un momento emocionante”, recordó.

Ante la sorpresa de todos los presentes, confesó que “cuando llegó el momento de irme, besé el casco por última vez porque sabía que era la última vez que lo vería, lo había atesorado durante treinta y siete años, pero ahora finalmente se iba a casa”.

Faltan pocos días para que el casco esté en poder de Héctor que ya piensa en colocarlo en una vitrina de vidrio junto a su su chapa de identificación, para que todos puedan apreciarlo: “La guerra fue horrible, pero es bueno que se conozcan estas cosas”.